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Álava es un territorio netamente monocéntrico, con una capital, Vitoria-Gasteiz, que concentra el 75% de su población. Esto supone un desequilibrio evidente entre las zonas urbanas y las zonas rurales que tienen reflejo en diferentes ámbitos: concentración de la actividad económica en Vitoria-Gasteiz y su entorno de gravitación más directo, y en las inversiones públicas que tienen que hacer las administraciones alavesas para satisfacer la demanda de servicios públicos en zonas no urbanas (servicios sociales, movilidad y transporte, infraestructuras hidrológicas y energéticas, etc.) que eviten la despoblación del Álava rural.

El Valle de Ayala, la segunda cuadrilla alavesa en términos de población con más de 34.000 habitantes, cuenta con un entorno natural de primer orden, que le dota de un potencial evidente para la economía verde desde la perspectiva de la sostenibilidad y del turismo rural y medioambiental. Pero a día de hoy, sigue siendo una zona eminentemente industrial: sede de empresas de referencia como Tubacex, Jez o Tubos Reunidos, que aportan el 11% del PIB del territorio alavés, y que convierte al Valle de Ayala en un enclave estratégico para la salida de la producción por ser punto de conexión con Bizkaia, y por tanto, con el Puerto de Bilbao

 

Sabemos, por experiencias del pasado, que la desindustrialización supone que cuando la industria desaparece, los lazos estrechos que mantenían unidas a comunidades enteras desaparecen y los territorios entran en decadencia

 

Tubacex, una de las empresas tractoras del territorio, realizará un ERE que afectará a 129 trabajadores y trabajadoras de sus centros de Llodio y Amurrio (los dos núcleos de referencia del Valle de Ayala), tras dar por cerrado el periodo de consultas con los sindicatos. Un ERE que afecta a la plantilla de Tubacex y que tendrá impacto directo en otras empresas y en el conjunto de la economía de la zona.

Sabemos, por experiencias del pasado, que la desindustrialización supone que cuando la industria desaparece, los lazos estrechos que mantenían unidas a comunidades enteras desaparecen y los territorios languidecen y entran en decadencia. También sabemos que las nuevas realidades energéticas van a tener un impacto directo en los “perdedores” de la reindustrialización: hay sectores ya identificados que van a sufrir transformación o se van a reestructurar debido a procesos de descarbonización como son la automoción, las petroquímicas, aeronaútica, acerías, papeleras, algunos de los sectores que más se van a ver afectados.

Sabemos que las ciudades y las grandes áreas metropolitanas competirán en conocimiento, innovación, desarrollo económico y bienestar social. Ya no es que los Estados nación vayan a perder parte de sus competencias y su capacidad de influencia, si no, que esta dinámica puede afectar también a las regiones que serán fagocitadas por las ciudades. Y el Valle de Ayala puede ser un ejemplo entre tantos de estas regiones que pierdan relevancia.

 

Las ciudades y las grandes áreas metropolitanas competirán en conocimiento, innovación, desarrollo económico y bienestar social

 

Pero estas pequeñas regiones también pueden tener su oportunidad si abogan por la diversificación pensando más en industrias del siglo XXI que del siglo XIX, en alianza con la tecnología. Hay ejemplos donde ya se está haciendo y los resultados han sido exitosos. Piensen en las Tierras Altas de Escocia y vean como la solución que encontraron ante un futuro de incertidumbre no fue quedarse parado, si no ponerse en marcha propiciando un plan que aunaba a la administración, a la población y al sector económico, a través de formulas que aunaban conocimiento y colaboración. Tal y como dijo recientemente Mara Balestrini, doctora en Ciencias de la Computación por University College London, “la innovación solo es viable en una cultura que mira sin aversión al riesgo y al fracaso”. Igual es el momento de tomarle la delantera al signo de los tiempos.

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