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Sin trabajo, sin casa y sin planes: la generación del 'aquí y ahora' porque "no hay otra opción"

En Euskadi, el 20% de los menores de 30 años están en el paro, los precios de los alquileres son los más altos del país y eso retrasa la emancipación hasta los 30 años

Un grupo de jóvenes. / EP
Un grupo de jóvenes. / EP

Los datos hablan por si solos. En Euskadi, en el mes de mayo, había 20.088 jóvenes menores de 30 años en paro, el 20%, y otros 7.813 en ERTE. En enero de 2021, España era el país con la tasa de desempleo juvenil más elevada de toda la Unión Europea. Los primeros. Con una tasa de desempleo superior al 37%, duplicando la media de la eurozona y a una distancia abismal de países vecinos como Alemania con un 6%, Suiza, 7,6% u Holanda con un 8,9%. Esto desemboca directa e inevitablemente en otra cuestión: la edad media de emancipación de los jóvenes vascos está en los 30 años, la cifra más alta de toda España cuya media nacional es de 26 años. Los nórdicos, los más rápidos, se independizan con 21.

"Sois unos vagos", "sois la generación nini", "sois unos niños mimados de papá", "que bien que estáis en casa mientras os lo pagan todo", "no queréis trabajar, solo queréis vivir y disfrutar la vida". Frases como estas las han escuchado jóvenes vascos que han pasado años y años estudiando; que tratan de conseguir, en algunos casos, su primera oportunidad laboral; que van saltando de trabajo en trabajo precario, con sueldos miserables y que sí, siguen viviendo en casa con sus padres, pero no siempre por voluntad, sino porque no les queda otra opción.

Irati Briñas es una de ellas. Tiene 25 años, ha estudiado Comunicación Audiovisual y confiesa que le da "muchísima rabia" tener que escuchar estas acusaciones "tan injustas". Confiesa que ha perdido la esperanza en que esta situación mejore, al menos en el corto plazo, y considera que como sociedad esto nos deja en una situación "bastante lamentable". "Yo no quiero ser una esclava de un trabajo que únicamente me de para vivir una vida en la que la única cosa que haga sea trabajar. Simplemente quiero ser independiente, tener una vivienda propia, tener un empleo y un salario digno. Creo que no es una gran solicitud de vida ni un gran sueño", comenta Briñas.

Volar del nido

El último informe elaborado por el Observatorio Vasco de la Juventud del Gobierno vasco en diciembre de 2019, antes de la pandemia, situaba el salario medio de los jóvenes en Euskadi en 1.164€. En el otro lado de la balanza, los precios de los alquileres que en las tres capitales vascas ronda los 750€, situando al País Vasco como la tercera comunidad autónoma con los precios más altos donde el metro cuadrado ronda los 12,3€. Aunque Euskadi siga siendo el lugar con los sueldos más altos de España, sus alquileres también lo son y esto imposibilita una emancipación temprana con total independencia económica.

Esto es justamente lo que le ocurre a Ekaitz Retamosa. El tiene 26 años, ha trabajado varios veranos haciendo prácticas en medios de comunicación y ahora va tirando con contratos de sustituciones. Asegura que ha mirado pisos y alquileres pero que se ha topado con "precios desorbitados por cuchitriles". "Con el poco trabajo que tenemos, las condiciones que nos dan, y lo poco que se cobra, hace casi imposible poder independizarse si no es con ayuda, y yo tengo claro que cuando lo haga lo haré solo, sin pedir nada a mi familia", detalla Retamosa. Sin embargo, esta visión es bastante diferente a la que tiene Mikel Larrañaga. Él tiene 28 años, es tecnólogo de los alimentos y está seguro de que "hay muchos trabajos".

"Nadie se queda sin trabajo, lo que pasa es que no quieren los trabajos que hay. Puedes trabajar en una tienda, de repartidor o en un bar... igual no hay trabajo de presidente del Gobierno, obviamente, pero la gente se ha vuelto muy exquisita", considera Larrañaga. El tema de independizarse tampoco es un tema que le preocupe en exceso y "no ve tan mal" el hecho de salir de casa a los 30, por ejemplo, por las deducciones fiscales que eso puede suponer para las familias.

Sin proyecto de familia a la vista

Virginia Blanco es profesora, y es una de esas jóvenes que sí ha logrado emanciparse de casa con 26 años. "Estoy cansada de que me digan que soy afortunada por tener trabajo, vivir de alquiler y estar independizada económicamente. Tengo trabajo sí, pero sobrevivo gracias a lo poco que pude ahorrar viviendo en casa y años con trabajos puntuales, precarios, temporales y bochornosos por el simple hecho de ser joven", explica Blanco. Confiesa que muchas veces se ha planteado si debería volver a casa y así ahorrarse la cantidad de facturas de coche, seguro, luz, agua, gas comida... pero cree que eso retrasaría su idea de formar una familia y ser madre, cosa que, a día de hoy, ve "totalmente imposible".

