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Mariasun Sáenz de Samaniego: “En las bodegas, posturas rupturistas no suelen ser buenas para nadie"

La directora de Ostatu, bodega referente en sostenibilidad, aboga por “cambiar las cosas desde dentro” y destaca que “en Rioja los grandes cada vez son más grandes y los pequeños cada vez son más pequeños y con más dificultades"

Mariasun Sáenz de Samaniego. / CV
Mariasun Sáenz de Samaniego. / CV

Formar parte de la bodega familiar no estaba entre sus metas, pero a día de hoy Mariasun Sáenz de Samaniego lidera, junto con dos de sus 5 hermano/as, Gonzalo e Íñigo, la Bodega Ostatu, que acaba de hacerse con el Premio Sostenibilidad 2021 que le destaca como una “empresa que demuestra la integración sistemática de criterios ambientales en su proyecto empresarial como motor de competitividad”.

Su incorporación a la viticultura se hizo rogar y la alavesa comenzó su trayectoria laboral en el mundo financiero, en el que recaló tras estudiar Económicas, y en el que permaneció durante 5 años. Sin embargo, “una situación familiar un poquito especial” hizo que en febrero de 2002 tuviera que dar un paso al frente y se incorporara a la actividad diaria de la bodega como directora. “Han pasado ya 20 años, madre mía”, suspira mientras recuerda “en casa siempre nos animaron a estudiar y parece que los chicos estaban más encaminados a trabajar en la bodega, pero lo cierto es que hace 25 años no había tantas oportunidades en el mundo del vino como se pueden ver ahora”. Recuerda que “de echar una mano cuando tocaba, nadie se libraba en casa”, que los veranos de tu periplo financiero los destinaba a viajes vinculados al mundo del vino y que “ver que el campo de desarrollo de este sector era importante", le ayudó a dar el paso.

Cuando no trabaja, a Mariasun le gusta viajar, conocer diferentes sitios, no tiene por qué ser lejos, se interesa por la historia de los lugares, la gastronomía y mantenerme activa, tanto física como a nivel psicológico. No se considera una persona “excesivamente exigente” y disfruta “compartiendo una buena comida, una buena cena y una buena conversación con los amigos”. Porque si por algo siente pasión esta alavesa es por la gastronomía, aunque a la hora de elegir un vino no le resulta fácil. “Depende del momento hay un vino u otro y yo, además, intento probar muchas cosas porque así vas aprendiendo”, asegura hasta reconocer que es “una enamorada de los vinos franceses”. “Me gustan mucho los blancos del Loira, me gusta su cultura del vino, ese gusto por las cosas sencillas, pero muy bien hechas”, explica.

Hoy en día en Bodegas Ostatu son 10 personas fijas durante todo el año, más las personas que se unen en los momentos fuertes de producción; comercializan unas 350.000 botellas aproximadamente, dedicando el 60% al mercado nacional y el 40% a las exportaciones; con una tendencia a los vinos singulares, que requieren mayor envejecimiento, pero sin abandonar los de maceración carbónica. “El viñedo propio, la pasión, la mejora continua y disfrutar del trabajo” son para su directora las señas de identidad de esta bodega.

Parece inevitable preguntar por la denominación de origen, si debe ser propia (Arabako Mahastiak-Viñedos de Álava), si una subdenominación dentro de Rioja... ¿cómo lo estáis viviendo?

Esto son procesos largos. Al final tenemos dos posiciones: quien está a favor de esta denominación de origen propia, fuera de Rioja, y otra parte del sector que no quiere perder toda la aportación que se ha hecho a la denominación Rioja. Yo veo las dos bastante complicadas, pero me parece muy legítimo y muy lícito que cada uno pueda decidir lo que considere que sea mejor para el desarrollo de su modelo de negocio. Esto durará todavía muchos años, porque son procesos administrativos muy lentos, y la situación te hace refrescar un poco tu postura, tu planteamiento.

Apunta a la necesidad de un cambio...

La gente lo que tiene claro es que en el modelo actual fallan cosas y que hay que ponerle remedio. Si tienes estructuras muy preocupadas por la calidad, por la sostenibilidad y con un nivel de exigencia alto, deberían ser apoyadas y no que salgan beneficiadas siempre las grandes estructuras. Podemos buscar esas formas de diferenciación que no dependan igual tanto de cauces administrativos. Se pueden hacer proyectos interesantes para tratar de romper la dinámica actual porque en Rioja los grandes cada vez son más grandes y los pequeños cada vez son más pequeños y con más dificultades.

Esa idea de buscar cambios dónde la ve más, ¿dentro de Rioja en esa subdenominación o fuera?

Considero que la postura mayoritaria de la zona, con la que me identificó, sería cambiar las cosas desde dentro. Posturas drásticas y rupturistas no suelen ser buenas para nadie. Ahora bien, para ese cambio es necesario voluntad y respeto a todos los modelos.

