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Por definición, una cortina de humo es un conjunto de hechos o circunstancias con los que se pretende ocultar la realidad y desviar la atención de la gente, o lo que es lo mismo, centrar el tiro en algo, para que se olvide otra cosa, o pase desapercibida.

Los ejemplos son muchos y de lo más variopinto, en concreto en los últimos días hemos asistido a dos bastante sonados: el anuncio de la venta de la sede del PP en la calle Génova en Madrid, y el estado de salud del rey emérito.

Cuando los más inocentes esperan una dimisión, o algún atisbo de autocrítica, lo que se encuentran es con un edificio en venta

Respecto al edificio madrileño y su venta, con el aparente fin de desvincularse de un pasado bastante oscuro para los populares, es un caso de libro respecto a lo que es una cortina de humo. “Casualmente” el anuncio se hace unas horas después de los comicios catalanes en los que el PP saca unos resultados penosos, y “casualmente” el foco de la atención mediática se desvía de las citadas elecciones y pasa a centrarse en el por qué, cómo y cuándo de la venta de un edificio, presuntamente ligado a la trama de corrupción del partido.

Objetivo conseguido. Cuando los más inocentes que ya son pocos esperan una dimisión, o cuando menos, algún atisbo de autocrítica, lo que se encuentran es con un edificio en venta. El fracaso electoral y lo más importante, sus causas y consecuencias, pasan de rondón convenientemente tapadas por un edificio al que el responsable máximo del PP Pablo Casado convierte en protagonista del día, mientras evita cualquier pronunciamiento electoral de calado, respecto al descalabro electoral en Cataluña.

Sin ningún lugar a dudas la cortina de humo ha funcionado.

Es un recurso muy empleado para despistarnos, para confundirnos, para intentar ocultarnos una realidad que algunos prefieren minimizar

Algo parecido pero con objetivos menos evidentes es el permanente recurso por parte de algunos, a la situación del emérito desde su salida de España. El último capítulo de este culebrón fue la publicación en redes sociales por parte de una periodista, de la mala salud del monarca y su inminente regreso a España. Los desmentidos llegaron en cascada desde todo tipo de fuentes incluido el propio rey. Y mientras se hablaba de esto, cuyo interés para el ciudadano medio es siendo generosos más bien escaso, no se habla de otras cosas, que son las que de verdad importan.

La cortina de humo como ven es un recurso muy empleado para despistarnos, para confundirnos, para intentar ocultarnos una realidad que algunos prefieren minimizar cuando no. hacer desparecer.

Somos los periodistas sin duda, responsables de identificar las informaciones interesadas y esas que pretenden ocultar realidades de alcance 

En este punto, la mayoría de los que ejercemos esta maravillosa profesión que es el periodismo debemos entonar el “mea culpa” porque ninguna cortina de humo llegaría a nadie si no se le diera cobertura. 

Somos los periodistas sin duda, responsables de identificar las informaciones interesadas y esas que pretenden ocultar realidades de alcance y decidir qué es lo que debemos publicar o qué no. Es nuestra obligación profesional actuar como filtros seguros para el resto de la sociedad, para que la información que llegue sea veraz y objetiva.

Huyan de la propaganda, decidan qué es lo importante para ustedes en cada momento y contrasten las fuentes 

Si me preguntan ¿hay que publicar la información sobre la venta del edificio del PP? Mi respuesta es rotunda sí, pero en paralelo a su publicación, hay que contextualizarla porque si no la publicamos con espíritu crítico, estamos haciendo el caldo gordo a quienes deciden de qué debemos hablar o qué debemos publicar en cada momento y eso, como decía Orwell deja de ser periodismo para convertirse en propaganda.

Huyamos, huyan de la propaganda, decidan qué es lo importante para ustedes en cada momento y contrasten las fuentes hasta que den con aquellas que sean realmente fiables. De no hacerlo así, los árboles no nos permitirán ver el bosque y la permisividad ante las cortinas de humo campara a sus anchas.

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