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Patricia Bedoya: “Es necesario aplicar a la tecnología una visión inclusiva"

Patricia Bedoya ha creado una empresa que desarrolla aplicaciones “para mejorar la vida de las personas” como Cori, destinada a personas con diabetes

Patricia Bedoya. CV
Patricia Bedoya. CV

Patricia Bedoya dice que desde pequeña era una niña curiosa, “rarita y repelente”, llega a decir en nuestra conversación. Y todo porque no había museo que se le resistiese, porque nunca ha sabido estar quieta y todo lo que le gustaba tenía que entenderlo, ver cómo funcionaba e intentaba mejorarlo. Reconoce que “un poco síndrome de la impostora tengo”. Y es que le resta importancia al hecho de ser arquitecta de interiores, haber aprendido a desarrollar apps por su cuenta durante el confinamiento, hablar francés e inglés, conocer y usar un montón de herramientas tecnológicas y, con 27 años, haber puesto en marcha, junto con Asier García Morato, Chubby Apps, una empresa en la que se encarga del diseño de las interfaces de las apps que crean, las ilustraciones corporativas y la imagen gráfica y redes de la marca. 

Es la primera generación de los Bedoya gasteiztarras. Sus hermanas nacieron en Bilbao, donde sus padres se trasladaron a vivir desde A Coruña y ella lo hizo en la capital alavesa, donde se instalaron después. Dice que siempre ha sido “como un señor mayor”. “Me gustaba ver cómo se hacían las cosas. Veía una obra y quería saber cómo se hacían los encofrados”, asegura. Eso le llevó a pensar en hacer arquitectura cuando le tocó decantarse por sus estudios, “pero en el fondo soy muy creativa y me resultaba muy cuadrado, así que hice arquitectura de interiores”. Todo lo que le rodea tiene que estar en un entorno bonito y le parecía que “podía hacer una vida mejor a la gente que me rodeaba y a mí misma, que había una gran laguna en el diseño de interiores”. “Quería los interiores fuesen más accesibles, no quería solo decorar”, recuerda. Y aquellas ideas que le pasaban por la cabeza le valieron un premio cuando, en el trabajo de fin de grado, reformó el local de juventud del Ayuntamiento de Donostia con criterios de accesibilidad. La falta de presupuesto impidió que se pusiese en marcha, pero Patricia Bedoya ya estaba sentando las bases de su ideario de vida: “hacer más fácil la vida a los/as demás”, usando las herramientas que tuviese a mano en cada momento. Es más, tiene claro que si le preguntase a su profesora de cuarto de la ESO seguro que diría que “siempre he estado peleando porque hacer las cosas mejores para el resto”.

Chubby Apps es, a día de hoy, el camino que ha elegido para hacerlo. Se dedica 200% a ello y aunque reconoce que, “quizás algún día” tenga su propio estudio de interiorismo, ahora la vida no le da para más. Desarrollar aplicaciones móviles fáciles de usar y que contribuyen a hacer más sencillas ciertas rutinas del día a día. Actualmente trabajan, entre otras cosas, en Cori, una solución dirigida a las personas que padecen diabetes que podrá descargarse en septiembre y que ya se puede reservar en el Apple Store. Empezarán con la versión de iOS para iPhone e iPad y quieren llevarlo al Apple Watch y al ordenador. Si la respuesta es buena, lanzarán la de Android. Pero la cabeza de Bedoya no para y se le eriza la piel de emoción solo de pensar que pudiese en convertir la administración pública y sus certificados electrónicos en algo achuchable, como las interfaces que desarrollan.

¿Cómo una arquitecta de interiores acaba diseñando aplicaciones?

El germen es el concurso de ideas Tu idea cuenta de Álava Emprende, en 2019. Mi pareja, Asier García Morato, me pinchó un poco para que esas ideas que me suelen rondar por la cabeza las plasmara en un papel y un día en el supermercado con mi sobrina de 11 años, que tiene problemas de visibilidad, me di cuenta que algo que yo asumía que era sencillo como hacer la compra, a ella le suponía una dificultad. De ahí nació BEGia, que era una idea para crear una aplicación pensada para personas con baja visión o invidentes que, mediante el uso de tecnología, permitiera descubrir e interactuar con todos los servicios y puntos de interés de grandes espacios como museos, hospitales, universidades o centros deportivos, entre otros. 