 

La tendencia de consumo a futuro es consumir menos, pero consumir mejor

 

Y 20 años de trabajo en la bodega dan para ver muchos cambios….

Desde luego, aunque creo que la clave en las bodegas de la zona, es la inversión en formación y la búsqueda de la calidad en todos los niveles: calidad del vino y calidad a nivel de gestión, de imagen... Ha habido una profesionalización del sector, de un sector que es muy exigente. Hay mucha dedicación, exige mucho sacrificio, el nivel de competencia es mundial y la presión es tremenda. Hay que estar a la última.

Estamos en una pandemia que el sector del vino está sufriendo duramente, ¿cómo lo está viviendo Ostatu?

Cada mañana con mucho optimismo, porque si nos ponemos en plan negativo sería complicado trabajar el día a día. Nos ha afectado, lógicamente, porque tenemos un nivel de ventas importante en hostelería, especialmente aquí en el País Vasco y el año pasado sí que notamos un descenso de ventas. Poco a poco hemos compensado un poco con el sector de alimentación, con clientes de exportación… La coyuntura es complicada por la incertidumbre que tenemos. No vemos el final, pero tenemos que adaptarnos a esos cambios que también vienen. Toca buscar otros enfoques. Por ejemplo, ha habido un tipo de consumidor que le da importancia al disfrute del vino en casa y es un canal a explorar.

 

Ya no se trata solo de explotar y cultivar el viñedo, sino que hay que aportar valor añadido al entorno

 

Para qué habéis aprovechado este tiempo, ¿habéis sacado algo positivo?

La coyuntura nos ha obligado a replantearnos un poco la segmentación de nuestras ventas. Llevábamos unos años trabajando con el canal de venta directa, tanto a nivel de tienda física como a través de tienda online y hemos activado más el área de marketing, con una orientación de vender más. También hemos aprovechado para replantear cambios a nivel de imagen, el desarrollo de nuevos vinos y proyectos de innovación. Nos hemos mantenido activos y hemos aprovechado para reflexionar, que con la vorágine del día a día haces menos, aunque no hemos parado tampoco.

Recientemente, además, habéis sido destacados como una empresa referente en material de sostenibilidad. Imagino que contenta…

Siempre es bueno que te reconozcan tu labor, pero en esta coyuntura en la que estamos, y con la cantidad de gente que se presentó, más. Este premio reconoce nuestra forma de trabajar. Desde que mis abuelos Doroteo y Asun en los 70 crearon la bodega, hemos cuidado la producción artesanal con prácticas sostenibles porque, además, estamos convencidos de que la calidad y la competitividad tiene que venir por este camino.

¿En qué se traduce esa vinicultura respetuosa?

Abarca desde el origen de nuestro producto, a la producción y comercialización, todo el proceso. Está basado en el respeto al entorno natural. Estamos en un entorno privilegiado, en un paisaje declarado bien de interés cultural, y hay que cuidarlo porque tenemos un tesoro entre manos. Es muy importante mejorar la fertilidad de los suelos, fomentar la biodiversidad que favorezca un control biológico de las plagas, implantar cubiertas vegetales para evitar la erosión del suelo, reducir el consumo de electricidad con climatización de biomasa y placas fotovoltaicas… Son pequeños pasos que se pueden ir dando y que trae muchas satisfacciones. En 2012, obtuvimos el Certificado de Emisiones Neutrales, que certifica la reducción de las emisiones de CO2, la recuperación de los suelos y valora nuestro trabajo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que es también muy importante porque el vino depende mucho de la climatología.

 

El viñedo propio, la pasión, la mejora continua y disfrutar del trabajo son las señas de nuestra bodega

 

El vino sostenible es también un nicho de mercado…

Lo hacemos porque creemos en ello y tenemos una tradición, pero es cierto que es una manera de hacer encaminada a desarrollar diferentes vinos buscando también un segmento de clientela más preocupado, o más comprometido, con el consumo más sostenible, con más conciencia. Creo que la pandemia ha servido de aceleradora a un cambio a nivel social, económico y de actitud. Esto ya no se trata solo de explotar y cultivar el viñedo, sino que hay que aportar valor añadido al entorno. Todo eso luego nos repercute en el bienestar.

¿Y esas formas nuevas de hacer, de comportarse con el entorno y repercutir en él lo valora quien consume?

No es la panacea. Evidentemente no es fácil y al final te vas a posicionar, o estás buscando un mercado para posicionarte, con un precio un poco más alto y no todo el mercado está disponible para ello. Es muy importante el trabajo a nivel comercial para encontrar ese cliente y el mercado que valora esos aspectos. Estamos viendo que lo hay. Tenemos países en Europa que a ese nivel están mucho más desarrollados y la exigencia del consumidor también es mucho mayor que aquí. En coyunturas económicas difíciles como la actual, es más complicado, pero creo que la tendencia de consumo a futuro es consumir menos, pero consumir mejor.

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