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Bermejillo y un adiós discreto tras salvar Vicrila

El directivo encara nuevos proyectos tras dejar por sorpresa la fábrica de vasos de vidrio, a la que salvó del cierre

Bermejillo conversando con Urkullu en una visita a la fábrica / Irekia
Bermejillo conversando con Urkullu en una visita a la fábrica / Irekia

Si Vicrila fuese un equipo de fútbol hoy se contaría que Fernando Bermejillo cogió el equipo el último, hundido, y le llevó a jugar la Champions League. Su salida discreta del proyecto Vicrila ha soprendido en el entorno de la histórica fábrica vizcaina, a caballo entre Leioa y Getxo, porque se sabía de su espíritu vicrilero y ahora es cuando le tocaba disfrutar de una etapa de alegrías después de una resurrección marcada por la pandemia. Fernando Bermejillo mira a otros retos tras sacar a Vicrila de la UCI y dejar blindado su futuro.

La sensación que deja es buena tanto entre la propiedad como entre los trabajadores, a pesar de un último desencuentro con el comité de empresa por unas cantidades pendientes de cobro de la fase de liquidación en los años 2017 y 2018. Se dice que este puede ser el motivo detrás de su marcha, pero él prefiere centrarse en lo positivo y en sus círculos más cercanos apunta sobre todo al deseo de abrir otra etapa para dedicarse plenamente a sus otras obligaciones. Socio de Rodas Capital, Bermejillo se dedica ahora a lo que mejor sabe, sacar adelante empresas lastradas por la deuda pero con un corazón sano que puede seguir latiendo.

Dice que siempre vio a Vicrila así, como un proyecto viable a pesar de las deudas. Y eso que cuando aterrizó en Lamiako para coger las riendas de la fábrica pocos pensaban que iba a ser capaz de obrar el milagro de sacar adelante el proyecto industrial. Al contrario, la sensación entre gran parte de la plantilla es que llegaba como un enterrador, dispuesto a vender la planta por piezas para dejar sitio para nuevas promociones inmobiliarias. El hecho es que la idea tampoco era del todo descabellada porque muy cerca, en la parcela de al lado junto a la ría, han brotado ya nuevas viviendas.

Un acuerdo que blindó la resurrección

Pero no era ese el destino de una de las fábricas más longevas de Euskadi, más de 130 años a sus espaldas. Fernando Bermejillo, tras haber desarrollado su carrera entre Bilbao y Zaragoza, llegaba a Lamiako con un plan y, aunque costó lo suyo, finalmente dio con dos familias de industriales (Lanzagorta y López Ante) dispuestas a invertir para seguir haciendo vasos de vidrio. Había un peaje en el capítulo salarial importante para poder salir de la liquidación, y en ese frente debió Bermejillo emplearse a fondo para conseguir la aprobación de los representantes de los trabajadores, con quienes ha tenido hasta su marcha una buena relación.

Con nuevos propietarios, paz social y músculo económico para hacer inversiones en mejorar la productividad Vicrila salió de la UCI a finales de 2018 y completó un 2019 de ensueño. Pero de nuevo otra fuerte sacudida, la del covid, obligó a Bermejillo a reinventarse. Sin actividad en la hostelería la fábrica vizcaina sobrevivió esos meses de 2020 tras el inicio de la pandemia a base de fabricar vasos de Nocilla para uno de sus principales clientes, Idilia Foods. Otro match ball superado y, ahora sí, Vicrila mira al futuro con optimismo. No llevará el timón hacia esos nuevos horizontes Bermejillo, un directivo que ha dejado huella en la histórica fábrica de vasos y copas de vidrio y que se anota un tanto en su currículum como gestor de empresas. Antes Bermejillo, licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco (UPV), había pasado por firmas como PriceWaterHouseCoopers, Benito y Monjardín o Aceros del Ebro.

Las inversiones pendientes en Vicrila, en especial el cambio de horno pendiente para 2025, correrán a cuenta del nuevo director general, Pablo Alonso. Bermejillo no perderá detalle de los designios de la factoria, a la que augura una larga y próspera segunda vida.

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