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José Sanclemente: "Se habló de regeneración política, pero el cambio nunca llegó a producirse"

El economista, experto en medios de comunicación y escritor afincado en Barcelona profundiza en su cuarta novela negra en las cloacas del poder y su estrecha relación con el periodismo

El economista, experto en medios de comunicacion y escritor José Sanclemente. ROCA EDITORIAL
El economista, experto en medios de comunicacion y escritor José Sanclemente. ROCA EDITORIAL

En la obra literaria de José Sanclemente se dan paralelismos constantes entre la trama ficticia y la realidad. Hasta el punto de que en la entrevista uno es incapaz de hablar en exclusiva de sus libros sin hacer referencia a todo aquello que ocurre de verdad en el país. Su cuarta novela negra, 'Regeneración' (Roca Editorial), es un thriller sobre las cloacas del poder y el periodismo. El policía Julián Ortega y la periodista Leire Castelló protagonizan, de nuevo, esta novela de intriga de lectura tensa y adictiva. El presidente de la Sareb, el banco malo, ha aparecido degollado en sus lujosas oficinas y su asesinato podría salpicar a empresarios y políticos. Pero la turbia maquinaria del poder se pondrá en marcha para acallar rumores y extender la confusión entre la opinión pública a través de los medios de comunicación.

En su primera novela hablaba usted de la decadencia de los medios de comunicación y el 15-M. Ahora, en ‘Regeneración’, sitúa la trama del thriller antes del fin del bipartidismo. ¿Qué material sociopolítico le atrae de aquellos años?

El 15-M fue el movimiento de protesta más importante después de la crisis. Me atrae sobre todo un lema que surgió: ‘no nos representáis’. Estaba dirigido sobre todo a los estamentos políticos, a las instituciones, pero también se lo decían a los medios de comunicación cuando se acercaban por allí. A muchos periodistas les decían: ‘no nos representáis’. Porque estaban en connivencia con el poder, que recortaba nuestros derechos económicos y sociales durante la crisis.

En esos días convulsos los políticos hablaban precisamente de regeneración, de cambios…

Sí, la novela se sitúa en los meses previos a unas elecciones en las que el bipartidismo podía acabar. De alguna manera, los políticos y las instituciones contestaban con la palabra ‘regeneración’. No había partido político en aquella época que no hablara de ‘regeneración’, de efectuar un cambio para volver a entusiasmar a la gente, que solo podía optar por el bipartidismo. Pero ese cambio no se ha producido.

No hubo regeneración…

Se decía con la boca pequeña por parte de las instituciones y de los partidos, pero no se produce. De hecho se dio paso a una ‘ley mordaza’ que fue más dura con los derechos de manifestación, escraches, protestas delante del Parlamento, en fin… Si lo miras hasta nuestros días, el cambio no se ha producido. No ha habido regeneración en la Monarquía, no ha habido una regeneración tampoco en la Justicia, donde no se consigue nombrar un nuevo Consejo General del Poder Judicial… Al final ha habido gente que incluso ha tenido que irse a pedir la justicia en otros países, como el caso de artistas y raperos, porque ha habido problemas con la libertad de expresión.

En 2015 no había partido político que no hablara de 'regeneración', de realizar un cambio para volver a entusiasmar a la gente, pero ese cambio no se ha producido

De ahí que arranque su novela con la conocida cita de ‘El Gatopardo’: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”

Así es. Era un cambio en apariencia. La novela también recoge cómo malvive un periodismo en crisis, alejado de sus lectores, con nuevos medios que surgen a raíz de esa época, con el cierre de algún periódico, y medios que son honestos, que intentan ser independientes y alejarse de ese periodismo más dependiente del poder. Esas contradicciones que se producen en el mundo de la prensa, alineada muchas veces con el poder económico y financiero, y también con los intereses de algunos políticos. Es la base de esta novela negra. Todo este contexto empeoró porque al sistema no le interesa el cambio.

Puso a trabajar a los fontaneros de las cloacas…

Me he centrado en las cloacas porque han formado parte del sistema, gobierne quien gobierne. Pero ahora se ha abierto alguna alcantarilla y se ha empezado a ver lo que hay allí. También las cloacas están en el periodismo y en la policía, por descontado. De una manera ágil y con mucho diálogo, lo he intentado contar en la novela. Forma parte del sistema, pero también está dentro del periodismo. Y además intentan influir desvirtuando la realidad. Lo que hemos visto es el interés del poder para deformar la realidad, para que llegue de una manera desvirtuada a la gente.

Para que nada cambie…

Ese miedo del que hablábamos antes al cambio, no solo por parte del sistema, es algo que por lo general llevamos todos muy arraigado. Pensamos que ese cambio nos lleva tal vez a un caos, a una situación de revolución… Y no nos damos cuenta de que si dejamos las cosas como están, eso no tendrá ningún tipo de solución. Ni se solucionará la Justicia, ni se solucionará la jefatura del Estado y la Monarquía, no se solucionará el tema de la vivienda, ni tantas ni tantas cosas. No se produce esa regeneración que permita a la gente recuperar la confianza en las instituciones. Es preferible que todo siga como está.

