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Qué es la cultura colaborativa y qué soluciones puede aportar a los problemas de Euskadi

La industria cultural genera un mercado que no parece dispuesto a parar, reflexionar y replantear el sistema

Cultura en Euskadi. / EP
Cultura en Euskadi. / EP

Recientemente, en un artículo publicado en The Huffington Post, la historiadora del arte y gestora cultural Jazmín Beirak escribió: “Hay personas que imaginan la cultura como algo separado del resto de las esferas de la vida, en muchos casos como un complemento ornamental, pero la cultura no es un compartimento estanco, por el contrario, está íntima e indisociablemente entrelazada con el resto de los ámbitos de nuestra vida”. 

Partiendo de esta base, el sector cultural se encuentra en constante defensa del valor que aporta a la sociedad. En constante búsqueda de un equilibrio que no llega, incluso en continúa reinvención. 

No dejan de surgir herramientas y plataformas que abogan por crear red entre los muchos agentes, por aportar visibilidad y generar ecosistema.Es el caso de Kultursistema (promovida por la alavesa Conexiones Improbables) que sirven para registrar a los muchos agentes y organizaciones culturales existentes tanto en Euskadi como en otros territorios. 

Un cambio de paradigma requiere una profunda reflexión, una voluntad colectiva, no es suficiente con activar herramientas válidas a un sector marcado y maleado. 

 

Hacia dónde debe mirar la cultura. Qué hoja de ruta debe seguir la cultura en esta década. ¿Es posible un escenario más sostenible, equilibrado y justo con las y los trabajadores del sector cultural? ¿Es posible un cambio de paradigma?

 

Ricardo Antón, miembro de Colaborabora, apunta una reflexión muy acertada:  

“Hemos sido educadas en claves individualistas y competitivas y en ámbitos artísticos a esto se suma el peso del concepto de autoría, de genio o de carrera personal. El modelo neoliberal refuerza todo esto a través de una atomización social, de la ruptura de vínculos, para que estemos separadas. Haciendo un símil informático, digamos que socialmente tenemos instalado un sistema operativo privativo, cerrado, individualista y tenemos que formatearnos para instalar un sistema libre, abierto y colaborativo; y eso precisa de un cambio cultural que propicie un deseo de cambio que sea mayor que el esfuerzo que implica cambiar: aprender nuevas rutinas, comportamientos, formas de relacionarnos, etc”. 

La industria cultural genera un mercado que no parece dispuesto a parar, reflexionar y replantear el sistema. 

Ezmugak (Irún) es una pequeña productora que apuesta por lo colaborativo y por explorar vías rentables para distribuir las obras culturales, más allá del circuito cultural subvencionado. “La cultura ha de ser protegida, debe haber leyes que garanticen el acceso (la red de bibliotecas, casas de cultura, festivales…) y creo que la cultura y la creación pueden ser un activo también en otros sectores y para otros sectores” sostiene el gestor Carlos Sánchez.  

Desde la lógica de la rentabilidad de mercado, la cultura es considerada deficitaria en muchas ocasiones. En el camino por presentar un nuevo escenario se antoja esencial considerar prioritarios otros aspectos que no sean los puramente económicos. “Tenemos que problematizar la idea de rentabilidad (económica) para pensar en sostenibilidad, viabilidad, utilidad o generación de valor, que puede estar ligado a lo social, a lo ambiental, a la salud, a la generación de una vida buena. Tenemos que volver a situar la cultura en el ámbito de los derechos, del derecho al acceso, a la producción, al disfrute de la cultura, como algo que nos enriquece sobre todo emocional, intelectual, vitalmente” defiende Antón. 

 

“Para colaborar realmente creo que hay que ser transparente, huir de los intereses espurios, desnudarse de alguna manera”

 

Actualmente, otra situación que se produce en el sector y que perjudica a miles de pequeños agentes es la existencia de grandes empresas que terminan por fagocitar al resto y acaparar el mercado. En este punto resulta importante señalar la forma de operar de algunas grandes: operar con una lógica depredadora en lugar de generativa, priorizar el crecimiento individual competitivo frente al colectivo y cooperativo. 

Establecer una hoja de ruta para definir una alternativa al sector actual debería formar parte de tanto de la agenda política como de la propia que posee cada organización. 

Ricardo Antón es miembro de colectivos como Karraskan o Wikitoki, donde llevan años trabajando en ofrecer una vía diferente, una alternativa apoyada en la labor colaborativa.  

“Destinar tiempo y recursos a abordar colectivamente retos comunes como la precarización, la incidencia social e institucional de la cultura, el reconocimiento de la cultura como factor de innovación y transformación. Seguidamente, acercarnos y formar parte de otros ámbitos de lógica transformadora, para retroalimentarnos mutuamente, como la economía social y solidaria, la innovación ciudadana, los feminismos, la ecología, las tecnologías libres…”

En este 2021, el sector está intentando recuperarse de la crisis pandémica. No serán pocos los agentes pequeños que no podrán recuperar su actividad, la desigualdad es más clara que nunca. El nuevo año se vislumbra en positivo, tal vez es más un deseo que una realidad, pero por parte de la cultura no quedará. 

A nivel político y estatal reseñar que el pasado mes de julio se publicó el Real Decreto por el que se crea y regula la Comisión Interministerial para el desarrollo del Estatuto del Artista. A finales de septiembre, el Ministerio de Cultura anunció que la Comisión Interministerial para el Estatuto del Artista avanza en la dotación de un marco jurídico estable para el sector. 

Avances escasos, posiblemente tardíos. 

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