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Bart Kamp (Orkestra): "Los precios de las materias primas van a seguir altos mucho tiempo"

El investigador de Orkestra apunta a la diversificación, la colaboración público-privada y la apuesta por las renovables como las lecciones que debe aprender Euskadi de la crisis de Ucrania

Bart Kamp, investigador senior de Orkestra / Orkestra
Bart Kamp, investigador senior de Orkestra / Orkestra

La crisis económica que ha traído la guerra de Ucrania arranca su cuarta semana en medio de un ambiente más que caldeado. Los precios de la energía tienen a las empresas vascas acercándose a un punto "de muy complicado retorno" según las patronales, los transportistas arrancan el octavo día de huelga espoleados por la multitudinaria movilización de este domingo en Madrid y con prácticamente todos los sectores económicos afectados. El Gobierno vasco ha alertado de la pérdida de competitividad que esto está suponiendo para las empresas de Euskadi. Ese campo -la competitividad- es precisamente el núcleo de las investigaciones de Orkestra, el instituto vasco de la competitividad creado por la Fundación Deusto. Bart Kamp es el investigador principal del área de Internacionalización de este instituto y cree que la salida a esta crisis pasará por la diversificación, una mayor colaboración público-privada y por redoblar la apuesta por las renovables,

¿Nos ha pillado esta crisis sin aprender las lecciones económicas de la pandemia?

Hay que relativizar eso de que no hemos aprendido lo suficiente de la pandemia. Las empresas muchas veces tienen contratos duraderos, a largo plazo con sus proveedores, y no es tan fácil desvincularse de ellos. Esto no es como si hoy compro una camiseta en Zara y mañana lo hago en H&M. Los procesos de compra en la industria implican productos mucho más sofisticados. Hay que distinguir entre los problemas de la cadena de suministros con China que nos acarreó la pandemia y lo de ahora con Rusia y Ucrania, que es una crisis de materias primas. Muchas empresas realizaron planes de contigencia y de diversificación de proveedores ante la crisis de suministros. Ahora toca hacer eso con las materias primas. Ese poso que nos dejó la pandemia hay que extenderlo de los semifabricados y los componentes a las materias primas.

Hay que apostar por el kilómetro cero, pero no todo puede ser o conviene que sea kilómetro cero. También hay que buscar múltiples fuentes, diversificar los suministros que vienen desde sitios lejanos. Eso también aportará competitividad. Las circunstancia actuales dan más sentido al concepto "China+1": está bien orientarse hacia China, pero ese también es un mercado para ventas y compras a diversificar.

¿Es una crisis de impacto estructural o coyuntural?

Bueno, los efectos de la pandemia, aunque cada vez esté más controlada, tampoco han acabado en el campo económico. La de la pandemia es una coyuntura, pero quizás puede ser bíblica de siete años. Lo de diversificar será algo que probablemente las empresas solventen en uno o dos años. Lo que sí va a ocurrir es que las fuentes alternativas para las materias primas que ahora faltan -níquel, aluminio, titania, aceite de girasol- juegan en un mercado mundial. Aunque podamos prescindir de Ucrania o Rusia como fuentes de esas mercancías, los precios de las materias primas van a ser altos durante un buen rato por la tensión entre oferta y demanda.

Que el Gobierno central no haya intervenido los precios es un hándicap muy negativo

¿Está preparado el empresariado vasco para lidiar con esos precios?

La economía vasca tiene un componente industrial por encima de la media europea y eso es positivo. Pero, obviamente, si las fuentes de energía y los metales están más caros, tus costes en el proceso también van a ser más altos. Una cuarta parte de la economía vasca es industrial y está expuesta a esas subidas de precio. Y eso va a tener un impacto negativo para la competitividad vasca en sectores como la máquina herramienta. A corto plazo, también es muy negativo que el Gobierno central no intervenga en los precios de la energía, porque los países que nos rodean -Francia, Italia, el Benelux- ya están dando subvenciones. Eso es un hándicap temporal, pero es muy negativo, porque cada día que pasa sin intervenir los precios se firman contratos y pedidos. Eso no es una oportunidad, es una necesidad.

¿Qué puede hacer el Gobierno vasco?

Euskadi tiene autonomía en algunos ámbitos. Yo creo que ahora también es el momento de practicar una mayor cooperación público-privada, de apostar por tirar de diplomacia hacia aquellos países que puedan ser fuentes alternativas para suministrar esas materias primas que se traen de las antiguas repúblicas soviéticas.

Esto no es el fin de la globalización, pero sí va a haber una internacionalización mucho más selectiva y estratégica

Ha hablado mucho de diversificación. El presidente de BBVA, Carlos Torres, decía el viernes que caminamos hacia un "nuevo orden mundial" distinto de la globalización que tenemos ahora. ¿Lo ve así?

Yo no diría tan categóricamente que es el fin de la globalización. Otra cosa es que Rusia se ha quedado en fuera de juego en ese orden mundial, en ese proceso de globalización. Cuando cayó el Muro de Berlín yo era estudiante y vi un aumento repentino del interés por estudiar ruso, porque pensábamos que Rusia se iba a convertir en un mercado para nosotros. Sin embargo, ahora mismo tenemos unos porcentajes de comercio exterior muy bajos con Rusia. Lo que sí tenemos es dependencia de ciertos materiales. Habrá que mirar a otros puntos para esos productos: al Mar del Norte para el petróleo, a Sudáfrica para los minerales... pero hablar de un final de la globalización me parece exagerado.

Lo que sí que va a haber es una internacionalización más selectiva, más estratégica, con más atención a los riesgos institucionales y políticos. CIE Automotive o Gestamp no tienen plantas en Rusia para producir allí más barato y mandar de vuelta la producción, sino para atender a sus clientes de allí. Ahora ambas empresas corren el riesgo de que sus fábricas sean confiscadas si se marchan del país. Eso quiere decir que había unos riesgos financieros en la entrada a esos mercados, al menos si se mira con retrospectiva. Probablemente va a haber un mayor 'screening' del mundo, una mayor evaluación de qué mercados comportan menores riesgos de este tipo. Quizá esto no afecte tanto a la automoción, pero sí a otros sectores como la máquina herramienta cuando llegue la paz entre Rusia y Ucrania.

¿Esta crisis puede ayudar a que empresas del sector de las renovables recuperen atractivo?

Absolutamente. En estos segmentos de mercado, más embrionarios o donde falta una eclosión, creo que es donde hay que impulsar la colaboración público-privadas, puede ser muy apropiado. Ir hacia una menor dependencia energética es una tendencia que se va a reforzar. Creo, además, que va a haber un relajamiento por parte de Europa para permitir un mayor apoyo del sector público a iniciativas privadas.

No descarto que Europa venga con un nuevo programa como los Next Generation

¿Ve a las instituciones con músculo financiero para ello?

A nivel autonómico creo que Euskadi tiene la capacidad y la actitud de movilizar y poner en común en "proyectos país" como la eólica marina precisamente. Creo que el Gobierno vasco podría entrar con más peso y recursos en iniciativas como esta. El Gobierno central lo dudo, pero no descarto que Europa venga con un nuevo programa de apoyo financiero como los Next Generation. Ahí Euskadi, de entrada, tiene atractivo y posibilidades. Y creo que el Gobierno vasco, en general, no es un mero espectador de la economía, sino que se muestra bastante activo en el apoyo de iniciativas y la movilización de actores. 

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