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Los astilleros vascos se mantienen a flote pese a la crisis y acumulan carga de trabajo hasta 2023

Más allá del desmantelamiento de La Naval, el sector se ha reinventado con fuertes inversiones en tecnología y versatilidad para centrarse en buques se alto valor añadido

Dos barcos construidos en los astilleros vascos de Zamakona. CV
Dos barcos construidos en los astilleros vascos de Zamakona. CV

En tiempos de crisis, el sector de los astilleros vascos tiene buenas noticias, demostrando que hay vida y mucha, para el sector más allá de La Naval, el mítico astillero de Sestao ahora en proceso de liquidación. Los tres astilleros vascos, Zamakona, Balenciaga y Murieta,  acumulan pedidos que garantizan carga de trabajo hasta 2023. 

El mérito es mayor aún si se tiene en cuenta que seis de los nuevos contratos se firmaron en 2020 -el 33% de todo lo que se contrató a nivel estatal- y dos en 2021, es decir, en plena crisis económica derivada de la pandemia el Covid-19 y con la movilidad internacional reducida a la mínima expresión, algo que también ha tenido una importante repercusión en la construcción de barcos, y  especialmente en lo que se refiere a los destinados a los cruceros. 

Estos ocho nuevos busques adjudicados a los astilleros vascos s  suman  a los que ya estaban en construcción en sus instalaciones con lo que son 17 los buques que saldrán de los astilleros vascos en los próximos años: Siete de las instalaciones de Zamakona, en Bizkaia, seis de Balenciaga y cuatro más de astilleros Murueta, ambos situados en Gipuzkoa. 

Una situación "buena", teniendo en cuenta el contexto económico actual, y que fuentes del sector atribuyen a la capacidad que han tenido los astilleros vascos de reinvertarse mediante una apuesta clara por la inversión en I+D y sumarse de lleno al carro de la  industria 4.0 y la digitalización. Esto les ha convertido en astilleros versátiles, capaces de adaptarse a las necesidades del armador en cada momento y con capacidad para construir desde un barco pesquero a un crucero, a plataformas off-shore con la más alta tecnología y alto valor añadido y con tecnología cada vez más verde. 

Esa capacidad de poder dar respuestas "individuales" a las demandas de los astilleros es lo que hace hoy por hoy atractivos a los astilleros vascos en el mercado internacional, pese a las dificultades que existen en muchas ocasiones para competir en precio. 

El momento dulce de los astilleros vascos, que coincide en el tiempo con el desmantelamiento definitivo de La Naval, no es del todo trasladable a las empresas de ingeniería y componentes, cuya facturación dependen mucho de la exportación y del comercio internacional que se ha parado durante la pandemia. "De hecho, entre el 70 y 75% de esta facturación depende del exterior",  recuerda Javier López de Lacalle, director gerente del Foro Marítimo Vasco, que considera que para estas empresas  "se tardará al menos dos años en volver a niveles previos a la pandemia", dice. Aunque poco a poco se está reactivando el  mercado, "la evolución está siendo mucho más lenta de lo que estaba previsto". 

El año pasado el sector dedicó  a I+D un 8% de la facturación que ascendió a 2.850 millones de euros, teniendo en cuenta a los astilleros, las empresas de componentes y la industria axuliar. En su conjunto emplean a 13.700 personas.

 

 

 

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