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"Para un director trabajar con grandes orquestas como invitado supone disponer de mayor libertad"

Iker Sánchez dirige la BilbaoSinfonietta, un proyecto que pretende “habitar el espacio que no suelen ocupar las orquestas institucionales, a través de repertorios, músicos y autores diferentes”

IKER SÁNCHEZ SILVA, director de orquesta. / CV
IKER SÁNCHEZ SILVA, director de orquesta. / CV

Son fechas complicadas para realizar encuentros físicos, así que queda pendiente una conversación relajada en alguna cafetería de nuestra Vitoria-Gasteiz. 

Iker Sánchez (Irún, 1976) es uno de los directores de orquesta vascos más destacados. Apasionado del jazz, su inquietud por seguir evolucionando y descubriendo la música clásica, le convierten en un artista ambicioso y altamente motivado por su profesión. 

Dirige BilbaoSinfonietta, un proyecto que pretende “habitar el espacio que no suelen ocupar las orquestas institucionales, a través de repertorios, músicos y autores diferentes”. 

El próximo día 29 de diciembre, en la Sociedad Filarmónica de Bilbao, tendrá lugar el Concierto Solidario Falla 1915. Una cita donde se presentará en exclusiva una nueva versión de El Amor brujo que da especial relevancia al cante flamenco y se completa con la adaptación para pequeña orquesta de las Siete canciones populares españolas, a cargo de nuestro compositor residente Francisco Domínguez. 

Dicha obra —escrita en 1914 para piano y voz— cobra vida más de un siglo después en un formato sin apenas precedentes, gracias a la colaboración de la cantaora María Toledo, uno de los nombres propios más relevantes de la escena flamenca y sinfónica contemporánea, y de Conrado Moya, uno de los mejores intérpretes de marimba actuales.

La recaudación del concierto será en beneficio de las personas afectadas por el volcán de la isla de La Palma.

¿Cuándo empezó tu relación con la música clásica? ¿En qué momento tuviste claro que querías ser director de orquesta? ¿Fue entonces cuando entraste en Musikene? 

Con apenas cinco o seis años comencé a cantar en la escolanía del Coro Ametsa de Irún, y en el Conservatorio escogí la trompeta, instrumento que me acompañó en mis estudios de música en San Sebastian, Burdeos y Munich. Al regresar de Alemania comencé a tocar jazz, pero poco después me diagnosticaron distonía focal y tras un proceso bastante doloroso y frustrante me vi obligado a abandonar el instrumento. Fue entonces cuando entré en Musikene para estudiar dirección de orquesta, una oportunidad para seguir vinculado con la música, aunque finalmente solo cursé dos de los cinco años: en 2006 gané la plaza de director asistente en la Sinfónica de Bilbao y decidí emprender un camino profesional que me ha llevado hasta hoy.

Te instalas en Vitoria a mediados de los noventa ¿Con qué objetivo y cuál es el recorrido que has realizado desde entonces? 

En 1996 obtuve la plaza de profesor de trompeta en Vitoria-Gasteiz, y desde entonces aquí ha estado mi “campo base”, salvo ocasionales residencias en Bilbao, Granada o por ejemplo Berlín, donde además de dirigir varias orquestas tuve la suerte de poder escuchar regularmente ensayos de Daniel Barenboim.
Tu debut como director llega en 2007 junto a la Sinfónica de Euskadi. ¿Cómo recuerdas aquel momento?

Con muchísima ilusión… ¡Aún era un estudiante cuando Íñigo Alberdi me dio está increíble  oportunidad, que a posteriori me abriría las puertas de otras orquestas importantes: Bilbao, Tenerife, Bayona, Oporto, Barcelona, Asturias y, ya más recientemente, Montenegro.

¿Cómo es el día a día a nivel de trabajo de un director con inquietud como tú? 

Invierto mucho tiempo en todo lo que concierne a la gestión y la comunicación: reuniones, estrategia y planificación artística… Y luego está por supuesto el tiempo de estudio, un aspecto que exige rigor y una gran previsión a largo plazo. Las partituras requieren semanas de trabajo intenso, y en especial los proyectos de música contemporánea y óperas; a menudo son estrenos de los que no tienes referencias previas, y debes empaparte del lenguaje del compositor. Además de todo esto intento dedicar tiempo a escuchar grabaciones, acudir a conciertos en vivo, seguir en contacto con los colegas del oficio...

Has trabajado y colaborado con orquestas de muchos lugares. ¿Qué dirías que es lo menos agradable de no estar atado a una única orquesta? 

