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Maite Ruiz de Austri: “Es complicadísimo hacer cine en este país sin ayudas”

La directora alavesa Maite Ruiz de Austri destaca que “el confinamiento y la Covid han venido a dar la puntilla al sector de la exhibición” y apunta a la “financiación y la proyección internacional” como puntos positivos de las plataformas digitales

Maite Ruiz de Austri/ CV
Maite Ruiz de Austri/ CV

Hablar con Maite Ruiz de Austri y hablar de la industria audiovisual es un placer. La conoce, ha tocado muchos palos y tiene trayectoria, visión y análisis. Sus dos Goyas (Qué vecinos tan animales (1999) y El regreso del viento del norte (1995)) y múltiples premios avalan la calidad de lo que hace. Ha sido durante muchos años la única mujer que ha hecho animación en España y todavía no es capaz de entender por qué es un mundo tan masculinizado en el que es complicado entrar. “Muchas veces me recuerda esa sensación de andar en el agua, siempre teniendo que vencer una resistencia que no te impide moverte, pero te retrasa y entorpece el movimiento”, sentencia mientras muestra su intención de seguir adelante “intentándolo una y otra vez, aunque sea andando dentro del agua”

De pequeña su pasión era la lectura. “Leía en cuanto tenía un minuto libre, incluso de noche y bajo las mantas con una linterna, cuando mi madre nos enviaba a la cama a dormir”, rememora mientras asegura que “no me planteaba ninguna profesión sino vivir las aventuras de los protagonistas de los libros que devoraba”. Estudió magisterio por tradición familiar, pero apenas trabajó como docente. Empezó escribiendo relatos cortos y guiones para programas educativos. Lo siguiente fueron guiones de series documentales y finalmente para series de animación y largometrajes. Casi en paralelo empezó a dirigir. “Un trabajo te llevaba a otro”, recuerda mientras da importancia a cada uno de ellos porque para ella “todos han sido únicos”. “Cada vez las condiciones eran diferentes, los retos distintos y cada uno, a su manera, me ha ido formando como profesional”, asegura. Su último trabajo, Memorias de Idhún, basada en los superventas de Laura Gallego, le ha hecho convertirse en la primera mujer en dirigir una serie de anime en España, un proceso “agotador e ilusionante”, pero que considera “un regalo” con el que ha disfrutado y aprendido mucho y que, además, ha servido, desde el punto de vista de la animación, para poner a Vitoria en el mapa, porque en la capital gasteiztarra se ha realizado parte del trabajo. “Es una serie que se ha estrenado en 190 países en 15 idiomas y que han visto millones de espectadores. No es fácil encontrar proyectos con tanto eco”, valora.

La gente se está acostumbrando a consumir cine fuera de los cines y va a ser complicado recuperar ese público

Durante más de 25 años ha sido la única mujer en España en dirigir largometrajes de animación. ¿Cómo es posible?

No sé si hay otras mujeres que se han encontrado con el mismo rechazo de los proyectos que presento por parte de las comisiones de las ayudas a la producción de organismos oficiales como el ICAA, como me ha ocurrido a mí. Si es así, es comprensible que no salgan adelante proyectos encabezados por mujeres. Es prácticamente imposible poner en pie proyectos sin contar con las ayudas del ICAA. Desde hace poco hay cuotas, de manera que habrá oportunidades para mujeres que presenten proyectos, aunque, eso sí, siempre que sean proyectos que estén en la línea del cine que las comisiones deciden que se haga. En mi caso, por ejemplo, que mis propuestas van hacia el cine específicamente pensado para niños, es darse contra un muro. Ahora, desde las instituciones se ha apostado por el cine de animación para adultos y los proyectos para niños no tienen apoyo. Los niños no interesan a nadie. Probablemente es porque no votan.

¿Ha mejorado la situación? ¿Qué papel tienen hoy en día las mujeres en la animación en España?

La verdad es que hay cada vez más mujeres en casi todos los puestos de la cadena de producción, pero sigue habiendo más dificultad para llegar a los de dirección y eso es una asignatura pendiente. De momento hay ya bastantes mujeres dirigiendo cortometrajes. El siguiente paso serán los largos y las series.

Fue una de las fundadoras de la Asociación de mujeres cineastas. ¿Qué le motivó a hacerlo?

Queríamos que nuestra voz se escuchara, queríamos influir en los organismos oficiales para que tuvieran en cuenta que había que corregir esas diferencias monstruosas en los porcentajes de participación de mujeres en el cine español. Este mismo año CIMA ha hecho un estudio exhaustivo con cifras y porcentajes actualizados. Podemos ver que se va avanzando.

¿Y cómo es el ritmo de ese avance?

A mí siempre me parece que vamos despacio, pero visto desde un punto de vista generacional, el ritmo de los cambios no está mal.

¿Cuánto de importante es la existencia de referentes para que haya más mujeres en el cine, más allá de las actrices?

Los referentes son algo radicalmente imprescindible. Si no hay referentes es difícil que nadie emprenda ese camino. Si no hay referentes, es difícil que una niña se plantee una profesión que ya de entrada parece imposible por improbable. Muchas de las grandes carreras profesionales se basan en la emulación, en querer ser como alguien, si no hay referentes, ese camino permanece cerrado. Luego está el tema de los tabúes. Si no hay mujeres ejerciendo una profesión determinada, la sociedad puede acabar pensando que es mejor cerrar ese camino a todas porque algo tan excepcional no puede ser bueno. Por esta razón creo que es prioritario poner en valor los referentes que tengamos, aunque sean pocos. Si no ocurrirá como con Alice Guy, la persona que inventó el lenguaje del cine e hizo películas antes que Meliés. Ignorada hasta hace muy poco. Si las niñas que nacieron tras ella hubieran sabido de ella y de su trabajo, la hubieran tenido como referente e igual hoy no estaríamos hablando de lo masculino que es el territorio del cine.

