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Como pollos sin cabeza corriendo detrás de los millones anunciados por Europa, pero con el objetivo de obtener la rentabilidad política en el relato de quién los ha conseguido o, mejor, de quién tiene la ventanilla para repartirlos. Ésta es la sensación de lo que ocurre en Euskadi con la gestión de los Fondos Next Generation. Ésa es la perspectiva que tienen las empresas vascas que se sienten al margen del proceso. 

La perspectiva de las empresas sobre la gestión de los Fondos es ver una carrera de pollos sin cabeza detrás de los millones con el objetivo de obtener la rentabilidad política en el relato de quién los ha conseguido

Se trata de 140.000 millones de euros que la Comisión Europea ha habilitado para España en los próximos años dentro de su plan de 750.000 millones. Con este dinero está previsto impulsar proyectos tractores que atiendan: uno, a la transformación social para reparar las heridas de la crisis y sentar las bases de la formación y educación del futuro; dos, a la transformación energética y de movilidad para conseguir la emisión cero de carbono; y tres, a la transformación industrial para adecuar, digitalizar y automatizar las empresas para que puedan afrontar el reto de la competitividad.

Éste sería el punto de partida, junto a la promesa que ha hecho el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de que, de esos 140.000 millones, dejará que las comunidades autónomas gestionen la mitad. Pero quien debe tramitar el proceso es el Estado, así que las regiones deben pasar sus proyectos estrella al Gobierno a partir del 1 de enero. Y es aquí cuando se ha abierto el festival de la confusión. Esa carrera por ver quién podrá ponerse la medalla de repartir los dineros de Europa y eso, claro, en Euskadi, donde ahora vemos una desatada competición por ver si es el PNV o EH Bildu el que más consigue en Madrid, también ha llegado.

Euskadi preparó un listado de proyectos con poca colaboración de las patronales que, cuando fueron consultadas, tuvieron que reenfocar la línea de los trabajos

Por un lado el Gobierno vasco se lanzó a la vuelta de verano a la venta del gran proyecto de los Fondos Europeos como la gran oportunidad para Euskadi que el Ejecutivo de Urkullu iba a gestionar, convirtiéndose una vez más en el mejor conseguidor en Madrid. Prepararon a todo correr un listado de proyectos muy rimbombante, pero con poca colaboración con las empresas y las patronales. Es más, cuándo éstas entraron tuvieron que reenfocar la línea de los trabajos y adecuarlos a la realidad. Además, todo esto desde cierto secretismo sobre qué proyectos se presentarán. Mañana, se hará público ese listado elaborado en el seno del Gobierno vasco en medio de esta ceremonia de la confusión de no saber, además, cuándo llegará el dinero.

Por otra parte, la semana pasada el Gobierno de España publicó el decreto que establecía los criterios para que las empresas puedan presentar sus proyectos en los distintos Ministerios. Más confusión: ¿Las empresas deben ir a las comunidades autónomas o deben acudir al Estado? o ¿irán a ambas ventanillas?. Además, esto llega también con una patronal, la CEOE, que en este caso sí ha levantado más la voz para reclamar una mayor participación en el proceso.

El Gobierno vasco, que no quiere desvelar los proyectos que desea presentar, acusa al Gobierno de Sánchez de oscurantismo y falta de transparencia por no establecer con claridad los criterios del reparto del dinero

Mientras tanto un Gobierno vasco, que no quiere desvelar los proyectos o planes que desea presentar, critica al Gobierno de España por oscurantismo y por falta de transparencia por no establecer claramente cuáles son los criterios del reparto del dinero, qué capacidad tendrá Euskadi para decidir a quién dar o no dinero. Y todo, con el temor de que los planes de Sánchez sean convertir a las comunidades autónomas en meras ventanillas de gestión.

En todo este galimatías, los actores principales, las empresas, están a la expectativa, a la espera de saber cómo quedarán las cosas y desde la desinformación más absoluta. Pero, lo que es más preocupante, están temerosos de que esta gestión política, de que la pelea identitaria una vez más por ver qué bandera hay en la oficina donde presentar los papeles, lleve al traste la inversión común más importante de la Unión Europea.

Los empresarios temen la tentación de que alguno trate de rentabilizar políticamente una fuerte inversión pública y hacer un ´Plan E´ a lo grande, porque saben que la UE no pagará esa fiesta. Así, pesa como amenaza el recordatorio que lanzan: el 60% de las ayudas que conceden las instituciones europeas no se terminan de financiar porque los proyectos presentados no se desarrollan según lo establecido o no cumplen los exigentes requisitos de la Unión. 

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