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Esta semana se nos ha vuelto a colar una corbata en la presentación de un evento en Euskadi, si fuese novedad, sería noticia. El miércoles de presentó en Vitoria-Gasteiz el recorrido por Euskadi del Tour de Francia 2023. Uno de los eventos deportivos con mayor repercusión internacional cruzará los tres territorios entre cuestas y curvas. Autoridades y aficionados aprovecharán el tirón que tiene el ciclismo en Euskadi para ofrecer un espectáculo al mundo que combinará maravillosos entornos naturales (mar y montaña) junto con una afición que se volcará con la carrera y que permitirá proyectar la imagen de un país moderno en el escaparate al mundo que supone la vuelta gala. 

Así contado todo suena bien, pero la foto de presentación de las tres etapas del Tour de Francia, sin ninguna mujer presente, no da la imagen de una Euskadi del 2022 moderna, porque es difícil ser moderno si no eres paritario, porque sin igualdad no hay progreso. Más allá de los ecos que produce Twitter, los medios de comunicación han reproducido una y otra vez una imagen del poder institucional vasco que no se corresponde con los avances que reclama una sociedad que convirtió la lucha por la igualdad en protagonista de las mayores movilizaciones sociales hasta que llegó la pandemia. 

 

Nunca ha habido una mujer lehendakari en la historia democrática de este país, ni alcaldesa en ninguna de sus tres capitales, ni diputada general en ninguna Diputación

 

Si pensamos en términos de lo que se ha llamado una sociedad paritaria, qué ningún género esté por debajo del 40% o por encima del 60% en ninguna posición, no deberíamos acostumbrarnos a la ausencia de mujeres en el poder institucional: entre las siete personas con más poder institucional en Euskadi no hay ni una sola mujer. Nunca ha habido una mujer lehendakari en la historia democrática de este país, ni alcaldesa en ninguna de sus tres capitales, ni diputada general en ninguna Diputación. 

 

La lucha por la igualdad es una batalla larga que se libra sin balas, protagonizada por las mujeres, conscientes de que cuando se gane, las sociedades serán mejores, porque las sociedades progresan cuando todos progresan

 

Cuando no se puede aparentar lo que no se es, la bicicleta funciona como un espejo. La bicicleta ha sido sinónimo de libertad para muchos y de obligaciones y tedio para muchas. Es fácil salir de casa para acumular kilómetros de carretera en tus piernas cuando sabes que en casa se quedará alguien asegurando el cuidado de la vida. Pero la sociedad cambia y evoluciona; que a las mujeres no se las vea porque no ocupan las carreteras del poder institucional, no significa que no lleven tiempo librando una batalla sigilosa, la de la conquista de otros espacios por méritos propios. Rigoberta Bandini, una de las artistas del momento, reivindica el papel de las mujeres en ‘Ay, mamá!!, su tema “eurovisivo” , “tú que siempre has tenido caldo en la nevera… tú que podrías acabar con tantas guerras”. La lucha por la igualdad es una batalla larga que se libra sin balas, protagonizada por las mujeres (a esa mujer guiando al pueblo en el cuadro de Delacroix), conscientes de que cuando se gane, las sociedades serán mejores, porque las sociedades progresan cuando todos progresan. 

 

Que a las mujeres no se las vea porque no ocupan las carreteras del poder institucional, no significa que no lleven tiempo librando una batalla sigilosa, la de la conquista de otros espacios por méritos propios

 

Y como las sociedades actúan como propulsoras de cambio seguro que los partidos políticos, preocupados por el progreso, ya están pensando en candidaturas paritarias para las elecciones forales y municipales del 2023, no vaya a ser que en las fotografías del Tour de Francia del año que viene les vuelvan a retratar solo con las corbatas puestas. 

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