Muchas películas estrenan en salas sólo porque se lo exigen las cadenas nacionales para comprar los derechos de emisión

Algunos premios empiezan a tener en cuenta la diversidad, la presencia de mujeres, a la hora de optar a ellos. ¿Es el camino?

He conseguido bastantes premios en concurrencia con otros directores. En este sentido creo que, a la hora de juzgar, la calidad se reconoce provenga de donde provenga. Eso también crea referentes interesantes.

Su último trabajo Memorias de Idhún, se ha estrenado en Netflix en un momento de ebullición de las plataformas digitales. ¿Qué ha supuesto para la creación la aparición de estas estructuras?

Este es un tema con muchos matices y es difícil dar una respuesta corta. Vivimos un cambio de paradigma en la forma de financiación de las películas y también en la manera de ser distribuidas y vistas. Estamos en plena transición y aún hay que ver hacia dónde va el cambio. En principio la llegada de las plataformas lo que ha hecho es aumentar la financiación del sector y también el número de producciones en marcha. L@s creador@s que antes sólo trabajaban en películas ahora lo hacen también en series de televisión que tienen presupuestos de cine. También y desde el punto de vista de l@s creador@s la proyección del trabajo se ve enormemente potenciada porque es internacional. Una plataforma como Netflix tiene suscriptores en 140 países. Esto, desde el punto de vista de la proyección profesional del o la directora@ de un producto, es importante.

La convivencia plataformas-cine es complicada. ¿Qué futuro vislumbra?

El paradigma está cambiando y no todo es para mal. Es cierto que representan una amenaza para sectores como el de la exhibición en salas. Eso si es así. Y la razón es que la relevancia de lo que supone la exhibición en la financiación de una película es cada vez menor. Se podría decir que hoy en día es salvo honrosas excepciones, casi irrelevante. Desde hace tiempo lo que se recauda en salas es mínimo. Muchas películas estrenan en salas sólo porque se lo exigen las cadenas nacionales para comprar los derechos de emisión. Así, una película utiliza su paso en salas para prestigiarse y porque se lo exige la cadena que le compra los derechos, como publicidad del producto. Así las cosas, es evidente que el modelo está en crisis porque la plataforma ofrece todo en uno: financiación, publicidad y no exige estreno en cines, como las televisiones nacionales hasta ahora, sino que incluso exige exclusividad en el estreno que además tiene que ser internacional.

¿El coronavirus ha acabado dando una estocada a un sector que vive en permanente crisis?

Podemos decir que el confinamiento y la covid han venido a dar la puntilla al sector de la exhibición, un sector ya herido de gravedad.

Si la afluencia del público a las salas era uno de los caballos de batalla antes del covid, ahora con las plataformas, los aforos, la ausencia de producciones americanas… ¿Cómo se logra revertir la situación?

Hay un problema añadido: el cambio de costumbres acelerado. La gente se está acostumbrando a consumir cine fuera de los cines. Va a ser complicado recuperar al público de las salas que aún se mantenía fiel a las grandes pantallas.

Rodajes parados, aforos limitados, salas cerradas durante mucho tiempo. La industria del cine lo está pasando muy mal ¿Han echado en falta a las administraciones?

El ICAA está completamente missing. El propio Ministro de Cultura llegó a decir que primero estaba el comer y luego la cultura. Dicho así se puede pensar que el trabajador de la cultura no come. La profesión se enfadó mucho tras estas declaraciones.

Es prioritario poner en valor los referentes que tengamos, aunque sean pocos

Esta situación también ha sacado a la luz la precariedad y las excepcionalidades de muchas personas de esta industria ¿Cómo se mete mano a esto?

Un poco de interés estaría bien para empezar.

Es también presidenta de Apika, que surgió para “fomentar la actividad de la industria audiovisual en el territorio Histórico de Álava- Araba y la Comunidad Autónoma Vasca, especialmente el desarrollo del sector tanto en su vertiente cultural como industrial”.

Estamos muy orgullosos del boom del cine alavés. Han tenido mucho que ver las primeras ayudas del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y de la Diputación Foral de Álava. Si todos remamos en la misma dirección podemos conseguir resultados espectaculares.

¿Es complicado hacer cine en este país sin ayudas?

Complicadísimo. Veremos las oportunidades que abre la nueva normativa fiscal sobre inversiones en el cine por parte de inversores. Ayudaría mucho que se incentive la inversión en películas.

¿Estamos ante un buen momento para explorar otras vías?

El consumo ahora es vía plataformas. Incluso las grandes compañías han empezado a estrenar en plataformas. No perdamos de vista que cada vez más se busca el estreno explosivo y rápido en muchos sitios a la vez. Es precisamente lo que ofrece el estreno on line en una plataforma: muchos espectadores potenciales a la vez, en un gran número de países.

Películas como Anne, Baby han acaparado atención…. ¿Sin producciones americanas apenas, es un buen momento para que las producciones más cercanas lleguen a las pantallas y al público?

Con miedo y preocupación se han estrenado películas españolas con bastante buenos resultados, pero la taquilla general ha bajado un 85%. Es brutal.

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