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El volantazo en Celsa dispara el miedo a una propiedad más financiera que industrial en Nervacero

La acería vasca, con el ERTE ya activado ante la bajada de pedidos, corre ahora el riesgo de que los fondos echen a los Rubiralta de Celsa

Francesc Rubiralta, presidente de Celsa Group.
Francesc Rubiralta, presidente de Celsa Group.

A perro flaco todo son pulgas. En el mismo lunes en el que Nervacero ha activado el ERTE para lidiar con los precios energéticos y el descenso de pedidos, la filial vasca del grupo Celsa se enfrenta ahora a la posibilidad de un volantazo en la propiedad. Con el rescate de la SEPI como arma arrojadiza en el conflicto entre los acreedores y la familia Rubiralta, los dueños de Celsa se enfrentan ahora a un nuevo órdago lanzado por los acreedores. Los principales deudores del 'holding' siderúrgico ha presentado en los juzgados de lo Mercantil de Barcelona un plan de reestructuración para asegurar la viabilidad de Celsa que busca recapitalizar 1.300 millones de deuda y que incluiría la salida de los Rubiralta como accionistas en una de las primeras operaciones que se agarran a la nueva ley concursal, que ha otorgado más poder a los tenedores de deuda.

El volantazo, dado ahora por unos acreedores entre los que figuran, principalmente, fondos de inversión internacionales y entidades como el Deutsche Bank, eliminaría así dos piezas de una tacada. Por un lado, desaparecería la familia de industriales que ha creado un emporio del acero y, de otra parte, se evaporaría otra de las claves en juego en la matriz de Nervacero: el rescate de 550 millones concedido por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y condicionado a un acuerdo entre firma y acreedores que no termina de llegar pese a que los acreedores ya saben que se harán con en torno al 80% de ese dinero público.

El plan de capitalización daría a los acreedores lo que tanto tiempo llevan buscando: hacerse con el control de la compañía. La negociación entre propiedad y acreedores siempre ha oscilado en torno a este debate sobre el poder de decisión de los fondos en la Celsa del futuro. Ahora el 'preconcurso' que se activa con la entrega de esa documentación haría que la deuda convertible se convirtiese en capitalización de la compañía y la toma de control.

Los acreedores incluso se han comprometido a inyectar más liquidez si es necesario para la viabilidad de Celsa, pero eso no ha hecho que la inquietud en Nervacero se haya disparado. Con una asamblea de trabajadores ya celebrada este lunes por la tarde -primer día de ERTE-, los sindicatos temen precisamente lo que más quieren los fondos: hacerse con el control del capital. Un cambio de propiedad pasaría Nervacero "de manos industriales a manos financieras", aseguran unas fuentes sindicales que insisten en la importancia de que se mantenga ese conocimiento cercano que, pese a las diferencias, aportan los Rubiralta.

Los dirigentes del grupo, incluido la directiva de Nervacero, mantuvieron este lunes una primera jornada de encuentro en Barcelona precisamente en el mismo día en el que se desvelaban los planes de los fondos en una negociación que fuentes cercanas al entorno de los Rubiralta siempre han definido como "difíciles". Ahora ese temor ha llegado a unos sindicatos que temen que Nervacero sea vista como una pieza más para usar como comodín de venta para que los fondos obtengan la rentabilidad más rápida posible por la vía de las desinversiones

A falta de que se conozca cuánto de serio tiene la propuesta de los fondos y cuánto tiene de ultimátum o incluso farol por parte de los acreedores para conseguir un acuerdo con los dueños de la empresa, la estrategia futura de Celsa y el poder en la toma de decisiones por parte de los fondos apuntan a ser las dos llaves que desbloqueen un conflicto donde se juega la viabilidad de la propia Nervacero y una salvación de Celsa que pasa por el rescate de la SEPI. Las tensiones, en cualquier caso, no parece que vayan a romper el diálogo entre acreedores y grupo siderúrgico. Ahora la responsabilidad de dirimir si el plan de recapitalización sale adelante o no será cuestión de la justicia de Barcelona.

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