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La música electrónica vasca, buenos creadores y poco público

Durante la pandemia el 'streaming' se ha convertido en un gran aliado y ha servido para paliar en parte la falta de presencialidad

Escuela Baffle DJs / CV
Escuela Baffle DJs / CV

Hablar de escena artística siempre es peligroso y complicado. La música electrónica en Euskadi posee un largo recorrido, sin embargo hablar de una escena vasca claramente identificada es difícil y, en muchos casos, tal vez sea perder el tiempo. Son muchos los agentes que confluyen en un género que alimenta a pequeños pubs, clubs y salas, festivales, publicidad, eventos corporativos…

Visibilizar el buen trabajo que realizan artistas, productores, programadores y formadores debería ser una obligación siempre que se pretenda poner en valor la actividad creativa de las personas. Independientemente de que dicha actividad forme parte, en mayor o menor medida, de una industria.

Jokin Telleria lleva veinte años como gestor y promotor cultural. Desde 2017 dirige Dantz, “una plataforma de música electrónica y contemporánea. Nació como festival y hoy en día es un contenedor de proyectos, todos con la música como hilo conductor y que a la vez busca la interdisciplinariedad” apunta el guipuzcoano. Recientemente, el proyecto “Dantz Point” ha sido premiado por Dance Television, todo un referente a nivel internacional.

En palabras de Telleria, la escena, en caso de existir, sería definida como “muy diversa, rica y prometedora en cuando a creadores. Pero a la vez con muchísimas limitaciones, como por ejemplo en la visibilidad, falta de espacios mínimamente dignos, y como resultado, le falta de un público más entregado, curioso y hambriento de consumir esta música”.

En todo ámbito la formación termina por resultar clave de cara a fomentar una disciplina. Posiblemente, muchas escuelas de música sean invisibles para el gran público a pesar de su gran labor. Javier Cayón dirige en Bilbao Baffle DJs desde hace ocho años, una escuela especializada en el arte de pinchar discos, además de cursos de producción, mezcla o mastering.

En el caso de este centro de formación, la horquilla de edad de quienes se interesan por su oferta es muy amplia. “Hemos tenido alumnos de todas las edades (alguno/a con más de 70 cumplidos) y la experiencia ha sido buenísima. El feedback que recibimos es muy positivo y motivador, de ahí que haya alumnos que continúen con nosotros durante mucho tiempo. Provienen, en su mayoría, de Euskadi, Navarra, La Rioja y Cantabria” apunta Cayón.

El papel de los promotores y programadores es también esencial de cara a visibilizar y generar afición. En época de presencialidad, las apuestas de festivales como Dantz o Mugako que celebró con éxito su primera edición en 2015. El festival de música avanzada que se celebró en Vitoria-Gasteiz hasta 2018, anunció a principios de año su vuelta con un ciclo de actuaciones que están teniendo lugar desde el pasado mes de enero en la capital alavesa.

El escenario Basoa del Bilbao BBK Live también forma parte del calendario de programas de música electrónica en Euskadi. Otros encuentros como el recorrido urbano Barruan (Bilbao) apuestan puntualmente por este género.

Durante la pandemia el streaming se ha convertido en un gran aliado y ha servido para paliar en parte la falta de presencialidad. Es el caso de propuestas como Bilboiler Room, un espacio para la difusión artística, tanto musical como visual. La convocatoria es cada sábado vía Twitch. Esta herramienta diseñada para emitir directos también es empleada en Baffle DJs como cuenta su responsable: “Para darle la vuelta al confinamiento, empezamos a producir música electrónica por streaming, animando a los alumnos a que compartiesen también sus proyectos, consultas, etc.”

No cabe duda de que sin los creadores sería imposible generar un escenario de valor. Izaskun González, conocida artísticamente como Rrucculla, representa el ejemplo de la creatividad en estado superior. Baterista en su etapa adolescente, la barakaldesa destaca por ser muy prolífica y por combinar numerosas facetas sobre sí misma: “hago música, diseño sonidos, toco la batería, creo visuales, pinto, mezclo, masterizo”.

Resulta paradójica su visión ante el debate de un posible relevo generacional. Ella podría liderarlo perfectamente de forma natural, a pesar de su juventud cuenta ya con una trayectoria nada desdeñable. Yo misma he tenido experiencias donde me han invitado a aportar ideas en encuentros para activar la escena cultura local y después he sido rechazada porque no quieren que entre gente nueva en el círculo. Hay gente de esos círculos que parece tener miedo al relevo generacional. No va a volver a pasar nada interesante en Bilbao hasta que no se abran a opiniones nuevas. Por otra parte, como se tiende a pensar que lo de fuera es lo que mola y no se presta atención a los artistas locales, estos quedan (quedamos) desdibujados en la “escena” musical” apunta Izaskun.

Otra carrera que también comenzó en el rock es la de Dani Arrizabalaga, músico vitoriano con más de veinte años recorridos en diversas formaciones. Baterista como Rrucculla, su evolución personal y musical le ha llevado a dar vida a ARRI!, proyecto en solitario que verá la luz en marzo a través de un ep. “La verdadera motivación por la que empecé con esta historia tan personal ha sido, sobretodo, demostrarme a mi mismo que soy capaz de crear melodías, armonías y pasajes sonoros. Utilizo sintetizadores, teclados, alguna guitarra y baterías, todo bajo el paraguas de la música electrónica pero con un espíritu fundamentalmente rock” afirma Dani.

Posiblemente, de transmitir independientemente de las herramientas utilizadas, sepa también Jon Aguirrezabalga, productor (al frente de los estudios El Tigre) y miembro de los getxotarras WAS. Conocido como Zabala, el músico bilbaino defiende tener su espacio de libertad creativa dando forma a mapas sonoros propios del ámbito cinematográfico (proyecto no orientado a la pista de baile). “Me considero un currela de esto, invierto muchísimas horas en este proyecto, es mi espacio de libertad y experimentación así que no me supone ningún esfuerzo. Tengo la sensación de hacer cada vez mejor música y eso es algo insuperable” apunta el autor del “Martian Civilization”, disco que publicó el año pasado el sello que dirige el músico Aitor Etxebarria, todo un referente de la escena musical vasca.

El círculo se completa con el trabajo de medios especializados como Basques On Decks que en poco tiempo se ha convertido en una guía digital para los aficionados a la electrónica.

El donostiarra Costas, el joven dj Joey Palace, Mark Luva, dj y productor vizcaíno, el dúo guipuzcoano Reykjavik606 o Verde Prato (“el trabajo de Ana Arsuaga me parece lo más increíble que ha aparecido en Euskadi en los últimos años” apunta Zabala) son algunos de los nombres que aportan los protagonistas al ser preguntados por artistas vascos a los que seguir la pista.

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