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La Naval de Sestao: "Me moriré sin creerme lo que ha sucedido"

Trabajadores de la Naval recuerdan la historia de reconversión del último símbolo de la potencia industrial en Bizkaia

Sestao, diciembre de 1999
Sestao, diciembre de 1999

La Naval de Sestao aglutinaba en sus inicios infinidad de sectores industriales, desde un tornillo hasta un barco, pasando por transatlánticos, trenes, carros de combate, incluso apisonadoras.  Durante su andadura, el astillero ha llegado a construir más de 200 barcos, entre ellos buques gaseros y dragas de succión, en los que estaba especializado. En los momentos de mayor actividad, llegaron a formar parte de la fábrica más de 2.000 trabajadores. Años de prosperidad  que se han visto mermados por diferenes restructuraciones empresariales antes de su privatización y últimos años de agonía. Tras consumarse el cierre irreversible en 2018, la empresa contaba con 177 trabajadores de los que 150 tenían garantías de seguir trabajando en la construcción de buques a través de la sociedad Navantia con astilleros en Ferrol, Puerto Real, Madrid o Cartagena. Para otros, la situación personal ha impedido el traslado o no tenían garantías para realizarlo. 

José Hoyo es uno de ellos, entró al astillero en 1982 como tubero, con 17 años fabricaba los conductos en el taller y 10 años más tarde trabajaría a bordo, colocando los mismos elementos en el barco. "El interior es como las venas en el cuerpo humano, puede tener hasta 10km de tuberías lineales", recuerda. Él, como cientos de trabajadores, en la fábrica, han vivido el esplendor y el último aliento del emblemático astillero, pasando por todos los procesos de reconversión que han señalado el camino hacia un inevitable concurso de acreedores que ya venían anunciando las numerosas pérdidas que la compañía acumulaba en los últimos años y enmarcadas en un sector globalizado y marcado por las crisis que han acechado desde hace años al sector industrial.

Ya en 1973, con la primera crisis del petróleo, los astilleros del país se tambalean. Se habla de una profunda reconversión en el sector Naval después de inversiones colosales para levantar los astilleros más modernos y eficientes del sector. Si bien la falta de voluntad y el temor a la tensiones sociales durante la transición dejaban la puerta abierta a una reconversión definitiva. En 1982, el Gobierno se encuentra unos planes poco avanzados para resolver los problemas en la industria española que apenas habían entrado en vigor. Era necesario reducir aún más las plantillas, disminuir la capacidad productiva de sectores como la siderurgia y la construcción naval y con ese efecto nace el libro blanco de la reconversión industrial, donde se detalla un plan para cada uno de los sectores industriales. 

A lo largo de su historia, La Naval ha sufrido varios procesos en este contexto. El primero y el más conflictivo en el periodo de 1984 y 1985, tal y como lo recuerda el historiador del movimiento industrial, Ángel Comonte; en la que desaparecieron pequeños y medianos astilleros en torno a uno de los primeros objetivos en materia de recuperación ambiental en Bilbao. En una segunda fase de reconversión en 1988, y tras un largo proceso de resistencia por parte de los trabajadores, le llega el cierre definitivo a la compañía de construcción naval Euskalduna después de haber reducido la actividad a la reparación de buques dejando un 10% de la plantilla inicial, así como a otros grandes astilleros de la zona. En esta ocasión, La Naval y toda su industria auxiliar se ve afectada pero no pierde el astillero, que adquiere, de hecho, a parte de los trabajadores de la factoría Euskalduna, manteniendo el convenio .

En este contexto, se crean los Fondos de Promoción de Empleo para los trabajadores excedentes, lo que les da derecho a una cobertura económica con la que su contrato de trabajo queda suspendido de cara a una recolocación en otras áreas industriales. "En La Naval se acaban salvando los puestos fijos pero no sabían si en ese momento les podían derivar a Galicia, a Valencia o Andalucía", relata Comonte cuyo padre y abuelo han formado parte de la fábrica, "había mucho miedo y gracias a los pactos con sindicatos se consiguieron las prejubilaciones con buenas condiciones, a costa del cierre del tejido empresarial y pérdida de empleo, lo que no equivale a una reconversión, como la propia palabra indica, el hacer un cambio. Lo que se ha hecho en este caso es una reestructuración".

Siete años después, los reajustes vuelven a golpear al astillero de nuevo con reducciones de pantilla, que se mantiene en unos 1.200 trabajadores tras las prejubilaciones. Poco después, se daría el primer intento de privatización. La entrada a la comunidad económica europea supuso una vuelta de tuerca al carácter público de todos los astilleros al obligar al sector a adaptarse a la normativa comunitaria, reduciéndose gradualmente las ayudas públicas y abriéndose el mercado español a la competencia europea. A final de la década se plantea entonces la fusión entre astilleros civiles y militares, IZAR Construcciones Navales, posteriormente conocida como Navantia. Finalmente, en el año 2006 se separa por completo de la administración y sufre un nuevo proceso de reconversión que se salda con unos 300 trabajadores en plantilla. Entonces cobraban el 74% del salario y se cotizaba por el 100% hasta alcanzar la edad de jubilación. "Las condiciones laborales eran buenas porque responden a una continua lucha sindical. Mi padre llegó a estar 43 de huelga", recuerda Hoyo. 

Crónica de una muerte anunciada

En el 2014 La Naval se enfrenta a su última reducción de plantilla antes de entrar en proceso concursal. El balance con el que cerró esos últimos años, dejaba al astillero en una situación muy próxima a la quiebra, fondos negativos de 51 millones de euros y pérdidas acumuladas de 107 millones antes de su cierre atribuidos a una mala estrategia y gestión de sus accionistas principales Ingeteam y Astilleros Murueta. A pesar de capitalización inicial, una plantilla especializada, tecnología avanzada y un producto adaptado al mercado, lo esencial no abastecía las necesidades del astillero, carecía de beneficios. Ante el inminente cierre, sus escasos trabajadores han tenido que optar una indemnización o la reubicación en diferentes puntos del país.

Según cuenta José Hoyos, la peor reconversión que ha habido con diferencia. Las prejubilaciones entonces no es comparable a la dureza de las condiciones en el cierre definitivo. Las dos decisiones han sido muy difíciles de tomar. "No me creo lo que ha sucedido, moriré sin acabar de creérmelo". En total, 69 trabajadores, incluído Hoyos, rechazaron la reubicación en otras ciudades, la reincorporación conlleva una seguridad "pero muchos se recorren más de 500km todas las semanas para visitar a su familia" y muchos no pueden permitírselo.

Después de cuatro años en concurso de acreedores, La Naval no ha logrado que ningún grupo industrial asumiese su rescate. Ahora se venden sus terrenos y sus instalaciones para empezar casi de cero con un nuevo terminal logístico. La compra de La Naval de Sestao por parte de VGP, todavía sujeta a aprobación judicial, pone fin de forma definitiva a uno de los astilleros más importantes del País Vasco y el último emblema industrial de vinculación naval. El final de la historia cultural de una comarca.

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