Un concurso cambió el curso de su vida…

De alguna manera podría decir que me hizo mirar desde otros lados. Gané el premio de la categoría de ideas, patrocinado por ON4U y el premio Especial Metxa, que me permitió hacer el Bootcamp de la aceleradora y estuvimos trabajando en BEGia con la ayuda también de BIC Araba. Desarrollamos la idea, la conceptualización y nos empapamos mucho del mundo de la empresa, de la gestión, que no es fácil… A la hora de mirar el desarrollo, nos encontramos presupuestos que iban de 45.000 a 70.000 euros. Teníamos 25 años y una idea, pero nos faltaba saber desarrollar o el dinero para que alguien lo hiciera por nosotros y lo de las rondas de financiación de 300.000 euros me hacían un nudo el estómago

Y entonces llegó el confinamiento…

Podríamos decir que nos vino bien. En ese momento yo estaba trabajando en una empresa diseñando cocinas, fui a un ERTE y me vi en casa con todas las horas del día disponibles para esta cabeza que no puede estar quieta. ¡Y nos dio por aprender a programar! Siempre hemos sido muy frikis de la tecnología y teníamos ese prejuicio de que si no tienes una ingeniería informática es muy complicado desarrollar, pero con ganas, un poco de conocimiento y tirando de internet, aprendimos. Asier se ocupó de la parte del código y yo más del diseño, del funcionamiento de las interfaces… 

 Teníamos 25 años y una idea, pero nos faltaba saber desarrollar o el dinero para que alguien lo hiciera por nosotros

 

El autoaprendizaje llevó a una aplicación práctica

Por la gente que nos rodea y por lo que estábamos viendo en mayo de 2020, vimos que podíamos hacer algo relacionado con las mascarillas. Nos propusimos que en un mes teníamos que sacar algo y lo logramos. Creamos SafeTimer, una app que te ayuda a controlar el tiempo de uso de mascarillas. La pusimos de código abierto para que la gente pudiese aportar, tuvo muy buena respuesta, y pudimos traducirla a diferentes idiomas. Cuando nos llegó la traducción en ruso yo flipaba.

Y hace un año distéis el paso de emprender 

El confinamiento tuvo un doble efecto. Nos dimos cuenta de que BEGia, que rebautizamos como UBIQ, no iba a tener cabida en el mercado durante un largo periodo de tiempo, porque no se podían hacer eventos masivos y la inversión iba a reducirse y aparcamos el proyecto. Empezamos a generar otras ideas. Constituimos una sociedad limitada y empezamos a desarrollar apps para nosotros mismos y para terceros desde Chubby Apps. 

Se habla mucho de los valores asociados a la empresa, ¿cuáles son los de Chubby Apps?

Nuestros desarrollos tienen unas bases clases: no necesitan manual de instrucciones, su diseño es achuchable, bonito, para que den ganas de usarlas; mejoran la vida de las personas, son totalmente accesibles y respetan la privacidad. No desarrollamos apps de cualquier tipo, tienen que ayudar a mejorar la vida de las personas. Ahora, además de las apps propias, estamos trabajando en una para una empresa de San Sebastián y para el Ayuntamiento de Salamanca, entre otras, y ambas cumplen con el requisito de mejorar la vida de las personas. Nos parece fundamental.

Tecnología accesible, menudo reto

Creemos que la tecnología tiene que ser sencilla, para ayudarnos a mejorar nuestra vida, no engancharnos, enfadarnos o deprimirnos. Además, el diálogo alrededor de la tecnología suele tirar hacia lo malo, es negativo: los peligros, los fraudes… Creemos que el potencial que ofrece gana por goleada. El otro día estuve en un banco y vi cómo una persona mayor tenía dificultades para sacar un número e ir al mostrador. Le ayudé y ya empecé a maquinar otro diseño con el que fuera más fácil, porque eso es lo que hace falta: adaptar las soluciones a las personas. Se habla de inclusión tecnológica, pero lo que hace falta es pensamiento inclusivo en la tecnología. Un ejemplo claro es la administración pública con sus certificados y muchas tramitaciones electrónicas que son imposibles. Si tanta gente tiene problemas para usarlos, vamos a darle una vuelta, a hacerlo más fácil, con interfaces que tengan en cuenta todas las realidades posibles. Hace falta desarrollar con diferentes miradas. Por eso, otra línea de negocio que nos planteamos es hacer más accesibles apps ya existentes de otras empresas, ayudar con ese tema. 

