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El empresario vasco que ha hecho con aceite de cocina combustible para aviones

Rafa Lavín es el director general de Oleofat, la compañía que ha tratado los residuos de aceites alimentarios para que Petronor pueda fabricar su primer biocombustible para aviación

Rafael Lavin, director general de Oleofat./ Isobox
Rafael Lavin, director general de Oleofat./ Isobox

Hace unas semanas aterrizaba en el aeropuerto de Bilbao el primer vuelo comercial que utilizaba el biodiesel elaborado por Petronor y Repsol para tratar de reducir las emisiones del tráfico aéreo, uno de los que va a necesitar más tiempo e investigación para avanzar hacia la descarbonización. Pero en la confección del 'biojet', la aportación de un empresario alavés ha sido clave y el fruto, además, de varios años de trabajo e investigación y de algún que otro fracaso. 

Rafa Lavín, el director general de Oleofat, cuenta para 'Crónica Vasca' cómo ha sido este proceso y el papel que sus plantas de Tudela y Caporroso (Navarra) han desempeñado para poder poner en el aire el avión de Iberia del trayecto entre Madrid y Bilbao, un Airbus 320neo con capacidad para 180 pasajeros. La aportación de su empresa es la obtenida del tratamiento de aceites residuales de cocina. Según explica Lavín, para obtener una materia prima con la que fabricar un producto con las especificidades del queroseno "fue necesario hacer muchos ensayos y analizar cómo utilizar los ácidos grasos ligeros procedentes del aceite". Como señala Lavín, su apuesta comenzó en 2015 con el tratamiento de residuos de la industria agroalimentaria para analizar posibles usos. Uno es el combustible de aviación, pero las posibilidades son variadas, de hecho, la compañía ha ampliado capital gracias al fondo ABE Capital, impulsado por el Gobierno vasco, para poner un marcha un iniciativa en esta línea en Euskadi. 

 

Repsol nos preguntó si éramos capaces de, con aceites residuales, hacer una materia prima con una serie de características

 

Oleofat trabaja en biocombustibles y tratamiento de residuos alimentarios, pero busca la expansión del grupo a mercados de mayor valor añadido, como el cosmético y nutracéutico. La compañía, dirigida por Rafael Lavín, tiene sus oficinas centrales en Vitoria y cuenta con instalaciones productivas en Tudela y Caparroso (Navarra) y factura anualmente algo más de 40 millones de euros.

En cuanto a la aeronáutica, los trabajos comenzaron en 2019, cuando Repsol "nos plantea si podemos hacer la materia prima con aceites residuales", el aceite de cocina que luego trataría la empresa de hidrocarburos para obtener HVO (aceite vegetal hidrotratado), un diésel que puede contaminar hasta un 90% que el diésel tradicional. Lavín explica que, tras esos trabajos, comenzaron la fabricación el pasado mes de junio y en julio entregaron las primeras 2.000 toneladas para que Repsol comenzará la confección del 'biojet' en su planta de Puertollano y en la de su filial, Petronor, en Bizkaia.

Las primeras pruebas y el primer vuelo han sido un éxito, como explicó Petronor hace unas semanas, y abren, además, una línea de trabajo para Oleofat de especial interés, ya que el sector aeronaútico ha de avanzar con este tipo de combustibles en los próximos años hasta que puedan ser reales otras alternativas como la eléctrica o la del hidrógeno, todavía muy lejanas. De hecho, la Comisión Europea ha planteado el pasado mes de julio una serie de medidas que pasan por implementar este tipo de combustibles SAF (siglas en inglés de combustibles sostenibles para aviación) en un 2% de los vuelos en 2025, un 5% en 2030 y el 63% en 2050. 

 

Para llegar a este punto ha hecho falta una larga trayectoria también con fracasos

 

Pero esto ha sido el final de una historia que comenzó mucho antes, y no exenta de fracasos. Rafa Lavín explica que la llegada de su actividad al biocombustible fue en 2008, cuando "participé como socio en un proyecto de biodiésel, entonces este tipo de combustible estaba arrancando con mucha fuerza, pero no supimos protegerlo", explica, "y se frustró por la llegada de competencia desleal extranjera. Hubo muchas exportaciones argentinas con 'dumping' que rompieron el mercado". Esta caída sirvió a Lavín para comprender que "el negocio estaba en las materias primas". Y esa fue la apuesta empresarial que empezó a tomar forma en 2015 con un crecimiento paulatino, "orgánico", "primero con una instalación de 1.000 metros, luego 10.000 metros cuadrados", donde trabajar en la recuperación y tratamientos de residuos y ver diversas aplicaciones. 

Después llegó la adquisición de un centro de tratamientos de Koipe y Carbonell y la apuesta por I+D para trabajar en el tratamiento de los residuos de la industria agroalimentaria, su transformación y diferentes aplicaciones como el biodiésel. Una tarea que, además de elaboración de los materiales para el combustible de aviación abre otra vía de trabajo para Lavín como la elaboración de hidrogeles, tan empleados durante la pandemia. Además, la compañía participa en otro proyectos de economía circular como el biogás y el biometano obtenido tras el tratamiento de purines y otros residuos y que puede conectarse a la red de gas convencional. Con este objetivo, la compañía desarrolla un proyecto en Ólvega (Soria). 

Oleofat trabaja ahora en un proyecto de economía circular en Euskadi y, según explica Lavín, en contacto con el Gobierno vasco. El objetivo es seguir descubriendo nuevos usos para el aceite tratado y ampliar el actual modelo. 

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