Esta idea de emprender proyectos familiares en el corto plazo es algo que sobrevuela por la cabeza de más jóvenes, como Alberto Moreno. Él también tiene 26 años, estudio ADE y Derecho y cree que la visión de esta generación dista mucho de la que, por ejemplo, tenían sus padres por los cambios culturales y sociales. "Antes nuestros padres empezaban a trabajar mucho antes. Terminaban de estudiar, o incluso antes, y ya tenían un pie en un puesto de trabajo. Ahora la primera oportunidad laboral "buena" puede que nos la den con 25 o 26 años y eso hace que todo se posponga: tener una pareja estable, una familia, una casa o incluso un coche", opina Alberto Moreno.

Según datos publicados en enero de este año por el Instituto Internacional de Estudios sobre la Familia, solo el 26,3% de los jóvenes españoles ven prioritario formar una familia. Además, según un estudio elaborado por esta entidad, la prioridad para la juventud española es prosperar en su vida profesional por encima de formar una familia y un 68% pone por delante el hecho de viajar. La falta de dinero y de tiempo son las principales razones que dan a la hora de exponer estas respuestas.

Una carrera, dos másteres, y tres idiomas

La generación mejor formada de la historia. Mil veces han escuchado esa frase y nada más lejos de la realidad. Sin embargo, cabe la pregunta de si esa tendencia a prolongar la formación es por gusto o porque no les queda otra alternativa. "Para que te contraten ya no vale con que tengas una carrera. Tienes que tener másteres, idiomas, experiencia, Erasmus... y si no, te quedas estancado en esos convenios de prácticas que se han quedado tan instaurados en las empresas, que encima no cotizan para la Seguridad Social, apunta Jorge Gómez, que tiene 26 años y también estudió ADE y Derecho. "Mis padres no son graduados universitarios, y han ganado unos sueldos que yo no voy a ganar en la vida. Y además, todo el dinero que he invertido en formarme, no lo voy a rentabilizar hasta dentro de muchas años", argumenta Jorge Gómez.

La formación, para Monike Markaida que tiene 25 años, no es para nada la salida a esta compleja situación. "La mayoría de las carreras son bastante teóricas y cuando llegas a tener un trabajo, no tienes la formación que se precisa. Pero es que en ese empleo tampoco te forman porque prefieren a gente especializada con más garantías porque no tienen dinero ni tiempo para formarte. Creo que ahora todo funciona más por enchufismo, y la persona enchufada pues sí vivirá bien. Yo tengo mi carrera, máster en el extranjero y tres idiomas y eso les da igual", considera Markaida.

Este planteamiento es algo que comparte bastante David Edroso, estudiante de Publicidad de 22 años. Él cree que aquí todo se basa en la "titulitis" y en "premiar los enchufismos". "Oigo a menudo a empresarios que se quejan de la actitud de los jóvenes respecto al trabajo. Con todo el respeto del mundo, llevo desde los 16 años trabajando y estudiando y eso no me hace mejor persona ni “mejor adulto”. Todo lo contrario. Estoy harto de salarios precarios, de hipotecar veranos en trabajos que no me gustan en los me exigen cobrar en negro o directamente ser un becario más. ¿Donde quedan mis sueños de emprender? Exacto, en mis sueños", explica Edroso.

Emigrar al extranjero, ¿una oportunidad o la única salida?

Casi el 85% de los jóvenes vascos estaría dispuesto a marcharse fuera de España para trabajar. La famosa "Fuga de cerebros". Naiara Cámara tiene 27 años, se independizó con su pareja cuando tenía 19 años y siempre ha tenido algún trabajo. Sin embargo, ella cree que las empresas no valoran los esfuerzos que hacen por formarse y que eso lleva a que muchos tengan que irse al extranjero. "Somos los mayores educadores de Europa. Hay muchísima gente muy cualificada aquí en España y no se les ha dado valor, se han ido al extranjero y están triunfando", apunta Naiara Cámara.

Esto que Naiara planta como vía de escape, Daniel Olarte lo ve como una posibilidad a la que hay que adaptarse. "Parece que nos limitamos únicamente a nuestra ciudad o a nuestro país, pero si nos buscamos la vida encontraremos nuestra oportunidad. No nos podemos quedar limitados ni cerrarnos en banda y demostrar esa formación que tanto nos ha costado conseguir. Es lo que nos demanda ahora la sociedad", considera. Olarte tiene 28 años y aunque es abogado, las condiciones que encontraba en su sector no le parecían buenas y optó por sacarse una oposición y ahora es Miñón.

En el caso de Garazi Sola, no es para los cuerpos policiales, pero ella también está preparando una oposición. "Todos estamos muy poco optimistas. Antes no encontraba trabajo de lo mio, pero es que ahora ya no encuentro de nada y con la pandemia todo ha ido a peor. Por eso también me he interesado en trabajar para la administración, al menos llegaré a fin de mes y luego ya en mi tiempo libre trataré de hacer algo más relacionado con mis estudios de arte", añade.

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