La titularidad en una orquesta institucional te permite gozar de mayor estabilidad profesional, crecer con un proyecto a largo plazo, y aportar ideas que vayan en conexión con sociedad con la que convive esa orquesta. Es un lujo y una aspiración para cualquier director, aunque también es cierto que algunos prefieren trabajar con grandes orquestas como invitados, para disponer de mayor libertad de movimiento.

Ahora mismo estoy enfocado principalmente en la dirección artística de BilbaoSinfonietta. Es una agrupación más pequeña, independiente, y tenemos que trabajar duro para crear y hacer viables nuestros proyectos: una labor intensa que exige dedicación diaria, pero muy agradecida a la vez.

Tus aspiraciones como director. Recuerdo que estando en Berlín asistías a los ensayos de la Ópera berlinesa. ¿Es la Ópera uno de tus grandes objetivos?

Dirigir ópera es un oficio en sí. Hace ya bastantes años que trabajo dos o tres producciones de ópera por temporada y este oportunidad y aprendizaje me ha llevado conocer el repertorio y las bases para seguir en este apasionante mundo. Desde hace varios años soy director musical de la compañía de ópera Opus Lírica —con la que en febrero dirigiré Pagliacci de R. Leoncavallo en el Kursaal de Donostia—, y con BilbaoSinfonietta este mismo año hicimos Los Siete Pecados Capitales de Kurt Weill / Bertolt Brecht en el Teatro Arriaga, además de estrenar un ciclo de óperas en formato reducido con la soprano Jone Martínez como solista, ambas con el euskera y la mujer como motivos principales: Bigarren Sexua de Asier Lopez Iraola y Arrosa Xuriaren Artean, de Fran Domínguez.

Cada vez me atrae más trabajar con voces: es un trabajo arduo, divertido y muy diferente a la dirección sinfónica. La voz es un instrumento delicado que debes mimar y arropar, además de hacer de intermediario con el director de escena… cada proyecto es un reto y un gran puzzle que se completa en equipo. Ser parte de ese equipo me hace sentir cómodo, y cuando todas las partes logran encajar el resultado es sumamente poderoso.

Háblanos un poco del proyecto Bilbao Sinfonietta del que eres fundador.

Nació hace seis años junto a Javier Roldán y ha ido adquiriendo unas dimensiones imprevistas. El objetivo de BilbaoSinfonietta es habitar el espacio que no suelen ocupar las orquestas institucionales, a través de repertorios, músicos y autores diferentes, para generar así nuevos espacios y audiencias. Además del estreno del disco Falla 1915 y de los proyectos que antes mencionaba, en enero comenzaremos la grabación de Bigarren Sexua para el sello Sinkro, y en abril estaremos en la ABAO de Bilbao con la ópera Alzira de Verdi. Una agenda intensa que requiere de un equipo bien engrasado, donde contamos con Sandra Ibarretxe y David Gotxikoa colaborando activamente en todo lo referente a la producción y comunicación.

¿Por qué es especial el concierto del día 29? "Falla 1915" es una grabación que presentáis en directo por primera vez. ¿Por qué elegisteis a Manuel de Falla cuando en 2019 empezasteis a trabajar sobre su obra?

Para Javier Roldán y para mí era una aspiración personal con la que habíamos fantaseado muchas veces, así que cuando hace dos años el Teatro Arriaga nos propuso llevar a escena El Amor Brujo, aprovechamos el impulso para proyectar este disco y completar el proyecto con una orquestación muy personal de las Siete Canciones Populares Españolas, que encargamos a nuestro compositor residente Fran Domínguez. Tanto la discográfica como la orquesta estamos encantados con el resultado, y esperamos que quien lo escuche sienta algo parecido.

Creemos que el estreno en un espacio tan emblemático como la Sociedad Filarmónica de Bilbao, y el carácter solidario del evento —la recaudación irá en beneficio de los damnificados por el volcán de la Palma— hacen de este concierto algo realmente especial que nadie debería perderse.

El papel de María Toledo (cantaora) y Conrado Moya (marimba) en este concierto.

María ha interpretado El Amor Brujo en numerosas ocasiones tanto dentro como fuera del estado: domina el alma de esta obra y es una de las voces flamencas más importantes de la actualidad, así que es un lujo contar con su participación. Conrado Moya es uno de los intérpretes de marimba más potentes de la escena internacional, y participará en el estreno de Visit Spain!, obra de José Luis Greco que por su color y temática nos pareció ideal para completar el programa de este concierto solidario. Es un trabajo de una gran riqueza rítmica, con un sabor algo jazzístico que seguro va a resultar muy atractivo y dinámico para el espectador.

 

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