Lo que hemos visto es el interés del poder para deformar la realidad, para que llegue de una manera desvirtuada a la gente

Es algo que se ve en su novela y también en la vida real.

El último ejemplo es el juicio a Bárcenas de la semana que viene. Un partido político que durante 30 años se ha financiado de manera absolutamente irregular en connivencia con las empresas a las que ha adjudicado concursos, que no está dispuesta a una regeneración. Lo que hace es decir que eso forma parte de su pasado. Quiere correr una cortina de humo diciendo que eso es de unas personas que ya no están… Sin embargo, no se dan cuenta de que el partido es el que queda afectado. Sería más lógico que abrieran las puertas de par en par y que supiéramos que ese partido no se sigue financiando de la manera en la que lo ha hecho desde su nacimiento.

El bipartidismo nunca se fue del todo…

Claro. En la novela, cuando se dan cuenta de que se puede acabar el bipartidismo, los dos grandes partidos se poden de acuerdo para no hacerse daño, porque si los que vienen nos destronan, estamos perdidos y perdemos todo lo que hemos construido. De alguna manera, eso sigue en vigor. Yo creo que por mucho que se peleen y se produzcan encontronazos, con las cosas de comer no van a jugar.

Le he oído decir en alguna entrevista anterior que la sociedad española ha dejado de escandalizarse y se ha inmunizado ante los abusos de poder. ¿Qué peligros entraña esta inmunización?

Que no seamos conscientes de lo que realmente es relevante. El peligro que entraña es que pensemos que todo esto forma parte del paisaje, que todo el mundo es igual de corrupto, y en ese caladero de informaciones es en el que se mueve la extrema derecha. Corremos el riesgo de que la sociedad democrática pierda su valor y acabe en manos de gente que no lo es. En manos de gente que es xenófoba, que es antidemocrática, gente que dice que todo está corrompido y podrido y que son ellos los que vienen a salvar el mundo. Y hay gente que se apunta a eso. Forma parte del paisaje informativo diario y eso es un problema. Ahora oímos el número de muertos por la pandemia y ya no nos escandalizamos si son 400, o 300, o qué bien si bajamos de una determinada cifra… Nos inmunizamos contra eso de la misma manera de la que nos inmunizamos con los escándalos de corrupción. Ya pasamos un poco de ellos.

¿Y qué papel juegan y deberían jugar los medios de comunicación para que esto no ocurra?

Los medios pasan desde hace años por una gran crisis. El problema, que también se suele banalizar, es el de su independencia. Es muy importante que un medio de comunicación sea independiente. Que su cultura sea la de no casarse con el poder económico, político, financiero, o que sus propios accionistas no tengan esos intereses, para que los periodistas sean libres para contar la verdad. Eso tiene un coste tremendo, pero es la única manera de que los medios puedan sobrevivir. Si no eres independiente, arruinarás a tu medio y acabará desapareciendo. Porque no será de interés para el lector y esa credibilidad jamás se recuperará.

La sociedad se ha inmunizado ante los abusos del poder, y en ese caladero es en el que se mueve la extrema derecha

La independencia es muy costosa porque debes ganarte la credibilidad de tus lectores para que paguen por el periodismo. Y no están acostumbrados a hacerlo. Pero tienes que hacer una cultura empresarial que tenga unos principios básicos de independencia para recobrar esa credibilidad. Que el lector pague por un medio que le está sacando de las fake news, que le está contando la verdad, que es valiente porque no tiene ningún compromiso con el que casarse. No hay otra manera.

No parece que muchos medios de comunicación sigan esa senda ahora mismo…

Lo que se ha hecho en muchos medios de comunicación es lo contrario: desactivar el periodismo, recortar las redacciones, dar menos recursos a los periodistas para que haga su trabajo en investigación. A veces ni siquiera para que investiguen; no pueden contrastar las fuentes como sería necesario, y delante de las fake news y de las redes sociales, pues evidentemente el periodismo cobra más valor que nunca, pero si no le das los medios adecuados acabarán ganando las fake news.

Con el poder adentrándose en los propios medios de comunicación.

Sí, cuando entran las verdaderas cloacas en los medios, éstos se convierten en máquinas de fake news. Cuántas instituciones o gobiernos autónomos compran los contenidos de los medios de comunicación a través de subvenciones que no son transparentes… La transparencia es vital para el medio, pero también para las instituciones, porque se están financiando medios por intereses partidistas. O cómo tratan de meter mano en las televisiones autonómicas o TVE, es tremendo, esto daría para otro proyecto literario…

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