No desarrollamos apps de cualquier tipo, tienen que ayudar a mejorar la vida de las personas

 

Vuestro último empeño es Cori, para ayudar a las personas con diabetes

Entre otras cosas estamos en eso, sí. Es una solución para ayudar a las personas con diabetes a largo plazo. Asier es diabético desde los 14 años y el confinamiento y la falta de actividad le vino muy mal. Nos dimos cuenta de que, pese a que utiliza unos parches que controlan la glucosa y ofrecen datos todo el día, tenía un montón de información, tenía los datos, pero no podía sacarle provecho al no tener el conocimiento. Y tampoco podía pedir cita con el médico. Entonces nos pusimos manos a la obra con Cori, que aprovecha toda esa información, la muestra de forma fácil de entender y, al mismo tiempo, con cierta gamificación, anima a la persona usuaria a seguir mejorando, porque creemos que es mejor premiar por hacer algo bien que castigar por no hacerlo, es más efectivo. 

Las aportaciones de la gente os parecen fundamentales

Es la mejor manera de adaptar nuestras aplicaciones a las necesidades de la gente. Hay que ser empáticos y muchas veces solo vemos las cosas a través de nuestro ojo y verlo a través de los de otras personas es fundamental. Cori está en la tercera beta pública y cerca de mil personas ya han descargado las anteriores. Recogemos sus opiniones y sugerencias y trabajamos con la Asociación de diabéticos, por ejemplo. De este modo, comprobamos que lo implementado se entiende y recibimos ideas sobre cosas sobre las que igual no habíamos pensado. Tendrá 3 partes: el diario del tratamiento, donde se recogen y almacenan todos los datos que pueden alterar el nivel de glucosa: la comida, los medicamentos, ejercicio; un apartado en el que se visualizan e interpretan esos datos de forma
comprensible y accesible; y la gamificación, en la que hay retos como medirte todos los días durante X días, hacer deporte tantas veces a la semana… La app otorgará medallas que se pueden compartir en redes con la idea de generar comunidad, de normalizar la enfermedad y que no se sienta como algo individual

¿Qué has aprendido en este año de emprendimiento?

Llevamos constituidos como empresa un año, porque los procesos administrativos son largos, pero el trabajo arranca antes de que te decides. La mentalidad está por delante de la constitución formal, vamos. 

Lo que estoy aprendiendo es lo que he visto en casa siempre: que la constancia y el meter horas no te lo quita nadie. El otro día estábamos en la playa y dentro del agua hablábamos de Cori. Esa es la realidad.  Yo estaba trabajando por cuenta ajena 8 horas al día en un horario partido y llegaba a casa a las 8 de la tarde y me ponía a trabajar con el desarrollo y las apps. Ahora tengo dedicación exclusiva a esto, pero empleo las mismas horas que antes empleaba en el otro trabajo y en casa y a veces más. No hay otra.

Hay que ser empáticos y muchas veces solo vemos las cosas a través de nuestro ojo y verlo a través de los de otras personas es fundamental

 

En un momento en el que se anima a las mujeres a acercarse a los estudios tecnológicos, a las ingenierías, que haya una figura como Patricia Bedoya que no parecía llamada a este mundillo es un buen referente

Vengo de un mundo muy parecido, el de la construcción, en el que cuesta que haya presencia de mujeres. En ese sentido me parecen similares, la verdad, pero hay que seguir trabajando para ser cada vez más, sí. Creo que es un mundo en que podemos aportar muchísimo. Si en su día hubiese visto más programadoras, igual hubiese llegado a este mundo antes. Cualquier chavala que esté planteándose estudiar desarrollo o algo tengo de las nuevas tecnologías, que me mande un mensaje por Linkedin, que yo contesto a todo el mundo porque, además, eso también me aporta a mí. Hay que generar redes de apoyo lo más grandes posibles.

Por cierto, ¿qué fue de BEGia?

Pues BEGia se convirtió en UBIQ, porque cuando salíamos de Euskadi ya no sonaba tan bien. Hicimos primero una conceptualización en 2020 con un equipo de Madrid y luego empezamos a desarrollarla nosotros. Y en esas estamos también. Es una app que ofrece indicaciones visuales y auditivas para desplazarse en el interior de grandes espacios y que según vayamos recuperando normalidad puede tener una buena salida. 

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