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Algunos discos de 2021 que merecen la pena

Un año intenso en el que la música en directo ha podido tomar algo de aire, insuficiente aún, y la grabada no deja de cosechar buenas referencias

Verde Prato por Maria Muriedas.
Verde Prato por Maria Muriedas.

Es de recibo hacer un repaso en estas fechas en relación al material discográfico publicado a lo largo del año. Un año intenso, la pandemia continúa marcando agendas, en el que la música en directo ha podido tomar algo de aire, insuficiente aún, y la grabada no deja de cosechar buenas referencias. 

Un año en el que grupos muy populares como Vetusta Morla, Love of Lesbian o Izal han publicado nuevos álbumes y artistas como C. Tangana y Rigoberta Bandini han obtenido un amplio reconocimiento, esta selección de quince títulos pretende aportar nombres menos previsibles. 

Cinco publicaciones de artistas vascos que merecen la pena.

  • Kondaira Eder Hura” de Verde Prato. La tolosarra Ana Arsuaga apuesta por recuperar la tradición oral vasca generando un encuentro entre lo tradicional y lo actual. Siete canciones, siete cantos (euskera y castellano), que conforman una historia contada a través de los diferentes miembros de una misma familia. 

  • Pasadena” de Pasadena. El nuevo proyecto de los músicos Libe García de Cortazar y Jon Basaguren presenta una colección de canciones que se agarran a la mejor tradición americana de folk-rock. Ambas voces conviven brillantemente con guitarras afiladas que definen la tarjeta de presentación de Pasadena. 

  • Ilun eta Abar” de Idoia. Apenas veintiún años asisten a Idoia Asurmendi. Su primer disco, brillante y optimista, vio la luz la pasada primavera. Sin tener aún canciones grabadas ya destacó actuando en directo el pasado año. Una de las jóvenes artistas más destacadas de la escena vasca actual. Sonido clásico atemporal con todo el futuro por delante. 

  • Ningún Ser” de Omago. Trío formado a mediados de 2018 por tres miembros del finiquitado grupo The Great Barrier. Omago entra bien, es pop-rock y folk con voz principal femenina, letras en castellano y euskera. Nacho Vegas, compañero de discográfica, participa en uno de los temas que forman su primer largo. 

  • Amak” de Amak. laitz Telletxea (Alaitz eta Maider), Maixa Lizarribar (Maixa ta Ixiar), Amaia Oreja y Kristina Solano, ambas en M-n Ezten, forman Amak. Amatxus además de músicas, veteranas trikitilaris que cantan a cuatro voces en este precioso debut publicado bajo el mismo nombre de la formación. Una delicia para escuchar en familia.  

Cinco publicaciones de artistas estatales que merecen la pena.

  • Blurry Times” de Wide Valley. El proyecto que lidera el compositor Juanjo González se presenta como un heredero del mejor post-folk norteamericano. Su disco debut es sin duda uno de los trabajos más brillantes de todo el panorama estatal. Ecos de Bon Iver, The War on Drugs y aquellos Wilco de primeros de siglo, dan forma a un álbum redondo. 

  • Asumiré la Muerte de Mufasa” de Niña Polaca. La joven formación madrileña firma un notable segundo disco donde el pop de guitarras es protagonista, descarado y muy pegadizo. La escena madrileña lleva unos años dando buenos frutos (Carolina Durante, Ginebras…) en lo que a respuesta a la música urbana se refiere. 

  • El Apego” de Julio de la Rosa. 49 minutos de emoción en un solo corte que el destacado compositor gaditano dedica a su hija. De la Rosa juega en otra liga, su sensibilidad es muy especial y así lo ha demostrado en muchas ocasiones anteriormente. Hace falta tener una personalidad al alcance de muy pocos para firmar esta maravilla.  

  • Kokoshca” de Kokoshca. El séptimo largo de los navarros es uno de sus tres mejores trabajos hasta el momento. Amaia e Iñaki llevaban tiempo rozando el premio, sus composiciones brillan y destacan dentro de las propuestas de pop en castellano. Su dedicación e insistencia por crear temas sobresalientes les termina por retornar el reconocimiento general que merecen. 

  • El Descenso” de Caliza. Elisa Pérez presenta su disco más conceptual en este 2021 marcado por la pandemia. Una serie de hechos importantes como la pérdida de su hermano y los efectos del cambio climático confluyen en este álbum autoeditado. Activismo, descenso y nostalgia por los tiempos pasados. Tecno pop, 80s y ritmos bailables. 

Cinco publicaciones de artistas internacionales que merecen la pena. 

  • From Dreams to Dust” de The Felice Brothers. Apuntaba recientemente un veterano periodista musical que The Felice Brothers simbolizan mejor que ninguna otra banda el espíritu de The Band. Muy posiblemente, esté en lo cierto. A lo largo de los últimos quince años, los neoyorquinos han demostrado su talento facturando melodías mágicas de country-rock. Este nuevo disco es altamente adictivo. 

  • Back to the Middle” de Bryan Estepa. Partiendo de la base de que Estepa es debilidad para quien firma este texto, las seis nuevas canciones del músico australiano no dejan de sonar absolutamente fantásticas. Entre las numerosas propuestas de folk-rock que no dejan de mirar a The Beatles, con las melodías y armonías más cuidadas, la historia de Bryan debería destacar siempre. A pesar de lo que digan los mercados. 

  • Sometimes I Might Be Introvert” de Little Simz. Más conocida como Simbi, la rapera británica firma un disco que hará las delicias de quienes disfrutan con Lauryn Hill, Kanye West, Dave o SAULT. Tal vez la única pega del disco sea su duración, diecinueve temas resultan demasiados. La prensa internacional ha destacado ampliamente este trabajo, con lo que probablemente tendrá presencia en muchas de las listas de lo mejor del año.  

  • Collapsed in Sunbeams” de Arlo Parks. La próspera escena londinense luce con fuerza en los últimos años gracias a trabajos como el de la joven Arlo Parks. Ganadora del Premio Mercury al álbum británico más destacado de este año, la cantautora encarna con poderío el talento de una nueva generación que sabe mirar a clásicos como Otis Reading o Joni Mitchell, y fusiona con amplia solvencia el pop más actual con el mejor soul. 
  • Golden Doubt” de Quivers. Una de esas joyas que probablemente sólo descubrirán unos pocos. Segundo trabajo del cuarteto australiano tras cinco años sin publicar. Jangle-pop que hará las delicias de los amantes del género; un disco que apunta a la celebración de todo lo bueno que vivimos y que deberíamos disfrutar, ya que puede durar poco. Si fuiste indie de verdad en los noventa, dale una escucha a este disco. 

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