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Diario del oasis vasco

Jueves, 12 de noviembre

Cuando Pedro Sánchez decretó en marzo el cierre de la industria durante dos semanas, Arantxa Tapia montó en cólera, lo calificó de “disparate” y casi se cae el árbol de Gernika, pero cuando hoy a Arantxa Tapia le han preguntado en Onda Vasca por el ERE con el que Aernnova va a mandar a la calle a decenas de empleados (y no sólo durante dos semanas, sino para siempre), Tapia ha respondido que es “una situación muy compleja”, que es la forma institucional de decir “pues parece que va a llover, oye”. A renglón seguido, Tapia ha lanzado un mensaje a la dirección de Aernnova: “Esperemos que busque la mejor de las situaciones para los trabajadores”. Ha sido tan duro el reproche que los jefes de Aernnova lo han subido al Instagram para celebrarlo.

 

Viernes, 13 de noviembre

Seguramente a ningún cargo del Gobierno vasco se le ocurriría decirle en público a Confebask que cuidado con lo que reclaman que aquí sabemos todos que hay mucho fraude fiscal. Pues el lehendakari lo ha hecho pero con los hosteleros a los que ha cerrado sus negocios para evitar la propagación del virus. En plena polémica sobre las ayudas al sector, Urkullu ha sugerido que a los hosteleros no les interesa el sistema alemán de compensación de pérdidas porque los bares y restaurantes no facturan todo lo que ingresan. Incluso para cómo te habla el Gobierno hay empresarios de primera y de segunda en Euskadi. Confebask, que revolucionó el Teleberri cuando lo del cierre de la industria de Sánchez, dice ahora sobre el palo a la hostelería que, bueno, que dice que, ejem, vamos que no dice nada que pueda enfadar al lehendakari. De hecho, justo un día antes de que el lehendakari anunciara el cierre de los bares, Urkullu recibió en lehendakaritza a una delegación de Confebask. Confebask dijo tras la reunión que había transmitido al lehendakari un “mensaje de esperanza”. Confebask lo mismo te llama incompetente a Pedro Sánchez que te organiza en lehendakaritza un concierto de Diego Torres saber que se puede, querer que se pueda, pintarse la cara color esperanza.

Tapia ha lanzado un mensaje a la dirección de Aernnova: “Esperemos que busque la mejor de las situaciones para los trabajadores”. Ha sido tan duro el reproche que los jefes de Aernnova lo han subido al Instagram para celebrarlo

 

Sábado, 14 de noviembre

Hoy me ha vuelto a pasar. He saludado a un conocido y cuando me ha preguntado qué tal estoy, le he respondido que “estoy bien”.

-Ya se te ve, sí, ya se te ve que estás bien -me ha dicho jocosamente señalando mi barriga.

A mí se me ha puesto cara de Obélix y he estado a punto de lanzarle un jabalí pero he respondido en tono educado como Hannibal Lecter. Por lo que sea, los gordos somos una de las principales víctimas de esta dictadura de la sinceridad cotidiana a la que estamos sometidos. Sí, la sinceridad está de moda. “A mí me gusta la sinceridad en una relación”, es lo primero que dicen en 'First Dates' justo antes de ponerse a contar mentirijillas a toda España. Los vascos, se supone, llevamos esto de la sinceridad instalado de fábrica. El tópico dice que los vascos no tenemos dobleces, se nos ve venir y decimos lo que pensamos. Pues, oye, si hay que ser sinceros como lo somos con los gordos, seámoslo con todos.

-Joder, qué calvo te estás quedando, eso no te lo arreglan ni en Turquía.

-Oye, me han dicho que en el curro eres un auténtico cabronazo.

-¿Otra vez te han enchufado en el Ayuntamiento?

Por sinceridad que no sea.

Confebask lo mismo te llama incompetente a Pedro Sánchez que te organiza en lehendakaritza un concierto de Diego Torres saber que se puede, querer que se pueda, pintarse la cara color esperanza

 

Lunes, 16 de noviembre

Hoy he contado en la 'Cadena Ser' que el Hospital Psiquiátrico de Álava da por superado el brote de coronavirus que venía sufriendo desde hace un mes. Es una noticia que apenas ha tenido eco. Tampoco cuando empezaron los primeros casos. Supongo que hay muchas razones para hablar de la situación de otros hospitales como Txagorritxu, Donostia o Basurto antes que del Hospital Psiquiátrico y supongo que una de esas razones es el estigma con el que tiene que cargar todo lo relacionado con la enfermedad mental.

 

Martes, 17 de noviembre

Si no teníamos suficiente miedo ya metido en el cuerpo con la pandemia, no hay nada como disfrutar de la publicidad de estos tiempos para levantar el ánimo. Seguros de salud para que no te mueras y seguros de vida para cuando te mueras. Y si no te mueres todavía, planes de pensiones privadas para que no te mueras de hambre. Y a todas horas una señora contándote que, uf, han robado en la casa de al lado y habrá que poner una alarma, Fernando. El miedo vende y no solo en los parlamentos y los telediarios. La distopía también era esto.

 

Miércoles, 18 de noviembre

Los periódicos de Gipuzkoa vienen con un socavón en portada. Un socavón que ha aparecido justo al lado del Hotel Londres. Lo suyo, en 2020, sería que el socavón lo hubieran causado unas gavillas de la barra del San Marcial escondidas bajo tierra desde hace años y que se han rebelado contra la especie que las creó y que en los próximos meses empiecen a aparecer más agujeros y de ellos salgan gavillas asesinas que empujen a la Tierra hacia el apocalipsis y los humanos tengamos que mandar a nuestra propia gavilla al pasado para salvar al líder de la Resistencia, cuando todavía es un niño, de las fauces de otra gavilla sanguinaria. Es lo que le pega a estos tiempos distópicos, pero lo del socavón es algo más prosaico pero no por ello menos preocupante. En 'El Oasis Vasco' a los agujeros metafóricos de despilfarro económico les salen además agujeros de verdad o viceversa. En este caso, leo que las obras del Metro que supuestamente han provocado el socavón van a tener un sobrecoste de entre el 50 y el 70%. Esto no te lo arregla ni Terminator.

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