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La compra de la firma vasco-cántabra Uvesco, el propietario de los supermercados BM, por parte de un fondo francés requiere tres análisis bien distintos. Por una parte, la distribución alimentaria no para de evolucionar y es lógico que una empresa que se gestó a partir de antiguos ultramarinos siga adaptándose al mercado.

Por otra, con el cambio de manos de Uvesco, el tan manido arraigo vasco pierde en teoría otro actor. Y ya van unos cuantos. Finalmente, hay que hablar del papel de los fondos de inversión, que han sustituido en cierta medida al crédito bancario a la hora de financiar operaciones de crecimiento a corto y medio plazo.

Uvesco nace en 1993 de la fusión de una firma guipuzcoana y una cántabra que se dedicaban a la distribución alimentaria a través de supermercados de barrio. Posteriormente se incorporó otra firma vizcaína con larga tradición en el sector. Su capital ha estado, hasta ahora, en manos de unas pocas familias.

Uvesco es una perita en dulce: una compañía muy bien gestionada que lleva evolucionando medio siglo en un sector tan cambiante como el de la distribución alimentaria. Su posicionamiento, centrado en la gama medio-alta, es envidiable. Y ha tenido capacidad para hacer algo tan difícil como integrar supermercados de otras enseñas: desde Ercoreca hasta Simply o Condis.
 

Uvesco es una perita en dulce: una compañía muy bien gestionada que lleva evolucionando medio siglo en un sector tan cambiante como el de la distribución alimentaria.

 

Lo único que le falta es una presencia en otros territorios. Al margen de los territorios vecinos de Euskadi y Cantabria, comenzó hace ya casi cinco años su expansión en Madrid. Pero para crecer más rápido en las zonas urbanas de renta media-alta, donde más le interesa estar, necesita seguir comprando enseñas. La entrada del dinero de un fondo es, por tanto, lógica.

PAI Partners ha enchufado euros a cambio de una participación mayoritaria pero sin que los actuales gestores se salgan del negocio. Y como todo fondo, su única intención es crecer muy rápido para bien sacar la compañía a bolsa o bien colocársela a un actor más grande. No hay otra opción.

Lo mismo ha hecho, por cierto, con Angulas Aguinaga, que lo más probable es que acabe en manos de Nestlé, Pepsico, Coca-Cola, Unilever, Danone, Associated British Foods, Mondelez o General Mills, las ocho grandes multinacionales de alimentación que controlan gran parte de las marcas que consumimos habitualmente.

Para ello está engordando a Aguinaga, otro ejemplo de innovación made in Euskadi, con más productos y una cierta internacionalización. Los gestores de los fondos saben perfectamente cómo se crece y lo único que necesitan es tiempo y un equipo que conozca el negocio para mantener su rentabilidad con un mayor tamaño.

Hasta Eroski, ahogada por la deuda bancaria que tuvo que asumir para comprar la catalana Caprabo, se ha apuntado a este carro. Para poder seguir pagando a los bancos, que sabido es que no perdonan ni una, ha recurrido a un fondo checo. Las ventajas son múltiples: en lugar de un prestamista, lo que se capta es un socio que corre los mismos riesgos que el empresario.

 

Los gestores de los fondos saben perfectamente cómo se crece y lo único que necesitan es tiempo y un equipo que conozca el negocio para mantener su rentabilidad con un mayor tamaño



Su modelo de negocio es muy fácil de explicar: invertimos en al menos diez empresas que tengan buena pinta con el objetivo de vender una por un múltiplo superior a cinco y otras dos con un poquito de margen. Si sale algo más, será beneficio puro. Ninguna de las compañías tiene que cerrarse si el fondo se sale sin recuperar lo invertido.

Nada que ver con los bancos, que solo prestan si el riesgo es mínimo y solo aceptan quitas si se llega a un proceso concursal, que la mayor parte de las veces supone el cierre. Es lógico por ello que cada día haya más empresas recurriendo a los fondos para financiar su crecimiento. Es más cómodo tener un socio que un prestamista.

¿Qué decir del arraigo? Es de hecho el aspecto que más se ha cuidado en la nota de prensa enviada para anunciar la operación: "La sede de la sociedad y las oficinas centrales se mantendrán en Gipuzkoa". Al igual que Euskaltel, ITP, Neinor, Solarpack o Itasa, el control por parte de un fondo no supone la pérdida del arraigo, sino que es un espaldarazo para que una compañía vasca se haga más internacional. En el caso de Uvesco, se limite probablemente a crecer en España.

 

Hasta Eroski, ahogada por la deuda bancaria que tuvo que asumir para comprar la catalana Caprabo, se ha apuntado a este carro. Para poder seguir pagando a los bancos, que sabido es que no perdonan ni una, ha recurrido a un fondo checo



Peor nos han salido las adquisiciones por parte de gigantes industriales internacionales, generalmente previa compra por parte de un fondo. Ahí están los casos de Gamesa (Siemens), Panda (WatchGuard) o Ticketbis (eBay), que han supuesto un alejamiento real del centro de decisión. Ahí sí que hay pérdida de arraigo, aunque es un peaje que probablemente no tenemos otro remedio que pagar.

En otros tiempos Euskadi tenía actores financieros de calibre, especialmente la BBK, que se hinchó a comprar acciones de Iberdrola cuando otros invertían en ladrillo, e IBV, ese holding conformado por Iberdrola y el BBV (murió al añadirle la A) que está detrás de Gamesa, Azertia (actualmente en manos de Indra), Laborman (hoy Randstad) o Vinzeo (hoy Esprinet). Pero mucho me temo que tenemos que asumir que la globalización de la economía nos va a ir dejando poco a poco con menos "arraigo".

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