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En una de sus cartas a su marido, Hannah Arendt, le decía “por favor, escríbeme regularmente, si no voy a morir aquí”. Arendt le alertaba aquí de la soledad, a la que a lo largo de su trabajo se acercó como algo que podía hacerse o como algo que podía experimentarse, y por eso diferenciaba soledad de asilamiento. El aislamiento es a veces necesario para la actividad creativa, decía. Incluso, la mera lectura de un libro requiere cierto aislamiento (la habitación propia de la que hablaba Virginia Woolf). Nos apartamos a propósito del mundo para hacer sitio a la experiencia de la soledad para después volver a conectarnos. La soledad, en cambio, nos impide interactuar, compartir, conversar y contrastar nuestras opiniones y pensamientos con otros. Porque el pensamiento en soledad puede matar de hambre la imaginación, niega la pluralidad y destruye el espacio entre las personas que permite el pensamiento colectivo. En soledad, nos aferramos a nuestras ideas y sin contrastarlas, perdemos la noción de lo que es cierto y de lo que no, de lo que es más efectivo, o de lo que no, de lo que puede ser transformador y de lo que no.

En definitiva, poco se habló de cómo nos imaginamos Euskadi de aquí a 30 años y cuáles son las prioridades sobre las que trabajar juntos.

La semana pasada, a petición de EH Bildu, se produjo un monográfico específico en el Parlamento vasco sobre los Fondos de Reconstrucción Europeos. Quizá el tema de agenda pública que más expectativas ha creado en los últimos años: la posibilidad de cambiar lo que no funciona y construir las bases de un futuro que ya es presente da pie a muchas expectativas. La sesión parlamentaria no pudo ser más descafeinada, mientras que los partidos del gobierno de coalición presentaban el procedimiento de tramitación de los proyectos, que serán aprobados en Consejo de Gobierno el 29 de diciembre, los partidos de la oposición, se lamentaban de la falta de cauces de participación y la falta de transparencia de todo el proceso de definición de los proyectos que obtendrán financiación. Poco se habló de misiones país, líneas de actuación, zonas geográficas prioritarias, conocimiento existente, dificultades a considerar. En definitiva, poco se habló de cómo nos imaginamos Euskadi de aquí a 30 años y cuáles son las prioridades sobre las que trabajar juntos.

Sabemos que los partidos políticos necesitan diferenciarse para perdurar en la escena política y para atraer la atención del votante. El Gobierno, elegido para dirigir los próximos cuatro años en Euskadi, tiene la responsabilidad de liderar las políticas públicas. La oposición necesita hacerse oír, porque si no confronta ante el Gobierno, corre el riesgo de que la única voz que se escuche sea la del Ejecutivo. Pero, convertir los Fondos de Reconstrucción Europea en el 'ring' donde se confronten los partidos políticos en Euskadi, no parece la mejor de las perspectivas. Parafraseando a Arent, cuanto antes salgamos de la burbuja del asilamiento mejor se confrontarán ideas y más se enriquecerán las propuestas. Este año ya hemos pasado demasiado tiempo en soledad, sabernos juntos en algo debería ayudar a construir las bases de un futuro más solido.

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