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La eterna división sindical, el lastre de las relaciones laborales vascas

La brecha que separa desde hace décadas a sindicatos nacionalistas y no nacionalistas se agrava ahora aún más con el abierto enfrentamiento entre ELA y LAB

Sindicatos vascos / EP
Sindicatos vascos / EP

Hablar de sindicalismo y división es casi una norma en Euskadi. Como la sociedad vasca misma, durante años una línea gruesa ha dividido a los sindicatos nacionalistas de los no nacionalistas, que han compartido escenarios en muy contadas ocasiones, incapaces de cerrar consensos hasta en las cuestiones más básicas en defensa de sus afiliados. 

Ni siquiera una pandemia mundial, como la del Covid-19, que lleva aparejada una crisis económica probablemente sin precedentes hasta ahora, con afectación directa sobre el empleo y las empresas, ha conseguido que el movimiento sindical vasco se una para caminar de forma conjunta más allá de cuestiones o empresas concretas. Al contrario. En los últimos meses, el difícil equilibrio de tiras y aflojas que arrastran ELA y LAB desde hace décadas ha acabado por romperse y los sindicatos nacionalistas también se echan los trastos a la cabeza en un enfrentamiento en el que, en cierto modo, pesa más la política que las relaciones laborales.

De hecho, el último episodio de confrontación entre ambas centrales tiene como escenario la exigencia de la derogación de la reforma laboral. Una cuestión en la que no solo están de acuerdo ELA y LAB, sino que comparten todos los sindicatos vascos. Sin embargo, ELA marginó a LAB de su acuerdo con sindicatos nacionalistas de otras comunidades como Galicia o Cataluña para presionar conjuntamente al Gobierno frente a la derogación de la reforma desatando uno de los más duros enfrentamientos públicos entre ambos sindicatos. Como telón de fondo de la polémica , las acusaciones que desde el sindicato que dirige  Mitxel Lakuntza lanzan contra LAB de estar supeditado a la deriva política de EH Bildu que, en este momento, lleva a cabo una estrategia en el Congreso de los Diputados abierta a suscribir acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez, y que en Navarra también sustenta con sus votos el Gobierno de la socialista María Chivite. Para ELA esto deja fuera a LAB de la política de confrontación con los Gobiernos, ya sea el vasco, el navarro o el central, que el sindicato de Lakuntza quiere liderar haciendo valer su condición de central mayoritaria en Euskadi. Salvo en conflictos muy concretos -por ejemplo convocan juntos la huelga a la que están llamados los funcionarios públicos vascos el próximo 22 de abril-, los sindicatos nacionalistas mayoritarios intentan ahora no compartir espacio, ni siquiera para reclamar la autodeterminación vasca que ambas centrales comparten en su ideario.

Precisamente esa hegemonía de ELA con la que quiere 'barrer' al resto de los sindicatos es uno de los mayores reproches lanzados desde LAB. Su secretaria general, Garbiñe Aranburu, no ha dudado en afirmar que ELA quiere "imponer su modelo y decisiones y cuando no lo puede hacer, adopta decisiones unilaterales", que le han llevado a confrontar en lo público y las subcontratas, mientras en el ámbito privado "se niega a confrontar con la patronal", "fomentando clima de trabajo con Adegi y Confebask", señalaba refiriéndose por ejemplo al convenio del Metal en Gipuzkoa que sorpresivamente ELA decidió firmar en el último momento forzando a ELA y CCOO a aceptar un acuerdo que previamente todos habían rechazado. UGT no firmó. Así las cosas, ELA se siente más cómodo formando piña con sindicatos como STEEILAS, HIRU o ESK- que no le discuten su hegemonía.

El acuerdo en el Metal guipuzcoano por parte de ELA, no significó sin embargo, un cambio en la estrategia de negociación del sindicato nacionalista mayoritario, más partidario de las negociaciones empresa por empresa, -donde se siente más fuerte-, que de los convenios sectoriales, que ha acostumbrado a bloquear para desesperación de la patronal y de resto de los sindicatos. De hecho, muchos de los convenios sectoriales que han salido adelante en los últimos años no han contado con la rúbica de ELA, al margen del citado convenio del Metal guipuzcoano. Ese es el caso, por ejemplo del Metal de Bizkaia, que firmaron todos los demás después de un largo conflicto y que por cierto, acaba su vigencia este año.

La división sindical complica mucho las relaciones laborales, es un hecho que constatan las diferentes organizaciones empresariales. Y en tiempos de crisis la negociación conflictiva de un convenio se complica todavía más.

Se da la casualidad de que este 2021, el de la gran crisis de la pandemia son muchos los convenios que tendrán que empezar a negociarse. De hecho, con datos recopilados hasta el mes de febrero por el Consejo de Relaciones Laborales vasco, hay un total de 940 convenios pendientes de renovar en estos momentos, ( 799 de empresa y 141 sectoriales), que afectan a  un total de 360.700 trabajadores. Además, 39 convenios están decaídos (14 de empresa y 25 sectoriales) que afectan a 59.784 empleados. Es decir, un total de 420.484 trabajadores se encuentran pendientes de una negociación en la que el papel de los sindicatos será crucial. 

Pero esa división  sindical también bloquea en buena medida el avance del diálogo social en el que están empeñado el Gobierno vasco y también los sindicatos CCOO y UGT convencidos de que es la única forma de conseguir avances de para los trabajadores. Estos dos sindicatos, dirigidos por Loli García y Raúl Arza, respectivamente, son  los únicos que se sientan en la Mesa de Diálogo Social con el Gobierno y la patronal. Ni ELA ni LAB aceptan estar en un foro en el que consideran que la patronal tiene en la práctica derecho de veto, porque basta su negativa para bloquear acuerdos importantes, y que en su opinión, no respeta "las mayorías sindicales". 

Incluso sin ELA y LAB la Mesa de Diálogo Social sigue adelante trabajando sobre la industria 4.0, la conciliación, la formación profesional..., aunque con acuerdos que muchas veces se quedarán claramente 'cojos' al no contar con el beneplácito de quienes tienen la mayoría del poder sindical en las empresas. 

El Gobierno de Urkullu salido de las urnas en julio, con la socialista Idoia Mendia en la vicelehendakaritza y dirigiendo la cartera de Trabajo, no ha conseguido ir más allá de una primera reunión testimonial de toma de contacto en aras a normalizar unas relaciones  muy deterioradas durante los últimos años con los sindicatos nacionalistas, especialmente con ELA, enfrentado abiertamente con el PNV, sus dirigentes, y el propio lehendakari, con el que ha protagonizado más de un rifi-rafe. Pero ese encuentro que "cordial" de arranque de legislatura no ha cuajado en nada más. Dos partes no comparten mesa si una no quiere. ELA y LAB siguen sus caminos al margen de resto, y ahora, por separado.

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