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La violencia terrorista en España: 60 años que terminaron en un "enorme fracaso sangriento"

Desde la década de 1960, más de 50 organizaciones terroristas han mantenido atemorizada a la sociedad española y se han llevado por delante la vida de 1.451 personas

Imagen del atentado en la Estación de Atocha el 11 de marzo de 2004. / EP
Imagen del atentado en la Estación de Atocha el 11 de marzo de 2004. / EP

Si hablamos de terrorismo, inevitablemente vienen a la cabeza unas siglas: ETA. Sin embargo, esta organización que operó durante más de 50 años, no ha sido la única que ha mantenido atemorizada a la sociedad vasca y española. Desde los años 60, más de 50 bandas han cometido atentados en el país. El ministerio del Interior proporciona datos al respecto y cifra en 1.451 las personas asesinadas y 4.983 las heridas hasta el año 2020.  Unas cifras que, muy posiblemente, serán mayores por las víctimas no reconocidas.  

El historiador y responsable del área de Archivo, Investigación y Documentación del Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo, Gaizka Fernández Soldevilla, detalla estos más de 60 años de violencia en su libro ‘El terrorismo en España: de ETA al Dáesh’. Un libro con el que pretende conjugar lo académico con lo divulgativo y que se centra, no solo en los perpetradores, sino también en las víctimas y en sus historias. Por ejemplo, la de Begoña Urroz, la primera víctima del terrorismo que el 27 de junio de 1960 fue alcanzada por la explosión de una maleta bomba. Era una bebé de 22 meses. Sufrió heridas graves y finalmente murió al día siguiente en el hospital. En un primer momento se pensó que este atentado llevaba la firma de ETA, pero más tarde se supo que había sido obra del DRIL, el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación, una organización antifascista formada en 1959 por exiliados españoles y portugueses para luchar contras las dictaduras franquistas y salazaristas.  

El propio historiador admite que ha descubierto que había más bandas de las que pensaba y en su libro las diferencia en cuatro categorías según su ideología: el nacionalismo radical, el yihadismo, la extrema derecha y los GRAPO y la extrema izquierda y parapolicial. En total, según datos del ministerio del Interior, su violencia dejó 1.451 víctimas mortales. ETA fue la más sangrienta con 853 víctimas, seguida del yihadismo con 288 y las de los GRAPO con 92.  

Los “imitadores” 

En cuanto a la violencia ejercida desde el nacionalismo radical, ETA es, sin lugar a dudas, la principal organización. Sin embargo, hubo otras que surgieron para defender el nacionalismo en lugares como Cataluña, Canarias, Asturias, León, Galicia, Aragón o Andalucía.  

Férnadez Soldevilla explica como los miembros de todas estas bandas son de la misma generación, universitarios que “sueñan con ser el Che Gevara” y que ven como en Euskadi “unos tios están poniendo bombas, están consiguiendo una gran repercusión social y mediática y quieren emularles”. ETA se convierte en su ejemplo a seguir y ellos aprovechan esta ocasión. “ETA no es tonta y no solo aprovecha la situación, sino que además les ayuda, les entrena y les da como regalo de promoción un montón de armas y explosivos”, explica el historiador.  

Sin embargo, esta relación con otras bandas nacionalistas es diferente según en qué sector de ETA. Por un lado, ETA Político Militar sí tiene una mayor relación e intenta una alianza para llevar a cabo atentados conjuntos. Sin embargo, ETA Militar es “mucho más fria y distante”. Sí les ayuda, les entrena pero no les utiliza para sus atentados y el hecho de cometer acciones violentas en lugares como Cataluña, tensa la relación con Terra Lliure.  

Aunque comparten similitudes, hay un hecho totalmente diferencial entre ETA y el resto de organizaciones terroristas nacionalistas y es su persistencia en el tiempo. “Son menos mortales, menos longevas. En lugares como Galicia o Cataluña no consiguen tener un círculo alrededor, un entorno civil, un partido político fuerte, un sindicato, implantación social... Y a día de hoy no queda prácticamente ningún resquicio de esas bandas y ellas tampoco han querido reivindicar lo que hicieron”, detalla Fernández Soldevilla.  

Los “visitantes” 

La segunda ola de violencia más fuerte que ha soportado España viene de la mano del Yihadismo. Un fenómeno global que en el país ha dejado 288 víctimas mortales y que ha tenido 4 grandes episodios muy dolorosos.  

El primero, en 1985, fue el atentado en el restaurante El Descanso, en Madrid, en el que fueron asesinadas 18 personas y 82 heridas. Años más tarde llegó la mayor masacre terrorista en España que fueron los atentados del 11M en 2004. Una serie de explosiones en estaciones de Madrid que dejaron 2.057 heridos y que se llevaron por delante la vida de 193 personas. En un primer momento, se atribuyó la autoría a ETA.  

Y solo hace falta mirar ligeramente hacia atrás, hasta el verano de 2017, para encontrar los últimos atentados hasta la fecha que fueron en Cambrils y en Barcelona en los que murieron 16 personas y 152 resultaron heridas.  

“Hacen atentados indiscriminados, grandes masacres, matan a cuantas más personas mejor para llamar la atención y presionar a los gobiernos mediante el terror. Estos grupos están ahí y los vemos con cierta lejanía y frialdad, pero la realidad es que están y están fuertes sobre todo en países de África y Oriente Próximo”, apunta el autor del libro.  

“Enorme fracaso sangriento” 

Para Fernández Soldevilla, a la hora de hablar sobre los objetivos logrados, o no logrados, por estas organizaciones, lo define como un “enorme fracaso sangriento”. “Ninguna de estas agrupaciones consigue su principal objetivo sea cual sea, aunque ETA por ejemplo si consigue algunos de sus pequeños pasos. Pero lo que todas si logran es causar un inmenso dolor”, considera.  

Estas más de 50 bandas terroristas que ejercen su violencia en España lo hacen en nombre de causas diferentes pero el efecto, tal y como cuenta el autor, siempre es el mismo: muertos, heridos, familias rotas y un enorme dolor. “Lo hacen además con una frialdad increíble porque les da igual hasta matar a un niño. Lo hacen, luego se lavan las manos y se van. Son capaces de asesinar y después digerir que han matado a un niño y seguir con sus vidas. Ese sin duda es un factor común que comparten todas ellas”, concluye.

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