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Prejubilados de banca con 50, los últimos privilegiados antes de la vida laboral casi eterna

Expertos en economía, psicólogos o sociólogos, ponen de manifiesto las contradicciones de estas medidas cuando se pretende alargar al máximo la edad de jubilación porque no hay cotizantes

Tres jubilados en la calle.  / EFE
Tres jubilados en la calle. / EFE

Jubilarse con 65 será en unos años un recuerdo del pasado. La reforma de las pensiones que prepara el ministro de Seguridad Social José Luis Escrivá, alargará, y mucho, la edad de jubilación y trabajar rondando los 70 será ya lo habitual para la mayoría. Con una población cada vez más envejecida se camina a un futuro con más jubilados que población activa. En Euskadi, con el mayor problema demográfico de toda España en estos momentos, sólo hay ya un trabajador y medio por cada pensionista.


Ante esta situación, el empeño de las administraciones es alargar la vida laboral para no perder cotizantes y retrasar el momento de pagar las prestaciones. Una estrategia en la que se enmarca la reforma de Escrivá, que se está negociando en estos momentos con los agentes sociales, y que pretende  poner cada vez más difícil a los trabajadores abandonar la vida laboral antes de la edad que les corresponde y conseguir así que la edad de jubilación real y efectiva estén equiparadas. 


Mientras esto ocurre, como en una realidad paralela, algunos de los grandes bancos de España han presentado dentro de sus propuestas para reducir la plantilla prejubilaciones para parte de sus empleados, algunas incluso con edades de 50 años, -como en el caso del BBVA-  como unas de sus propuestas estrella de negociación a los sindicatos para garantizarse  el acuerdo en el ERE -en el que también hay despidos puros- , dando lugar a una nueva clase de privilegiados en un mercado laboral en crisis: Mientras la mayoría de los trabajadores no saben cuándo ni cómo podrán jubilarse, muchas grandes empresas y bancos han optado por financiar las prejubilaciones en muy buenas condiciones económicas porque les es más rentable pagar al trabajador la prejubilación y amortizar el puesto de trabajo. Lo está haciendo el BBVA y Caixabank, negociando ahora sus reestructuraciones, lo hizo el Santander, o antes Iberdrola, entre otros. 

No  es una fórmula nueva. La administración española financió con presupuestos millonarios la crisis industrial de los 80 para prejubilar trabajadores de empresas públicas como Altos Hornos, La Naval o Backock Wilcox. Cierto que en el caso de estas empresas se financiaba con dinero público y en los casos actuales es la empresa privada la que costea las prejubilaciones de sus trabajadores, pero cada vez son más los expertos que consideran que en un momento de crisis como el actual, y con riesgo de una quiebra del sistema de pensiones, debería penalizarse a las empresas que llevan a cabo estas prácticas. 

Un gran problema para el tejido laboral


"Creo que en el momento de envejecimiento demográfico al que nuestro país está asistiendo,  las prejubilaciones, y sobre todo si afectan a personas menores de 55 años, debieran evitarse a toda costa", señala Sara de la Rica, catedrática de Economía Aplicada de la UPV/ EHU.


De la Rica reconoce que la banca está asistiendo a una "transformación estructural de enorme calado, pues está transitando de un modelo muy presencial a un modelo online, lo cual sin duda acarrea un ahorro muy grande de personal", pero cree en las empresas en general hay que aprender a "mejorar la gestión de la edad, y avanzar hacia cambios en las tareas que realizan los trabajadores a medida que su edad avanza". "Esto es algo a lo que no estamos acostumbrados en este país", asegura. "Estamos ante un modelo caduco que debe modificarse".

La pérdida de estos trabajadores en una edad en la que todavía tienen muchos años por delante de vida laboral "es un problema de enorme calado para el tejido laboral vasco" porque "la evidencia nos muestra que las personas que pierden su empleo a partir de determinada edad encuentran enormes barreras, incluso discriminatorias, para encontrar otro trabajo. Por esto, en sectores que necesitan prescindir de gran cantidad de personal es necesario acometer tareas de recolección de esas personas en otras ocupaciones o sectores donde sus competencias puedan ser válidas". "Este es un trabajo pendiente que nuestra sociedad debe acometer ante la urgencia que el envejecimiento poblacional provoca".


También desde el ámbito económico, Julen Bollain, señala que "cada vez nos vamos a encontrar más en el mercado laboral este tipo de prácticas". A la empresa le interesa más 'mandar a casa' a su trabajador, que "normalmente cobrará mucho más que uno joven. Aunque, lo peor es que estas prejubilaciones no van a lleva aparejado un descenso del paro de los jóvenes", y esos puestos de trabajo se amortizan, desaparecen.

Por eso "a la empresa le conviene" porque los beneficios para ella son superiores al coste. "Al que no le conviene es al Estado y al sistema público de pensiones, que necesita cotizantes". De ahí que ahora se pretendan penalizar las prejubilaciones, recuerda. "Hace falta una reflexión muy profunda sobre el sistema de pensiones y sobre su financiación", para lo que considera necesario "abrir muchos melones", entre ellos el de las prejubilaciones, pero también el de la política fiscal y el de la transformación económica para abordar los cambios laborales que conlleva  la digitalización, señala Bollain.

 

Un gran agravio comparativo

Daniel Hermosilla, psicólogo, experto en Psicología del Trabajo, pone el énfasis en el "agravio comparativo" que suponen respecto al resto de trabajadores a los que no se les brinda esa posibilidad de jubilarse a una edad temprana con buenas condiciones económicas. Un agravio "con los compañeros que no han podido acceder a esas condiciones, que pierden el  grado de compromiso con la empresa". Y también con el resto de la sociedad, porque se entiende como "un contrasentido que a los trabajadores de otros sectores se les diga mientras tanto que tendrán que trabajar hasta los 70, quieran o no". "El agravio es enorme", dice. 

Además, señala que estas reestructuraciones tienen mucho que ver con la digitalización. "Estamos en una transición que conllevará muchos cambios en el mercado de trabajo" y alerta del peligro de que trabajadores que pueden dar mucho todavía en su vida laboral empiecen a sentirse, aún trabajando, que forman parte de los que ya han dejado de ser útiles para una empresa por superar una edad determinada.

El sociólogo. José Antonio Oleaga. destaca también "la contradicción con el discurso imperante de que hay que alargar la vida laboral de los trabajadores y que hay que cotizar más años". ¿Cómo casa eso con prejubilaciones a los 55?", se pregunta. "Es cuando menos un mensaje confuso", por lo que cree que  debería verse si es posible penalizar que las empresas lleven a cabo esto, aunque sean ellos las que lo financien. 

Además, considera que debería preocupar mucho más que "salga del mercado laboral gente con mucha experiencia que las empresas tiran por tierra". "Es un potencial que no se debería desperdiciar". sobre todo cuando desde las empresas se quejan habitualmente de las dificultades para atraer el talento. Pero Oleaga no tiene dudas sobre las preferencias de las empresas: "Aunque haya talento de 60 años, si hay de 40 lo prefieren , porque de entrada, va a ser más barato".

Iván García, de CCOO en el Banco Santander, asegura que desde que la reforma laboral se lo permite, en bancos como el suyo llevan "ERE tras ERE" y recuerda que supone "una destrucción de empleo en toda regla" que se edulcora con las bajas incentivadas o con las prejubilaciones. "Pero que destruye un empleo que ya no se recupera", dice. 
   

 

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