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Poca gente conoce, más allá del mundo universitario e investigador, la existencia de Ikerbasque, una fundación promovida por el Gobierno vasco en 2007 para financiar la atracción a Euskadi de científicos de todo el mundo. Y son todavía menos los que saben que su gerente, el ingeniero industrial Iñigo Atxutegi, no ha cambiado desde entonces, independientemente de quién haya gobernado en Lakua. Es una de las pocas instituciones públicas que, por lo bien que funcionan, nadie se ha atrevido a tocar.

Gestiona con eficacia y es respetado por todo el mundo científico vasco, cosa que no sucedió por ejemplo con el Innobasque que creó Pedro Luis Uriarte, que quiso crecer tan rápido que acabó generando recelos por doquier. Y aunque la mayor parte de su presupuesto proviene de Lakua, aproximadamente el 25% de sus fondos propios son aportados anualmente por el Ministerio de Ciencia e Innovación y en 2020 movilizó ayudas europeas por importe de 20 millones de euros, lo que da también una idea de su capacidad de colaboración inter-institucional.

 

Es una de las pocas instituciones públicas que, por lo bien que funcionan, nadie se ha atrevido a tocar

 

Además de contratar cada año desde 2007 a unos 40 científicos de otros tantos países del mundo, Ikerbasque está detrás de la puesta en marcha de la mayor parte de los centros de excelencia. Aquí están incluidos desde Polymat, que está revolucionando el uso de polímeros en la industria vasca, hasta el Basque Center for Applied Mathematics, uno de los principales laboratorios de inteligencia artificial de Euskadi. Hay que tener en cuenta que tanto las contrataciones como estos centros de excelencia son complementos de las universidades vascas, que por su burocracia interna y limitaciones presupuestarias, no tienen capacidad para llegar más lejos en sus tareas de investigación.

La labor de Ikerbasque tiene dos repercusiones. Una muy directa, que es la mayor capacidad para atraer fondos europeos para la I+D, que al otorgarse por criterios meritocráticos tienen más posibilidades de llegar a una Euskadi plagada de científicos de categoría internacional. Ikerbasque ha calculado que, gracias a sus investigadores, 240 millones de euros han aterrizado con origen en Bruselas desde 2007. Es una cifra relevante, aunque probablemente esté maquillada a su favor al incluir proyectos en los que hay investigadores de otros orígenes.

 

Además de contratar cada año desde 2007 a unos 40 científicos de otros tantos países del mundo, Ikerbasque está detrás de la puesta en marcha de la mayor parte de los centros de excelencia

 

La segunda repercusión es más indirecta pero mucho más importante. Los mejores científicos generan en su entorno mucho conocimiento, que con un poco de suerte puede transformarse incluso en startups con alto potencial de crecimiento. Dicho de otra manera: para que haya investigadores en campos avanzados de la ciencia, tiene que haber alguien que los prepare. Y las startups más avanzadas, especialmente las de tecnologías profundas o deep tech, surgen generalmente de grupos de investigación universitaria.

En Euskadi hay un caso paradigmático de todo esto. Su protagonista es Enrique Solano, un físico peruano que un día convirtió su pasión por la física cuántica en el foco de sus investigaciones. Lo hizo hace más de 20 años, cuando eso suponía vivir penurias y tener que mendigar dinero a los pocos mecenas que creían en algo que entonces se parecía más a la ciencia ficción que a la realidad. Uno de ellos fue Ikerbasque, que sacó la chequera para atraerlo a Bilbao.

Durante su estancia en la Universidad del País Vasco, Solano se rodeó de jóvenes investigadores que hoy en día figuran en la elite mundial de la computación cuántica: los vascos Jorge Casanova y Mikel Sanz y el chino Xi Chen. Solano, el mentor, reside ahora en Munich, pero su paso por Euskadi se ha traducido en una generación de expertos que pueden convertir a Bilbao en uno de los centros mundiales en esta materia. Primero en investigación y, si se suma alguna circunstancia más, también en emprendimiento.

 

Solano, el mentor, reside ahora en Munich, pero su paso por Euskadi se ha traducido en una generación de expertos que pueden convertir a Bilbao en uno de los centros mundiales en esta materia

 

Y es que la computación cuántica, otrora despreciada, ha pasado a ser una de las grandes promesas actuales de la tecnología. Sus aplicaciones, más allá de los complejos cálculos que están detrás de una inversión en bolsa y que domina la compañía guipuzcoana Multiverse Computing, todavía no están claras. Pero los ordenadores cuánticos ya son una realidad, sofisticada y costosa eso sí, que ha empezado a despertar el interés de los fondos de capital riesgo.

Un equipo de este tipo exige unas condiciones atmosféricas que permiten realizar cálculos con electrones en lugar de con los pulsos eléctricos que definen un bit. Es una tecnología que difícilmente llegará hasta el PC que tenemos en casa pero que sí está accesible a través de Internet en modo "nube". Y es tal la potencia de cálculo que pueden permitir que las oportunidades de negocio se van a ir multiplicando. Por una carambola engrasada por Ikerbasque, Euskadi tiene ahora un acceso privilegiado a ellas.

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