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El doblaje en euskera se agarra a la nueva Ley audiovisual para sobrevivir

El doblaje en euskera es prácticamente inexistente en un sector que agoniza tras años de caída libre

El doblaje es euskera es apenas inexistente/Binahi
El doblaje es euskera es apenas inexistente/Binahi

La nueva Ley Audiovisual reservará un mínimo anual de 15 millones de euros para la producción de películas y series en las lenguas cooficiales, así como la creación de un fondo público que asegure el doblaje. Concretamente, las plataformas deberán ofrecer un 30% de contenido producido en Europa, un 15% en una de las lenguas oficiales españolas y un 6% de su contenido en catalán, gallego o euskera. Una nueva situación que supone un soplo de esperanza para el dañado sector del doblaje vasco.

El director, actor y portavoz de la Asociación de Dobladores Euskaldunes (BIEUSE), Xavier Alkiza, cree que la nueva Ley puede abrir "un halo de esperanza" a un sector que se encuentra actualmente en "estado de agonía". A pesar de ver "lagunas" en un asunto que "todavía se está negociando", explica que es un punto de partida "esperanzador" para recuperar un poco de un sector "al que se ha dejado morir".

Dentro de estas conversaciones, Alkiza sabe que Amazon y Netflix aseguran doblar lo que se produce en España, pero desconoce lo que ocurrirá con la producción extranjera. Habrá que ver que camino toma la otra plataforma internacional Disney+, mientras que las plataformas con sede en España como Filmin, que tiene actualmente un 24% de su oferta total en catalán, y Moviestar ofrecen más contenidos en las lenguas oficiales.

Apenas se dobla al euskera

El doblaje en euskera vivió su momento álgido en la década de los 80 cuando se llegaban a doblar cerca de 2.000 horas anuales. Ya en los noventa ese tiempo se vio reducido a la mitad y el pasado año 2021, escasamente se doblaron 200 horas al euskera. "En los últimos años ha habido un decrecimiento en todo", expone Alkiza. No en vano, actualmente, entre actores, actrices y directores, hay "70 personas" trabajando en Euskadi, la mitad de la plantilla desde que "empezó la cuesta abajo".

Nula política lingüística y precios por los suelos

Alkiza señala que, como cualquier "idioma pequeño", el doblaje en euskera necesita del sustento público porque "no es sostenible en términos comerciales". Y, desde hace ya años, la apuesta tanto del "gobierno vasco como EITB es nula". En este sentido, denuncia que el doblaje de 12 películas infantiles para salas comerciales en euskera al año "es lo único que hace el Gobierno vasco". Se refiere al programa 'Zinema Euskaraz' que, en 2021, "dobló 9 películas", lo que supone "sólo 20 horas anuales" y de los que BIEUSE no participa para reivindicar la estabilidad y la mejora de las condiciones laborales.

La situación con EITB tampoco es mucho más halagüeña. "En los últimos siete años no se ha doblado ni una sola película al euskera". "Desde finales de los 90 se decidió dejar el doblaje a un lado". El ente público sí que dobla al castellano, pero BIEUSE denuncia que lo hace a precios "tirados por el suelo". “EITB ha bajado las tarifas sabiendo que hay estudios que lo hacen más barato. Las tarifas son patéticas", añade. Unos precios "opacos" con "indignas condiciones de trabajo" que revierten "en el sector, en el euskera, en la calidad del producto y en el usuario final", expone.

"No importa que se hagan auténticas chapuzas" a costa de la precariedad laboral. Alkiza reprocha que siempre sea el estudio de sonido Mixer quien gane el concurso de doblaje de EITB cuando "tira los precios", ya que se prioriza la rentabilidad frente a incentivar la cultura vasca. Una bajada de precios que también está abocando al cierre de estudios de sonido.

El actor de doblaje cobra por convocatoria y 'take'. Se les paga una cantidad de dinero por acudir y otra por cada parte de película que vaya a doblar. "Están pagando convocatorias por un 37% menos y con 'takes' con texto enormes a precios más baratos. Es un pitorreo". 

Sin convenio

Los profesionales no tienen un convenio propio autonómico al que aferrarse, por lo que se rige por la pauta estatal y el sector está dividido en dos grupos enfrentados. Por un lado, Bikoiztaile Euskaldunen Elkartea (BIEUSE), profesionales que desde 2018 cuando pararon para reivindicar unas condiciones dignas no han vuelto a trabajar, y Euskal Herriko Bizkoileen Elkartea (EHBE), que paró durante escamente tres semanas, para volver a los estudios de grabación. Una desunión que no posibilita abordar conjuntamente una regularización autonómica para el sector que unifique criterios. 

 

 

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