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La incertidumbre se apodera de la economía vasca ante el riesgo a una tercera ola de coronavirus

La economía da síntomas de desgaste mientras se prepara para aguantar hasta 2022 fiada a la eficacia de la vacuna

Gente en la calle. EP
Gente en la calle. EP

Euskadi asiste en vilo la posible llegada de una tercera ola del coronavirus. Datos contradictorios que pueden solapar la salida de la segunda ola con la llegada de la tercera están enfriando las perspectivas económicas de crecimiento en 2021 en un tejido empresarial que nota la falta de seguridad y en un entorno en el que los mensajes contradictorios desconciertan al gasto privado y la inversión.

Gestionar transmitiendo seguridad o alertar para lograr seguridad. Es el dilema al que se enfrentan muchas administraciones en la gestión de la pandemia. Un complejo equilibrio que tiene desconcertada a la sociedad para saber cómo organizar la Navidad, pero también a las empresas para elaborar su plan de inversiones o a los hosteleros y comercios para encargar el género a sus proveedores.

En estas complejas circunstancias las lágrimas de Ángela Merkel en Alemania o la reacción del presidente Emmanuel Macron en Francia nos han traído una imagen alarmante en Europa, justo cuando en Euskadi las cifras daban un respiro tras un mes de noviembre de duras restricciones.

Mejora en los datos de contagio, pero situación de alerta

Y es que no se puede olvidar que tras las duras medidas aplicadas el 6 de noviembre el Gobierno vasco tuvo que aguantar duras críticas, pero es cierto que 15 días después descendieron los contagios diarios un 60%. Así, se ha llevado la tasa de positivos de más de un 10% al 3,1% registrado ayer. De igual forma, se ha pasado de más de 140 ingresados en las Ucis de los hospitales con una tasa por encima del 40% a 98, con una tasa de ocupación diez puntos menor, del 31%.

Pero otras veces parece que la decisión sobre las medidas viene condicionada por lo que ocurre en Europa, las críticas en la calle o el ya famoso discurso de salvemos la Navidad. Así, esta semana, a pesar de presentar unos buenos datos en la evolución de la enfermedad, el Gobierno, y el lehendakari Urkullu, han trasladado un mensaje de alarma, de “preocupación por ver cómo se están llevando a la vida social el respeto de las restricciones”, como ha asegurado el portavoz del Ejecutivo, Bingen Zupiria. Un mensaje que el propio Urkullu reforzó al día siguiente con las advertencias de que se revisarán las medidas y de que es necesaria la alerta "para adoptar las medidas necesarias en cualquier momento". O como dijo ayer la consejera de Sanidad, Gotzone Sagardui, "los datos son buenos, pero eso no significa que estemos bien". 

Todo coincide, efectivamente, con síntomas de frenazo en el descenso de contagios y con una presión hospitalaria que sigue siendo muy alta, hay más de 600 personas hospitalizadas, cifras que han bajado de las 820 de mediados de noviembre, pero que están al nivel del mes de mayo.

Retraso en la recuperación

Pero el vaivén del virus y de los mensajes que genera, está dejando a la economía y a las empresas en un terreno de incertidumbre entre la salida de la segunda ola y las dudas sobre si llega una tercera, que sólo fía su salida a la eficacia de la vacuna. Pero la situación no mejora, las perspectivas económicas han abandonado la “recuperación en V” y todas previsiones sitúan la recuperación no antes de 2022. Así lo atestigua la encuesta de las Cámaras de Comercio que fijan que el 56% de las empresas no ven la recuperación antes de dos años, pero también el departamento de Estudios de Laboral Kutxa que coincidía con ese diagnóstico.

Mientras tanto, sigue la financiación de la economía con inyecciones y moratorias de crédito que, en muchos casos pueden enmascarar situaciones financieras ya fallidas en muchas empresas. Así lo ha advertido ya el Banco de España y el BCE para que los bancos cuiden su cartera de crédito, sin bien es cierto que en el caso de Kutxabank y Laboral Kutxa, el porcentaje de sus créditos dados en las líneas ICO y Elkargi no supera el 3%.

El paro, aún cuando ha presentado 3 meses continuados de mejora, sigue anestesiado por el efecto de los Erte y, aún así, tiene hoy en Euskadi 19.000 personas más que en noviembre del año pasado.

La exportación se ha caído más de un 20% en lo que va de año y, a pesar de que la automoción parece que levanta la cabeza, la aeronáutica, el acero y la energía siguen con caídas importantes y sin contratos de pedidos.

El consumo en los hogares, termómetro económico, no termina de levantar lastrado por la segunda ola, los daños al comercio y a la hostelería. La caída este año supera el 8% tal y como lo señaló el Gobierno vasco en la presentación de sus Presupuestos.

Desaparición de empresas

El número de empresas existentes en Euskadi descendió en 494 durante noviembre respecto al mes anterior, según el boletín mensual que publica la patronal vasca Confebask con datos de la Seguridad Social. Respecto a febrero, antes de la pandemia de covid-19, el número de empresas ha descendido en 1.433. A la vez que el número de procesos concursales registrados desde septiembre se ha incrementado un 24% respecto al año pasado. 

Presupuestos expansivos

La recaudación en 2020 será 2.000 millones menos que en 2019 y eso ha llevado a presentar unos Presupuestos en Diputaciones y Gobierno expansivos gracias a un endeudamiento que la economía vasca puede asumir, pero también en unas previsiones de crecimiento que están enfriando a la espera de la calefacción de los Fondos Europeos de Recuperación.

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