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El sector de las salas de conciertos, al borde de la desaparición

La música en vivo se mantiene en vilo y a la espera de soluciones

Hell Dorado. /CV
Hell Dorado. /CV

Este 2020 que está cercano a terminar ha sido finamente golpeado por la madre naturaleza.  muchísimas pérdidas humanas, cambios de comportamiento y costumbres… En el caso de la cultura en vivo, de la música en directo más concretamente, el hachazo está siendo muy serio, mortal por momentos. Tanto artistas como promotores y espacios han visto cómo su estatus de las últimas dos décadas se veía ninguneado de una manera escalofriante. La presencialidad lo era todo y con el coronavirus no parece posible el maridaje. El público, por supuesto, también ha visto como una de las ofertas de ocio más destacadas en los últimos tiempos prácticamente desaparecía. Debe ser asunto de reflexión qué sucede con los espacios que permiten celebrar conciertos, con las salas de pueblos y ciudades. Salas que no teatros.

Kultura Live es la asociación que agrupa a diecisiete salas del País Vasco, Navarra y Lapurdi. En palabras de su coordinador, Arkaitz Villar,  "muchas de ellas llevan cerradas desde marzo, sin ninguna actividad y en situación de riesgo. Las pérdidas son infinitas. No quiero pensar en cuántas salas resistirán o cuántas no, lo ideal es un plan cultural a largo plazo en el que se denomine a las salas como lo que son: centros culturales”. De hecho, algún gestor que ha anunciado el cierre a final de año, es el caso de Plateruena de Durango.

Con la incertidumbre reinante es muy difícil planificar el próximo año. “En mayo pensábamos que en septiembre tendríamos los aforos previos a la pandemia. No me atrevo a decir lo que va a ocurrir dentro de cuatro meses”, señala Villar.

Tras varias reuniones mantenidas con el Gobierno vasco, por el momento no llega un acuerdo satisfactorio que asegure la supervivencia de las salas. El último movimiento realizado por Lakua ha sido la creación del circuito Beste Bat! que durará hasta finales de febrero. Los apoyos privados, de momento, apenas llegan todavía. Este apoyo podría paliar la situación durante los próximos meses como ha sucedido en EE.UU. donde Spotify ha decidido aportar medio millón de dolares a las salas independientes.

Mientras tanto, el sector de los espectáculos en vivo se mantiene en vilo y a la espera de soluciones. Fueron los primeros en cerrar allá por el mes de marzo, de forma voluntaria mayoritariamente, y en todos estos meses el sector  ha conseguido que apenas se hayan producido contagios en sus eventos.

El movimiento #culturasegura forma parte de lo poco positivo que esta extraordinaria situación nos ha traído. El esfuerzo demostrado por un sector que no es tratado como esencial, pero que para muchos debería serlo, es encomiable. En este punto, olvidar a todos los autores y autoras de contenidos culturales, que son quienes dan sentido a la existencia de los contenedores, sería un gran error. Sin las salas, muy posiblemente, los festivales no tendrían la atracción para el gran público que poseen actualmente.

El coordinador de Kultura Live apunta que "la gente tiene ganas de ir a conciertos y volver a disfrutar de la música en directo". Villar cree "que habrá que hacer una campaña de sensibilización para que la gente siga disfrutando de los conciertos y de las artes en vivo”. “Los conciertos son actuaciones que se celebran en un momento concreto y que no se repiten, y ese momento hace que podamos desconectar de lo que nos rodea y nos alegra el momento. Además de que esa alegría se contagia y te la llevas luego contigo después del concierto”. Poco más que añadir. Lo que hace mejores a las personas no puede ser abandonado.

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