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Una semana más de pandemia, esta vez, con una gran protagonista: la vacuna de Astra Zeneca y los casos de tromboembolismo sufridos por una decena de personas, mayoritariamente mujeres, vacunadas recientemente. Unos casos que levantaron todas las alarmas en el Unión Europea y que provocaron un efecto dominó, la suspensión del uso y aplicación de la vacuna prácticamente en todo el continente. España aguantó la tentación inicial de suspensión liderada por países nórdicos, pero se vio abocada a la misma tras la decisión de Alemania, Francia e Italia.

Analicemos primero los datos. Se estima que más de 17 millones de personas han recibido la vacuna de AstraZeneca en Reino Unido y en la Unión Europea. En la UE se han administrado al menos seis millones dosis de esta vacuna, y se ha tenido conocimiento de una decena de casos de trombosis de senos venosos cerebrales. Una afección muy poco frecuente y que ha resultado ser más prevalente en mujeres jóvenes de entre treinta y cuarenta años. Como bien saben, primero la Organización Mundial de la Salud, y ayer mismo, la Agencia Europea del Medicamento, han avalado la eficacia y seguridad de la vacuna de AstraZeneca, descartando que tenga relación con los casos de trombos, aunque lógicamente seguirá profundizando en la interconexión entre la vacuna y los extraños eventos de trombosis de senos venosos cerebrales.

Asociación no implica causalidad. Dos eventos pueden ocurrir en un mismo contexto temporal sin que tengan relación entre si

Me gustaría hacer varias las reflexiones sobre la situación vivida. Primero, los sistemas de farmacovigilancia (la ciencia que recoge, vigila, investiga y evalúa la información sobre los efectos de los medicamentos) nacionales y europeos funcionan perfectamente, con una elevadísima sensibilidad. Es una gran noticia que debe hacerse llegar a la ciudadanía, si hay efectos adversos, se conocerán y el sistema interrumpirá el medicamento o vacuna potencialmente causante.

Segundo, asociación no implica causalidad. Dos eventos pueden ocurrir en un mismo contexto temporal sin que tengan relación entre si. Un proceso de vacunación masiva con el que estamos viviendo no está exento de que puedan aparecer efectos adversos infrecuentes e imposibles de registrar en los ensayos clínicos, pero eso no implica que cada evento que se produzca tenga que ser causado por una u otra vacuna. La incidencia de patologías en la sociedad no se va a detener por estar vacunando a la gente. De hecho en España, se producen de forma habitual trombos en población no vacunada, aproximadamente unos 20.000 casos al año.

Cada día que no se vacuna a la población, es un día perdido a la hora proteger a personas vulnerables y avanzar hacia la inmunidad de grupo

Tercero, la COVID19 es una enfermedad que en su máxima expresión resulta letal para el enfermo y provoca entre muchas otras cosas alteraciones en la circulación y tromboembolismos. No debemos olvidar que estamos en un pandemia y que la relación beneficio-riesgo de vacunar supera ampliamente al no hacerlo. Cuarto, hay un coste de oportunidad. Cada día que no se vacuna a la población, es un día perdido a la hora proteger a personas vulnerables y avanzar hacia la inmunidad de grupo. Y quinto, toca esforzarse ahora en recuperar parte de la credibilidad perdida por parte de la ciudadanía en relación a este vacuna. Todas las vacunas aprobadas en Europa son eficaces y seguras, no hay buenas o malas, todas tienen datos que corroboran su acción frente a la enfermedad con un perfil elevado de bioseguridad. Sexto, toca acelerar el rimo de vacunación. Estados Unidos, Reino Unido e Israel son ejemplos perfectos de ello. De hecho, con la economía abierta totalmente, Israel ve disminuir drásticamente el impacto de la pandemia en la población ya vacunada: un 86% menos casos, un 73% menos de enfermos críticos y un 91% menos muertes, porcentajes observados en la población, independientemente de la edad.

La medida más eficaz que tenemos para revertir esta pandemia es vacunar como si no hubiese mañana y hacerlo desde ya

El camino no es fácil. La fatiga emocional de la ciudadanía y las nuevas variantes del virus amenazan el reinado de las vacunas. En nuestro entorno, la variante inglesa (B.1.1.7) ya es la variante europea. Un nuevo estudio sugiere que la variante inglesa (B.1.1.7) no solo es más transmisible, si no que también aumenta el riesgo de enfermedad grave, y en un 61% el de mortalidad asociada a covid-19 (especialmente en hombres). La medida más eficaz que tenemos para revertir esta pandemia es vacunar como si no hubiese mañana y hacerlo desde ya.

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