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Cuando la política 'avinagró' los vinos de Rioja Alavesa

La decisión del Gobierno vasco de tramitar la inscripción de la denominación "Viñedos de Álava" tensiona a las bodegas de Rioja Alavesa y debilita el liderazgo de ABRA (Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa)

Viñedos de Rioja Alavesa / EP
Viñedos de Rioja Alavesa / EP

La decisión del Gobierno vasco de dar continuidad al trámite para inscribir la nueva denominación "Viñedos de Álava" ha agitado de nuevo a las bodegas de Rioja Alavesa que, en su mayoría son contrarias al proyecto. El movimiento para crear una denominación vasca cuestiona de nuevo el liderazgo de la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa (ABRA). Se trata de la plataforma a través de la que se ha tramitado la iniciativa que de la nueva denominación alternativa a la DOCa Rioja. Varias bodegas de la comarca recuerdan que este nuevo paso se ha dado sin que, "una vez más, se haya trasladado información alguna" y recuerdan que solo unas cuarenta bodegas del centenar de asociadas a ABRA respaldaron el movimiento. Una minoría que en los últimos años se ha ido adelgazando, aunque desde la asociación nunca se han hecho públicos esos datos.

Este año ABRA debe celebrar una nueva asamblea para renovar su Junta Directiva y ya se prevé de nuevo una situación tensa en la que diferentes bodegas consultadas por ´Crónica Vasca´ han señalado que plantearán la necesidad de no seguir insistiendo en esta vía del denominación vasca. 

La división ha llegado también al PNV

La inmensa mayoría de las bodegas no comparte este movimiento de ruptura para unos, de defensa de la idiosincrasia y la vitivinicultura de Rioja Alavesa para otros. Pero la división ha llegado también al PNV que, desde el Gobierno vasco mantiene una postura que permite avanzar en la creación de la denominación propia, mientras que en la Diputación de Álava se posiciona abiertamente a favor de diferenciar la zona de Rioja Alavesa, pero dentro del paraguas de la DOCa Rioja. El Ejecutivo vasco ha recordado también en alguna ocasión que con este movimiento solo da cauce a una demanda de un grupo de bodegas que sigue sin hacerse público. En cualquier caso, solamente la directiva de ABRA entre las agrupaciones del sector y EH Bildu, desde la política, han defendido públicamente la necesidad de insistir con la nueva denominación. 

Un problema de proyecto vitivinícola y empresarial

Más allá de llevar la cuestión de las banderas a los viñedos, la problemática que vive el sector tiene una base empresarial y de proyecto vitivinícola realmente grave. Y es que en la Denominación de Origen Calificada Rioja conviven terrenos, climas y empresas muy diversos en un espacio amplísimo y que en muchos casos tienen muy poco que ver entre sí. Se pueden encontrar modelos enormes como García Carrión en Labastida o Faustino en Laguardia, con unas producciones anuales de botellas que alcanzan de modo sobrado los cinco millones de unidades. Estos gigantes comparten denominación con otras pequeñas bodegas, en muchos casos de origen familiar, con producciones que rondan en el mejor de los casos, las 500.000 botellas. Son negocios que tienen muchas fincas, muy repartidas, colgadas en las laderas de la Sierra de Cantabria y en las que no se puede introducir un criterio de agricultura industrializado que abarata los costes. Son viñas viejas, cultivadas en vaso, que requieren un trabajo manual, una poda en invierno, la espergura en el arranque del verano... En definitiva, un trabajo artesanal que se nota en el resutaldo. 

La DOCa Rioja no ha logrado resolver el problema para diferenciar un producto "Rioja crianza" que se puede encontrar a precios tan dispares como 5 o 18 euros

Pero en el mercado conviven ambos modelos con la misma etiqueta "Rioja", uno de producción masiva que abarata el precio, y otro de producción muy reducida que busca en la calidad y la diferenciación la argumentación de un precio más caro. Pero para el consumidor la descripción es la misma: "Rioja Crianza", uno a 5 euros, el otro a 18 euros. Son elementos que condenan a las pequeñas bodegas a competir en un modelo que prima la producción y el precio, frente a la calidad y el margen en cada unidad. 

Necesidad de diferenciación

Sobre este problema de modelo de negocio, se añade además el de la calidad del vino. Los mercados maduros que buscan una mayor diferenciación en los caldos. De tal modo que se pueda determinar, no la región, sino el pueblo de donde procede un vino. Así, el catador de Robert Parker en España, Luis Gutiérrez, ha llegado a defender que "la no diferenciación de los vinos es la filoxera del siglo XXI". Y denominaciones de origen como la de Burdeos, cuentan con más de una treintena de subzonas en su delimitación.

La no diferenciación de los vinos es la filoxera del siglo XXI

Cuando la política aterrizó en el problema

El problema estalla cuando los pequeños productores reclaman la necesidad de diferenciar en las etiquetas de Rioja sus diferenes subzonas, como la de Rioja Alavesa. La representación en el Consejo Regulador de los grandes dificultó ese movimiento ralentizándose cualquier posibilidad de recalcar "Rioja Alavesa" en la etiqueta de la DOCa Rioja. Es cuando la política aterrizó y, lejos de solventar el problema, terminó de complicarlo. El Gobierno vasco inició con fuerza hace seis años un movimiento para crear una denominación vasca y, enfrente, el Gobierno de La Rioja enceló aún más sus posiciones. El resultado fue que un problema técnico y de modelo del sector se acabó llevando a los discursos políticos generando conflicto y dañando la marca de las bodegas de Rioja Alavesa. Una prueba es que hoy el apoyo a la denominación vasca es mucho menor que hace seis años. 

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