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El Fondo eléctrico del Gobierno afila el enfrentamiento entre Repsol e Iberdrola

La propuesta del Gobierno de España para que las petroleras asuman el coste de las inversiones en renovables de estos últimos años eleva la tensión entre Imaz y Galán

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, y el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán / EP
El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, y el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán / EP

La guerra fría entre Repsol e Iberdrola se tensa aún más después de que el Gobierno de España ya haya trasladado oficialmente esta semana su intención de imputar a las petroleras los 7.000 millones de euros que cuestan anualmente la financiación de las inversiones hechas en las renovables. Se trata del Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico (FNSSE), el mecanismo por el que el Gobierno quiere que el coste de la energía verde pase de residir en la factura de la luz que pagan los ciudadanos a repartirlo entre las compañías energéticas en función de su emisión de CO2. Es una de las apuestas por abaratar el coste energético.  

El presidente de Repsol, Josu Jon Imaz, ya lo advertía claramente hace unos meses en un foro del IESE, no está dispuesto a “pagar las fiestas de las eléctricas”, era su modo de marcar el terreno. En frente, Iberdrola, su presidente Ignacio Galán ha venido defendiendo un discurso centrado en “quién contamina, paga” y ha recibido con los brazos abiertos a la nueva Ley del Cambio Climático que consagra importantes objetivos para el desarrollo de las energías renovables, una ola en la que Iberdrola lleva centrando el negocio desde hace tiempo.  

El Fondo planteado por el Gobierno busca rebajar el 13% de la factura de la luz en 2025 y establece un pago progresivo para las empresas energéticas no renovables que va desde los 954 millones de euros en este año, hasta los 4.765 millones de 2025. Una cantidad que saldrá de las cuentas de resultados principalmente de Repsol, Cepsa y BP.  Todo lo que paguen estas compañías es lo que descenderá la factura de la luz.  

Repsol, como el resto de las petroleras, ha planteado un contundente rechazado a la medida. El sector no deja de señalar lo injusto de una situación en la que las empresas de energías renovables han estado años apoyadas por subvenciones públicas para salvar su rentabilidad, mientras que ellos con el gas o los hidrocarburos generaban el suministro que garantizaba el abastecimiento. Imaz, iba aún más allá, al señalar que el fondo del gobierno es “para pagar a los fondos de inversión, en muchos casos especulativos” que invirtieron en un sector de renovables dopado por las subvenciones públicas. Y es que a Repsol, la creación de este fondo del Estado le puede llegar a costar 1.400 millones de euros.  

Por su parte, el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, ha intensificado el discurso de “quién contamina paga” que comenzó a plantear tras la cumbre climática de París en 2015. Así lo destacó en la última reunión del Foro Económico Mundial de Davos, cuando señaló que los que contaminan “deben saber que tiene un coste. Ellos tienen que pagar. Lo tienen que tener presente los que hacen las regulaciones”. La reciente aprobación de la Ley del Cambio Climático ha sido también una palanca para Galán que también se ha referido al riesgo de “burbuja” en las renovables con la cantidad de proyectos y anuncios de salida a bolsa.  

El escenario pilla en situaciones muy diferentes a estas dos compañías. Iberdrola anuncia 75.000 millones de inversiones hasta 2025 para elevar su potencia instalada a 60 GW, el doble de la actual. Es la estrategia de Galán para recoger en la cascada de millones de los Fondos Europeos. La eléctrica vasca, gracias a su fuerte posición en el mercado, está rentabilizando también las nuevas formas de financiación como las emisiones de bonos verdes, los GdO (Sistemas de Garantías de Origen), además de ganar una posición de oro en el sueño americano de la energía abierto por la administración Biden en Estados Unidos, donde va a instalar el primer gran parque eólico marino con 800 MW. Iniciativas que se traducen en su cuenta de resultados con unas ganancias récord de 3.611 millones de euros el pasado año

Por el otro lado, Repsol, que sufrió en 2020 unas pérdidas de 3.800 millones de euros, está en pleno proceso de replanteamiento de su industria de generación. La dependencia del petróleo y el refino hacen que la empresa presidida por Josu Jon Imaz haya tenido que forzar los pasos con un plan estratégico de 18.300 millones hasta 2025.  Pero esa inversión es solo el principio. Espera añadir la que encuentre en un socio financiero y en la Bolsa al sacar a los mercados su compañía de renovables, que es ahora la prioridad. Además, Repsol ha puesto en marcha un plan de desinversiones para completar su transformación verde en la que aspira a obtener algo más de 2.000 millones por la venta de una cuarta parte de su filial comercial.  

La carrera por el hidrógeno 

Los dos gigantes energéticos están también desarrollando una carrera por liderar la gestión del hidrógeno y que tiene en Euskadi un escenario de referencia donde están desarrollando proyectos estratégicos para posicionarse. Petronor, la filial de Repsol, lidera su corredor vasco del hidrógeno. Un proyecto que contempla más de 1.000 millones de inversión y que es la apuesta para transformar la planta de refino del Puerto de Bilbao. Por su parte, Iberdrola se está dejando querer por el Gobierno vasco para instalar una fábrica de electrolizadores en Euskadi con una inversión de 100 millones de euros, además de su “Y vasca del hidrógeno”, una red de hidrogeneras en la principal red carreteras vascas.  

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