Pásate al MODO AHORRO

Acabamos de dejar atrás 2020, ese 'annus horribilis' que ha cambiado radicalmente nuestra vida diaria y que ha trastocado los planes de todos: gobiernos, ciudadanos y empresas. El impacto ha sido tan brutal que hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de relacionarnos, de vivir, de trabajar, etc. Sin embargo, hay cuestiones que, a pesar de la pandemia, siguen ahí fuera sin cambiar un ápice en 2021. Una de ellas, quizás la más importante para nuestro futuro, es el cambio climático. Aunque pudiera parecer lo contrario, la pandemia no lo ha detenido, es más, es precisamente la destrucción de los ecosistemas una de las principales causas de la aparición de nuevos virus como el covid-19. La Unión Europea es perfectamente consciente de este desafío y también de la oportunidad que supone todo el proceso de adaptación y transición ecológica para el viejo continente, especialmente para sus empresas, que en las últimas décadas han visto como perdían peso a nivel global en favor de las asiáticas, especialmente China, y las americanas. No es casualidad que el mayor plan de recuperación para Europa aprobado hasta ahora centre precisamente estas ayudas en la transición ecológica y en una reindustrialización en clave verde, ni tampoco lo fue el Green Deal, el gran pacto verde aprobado por las instituciones europeas para afrontar la adaptación al cambio climático. El mensaje desde Bruselas no puede ser más claro para todos, especialmente para las empresas.

Y mientras, ¿qué hacemos en Euskadi?, ¿somos conscientes de este cambio de escenario? La respuesta no puede ser única porque como suele pasar hay diferentes matices que contemplar y siempre se puede observar el vaso medio vacío o medio lleno. En mi opinión, creo que, en general, vamos un poco retrasados, nos ha costado “centrar el tiro” aunque creo que algunas cosas están cambiando y, en este sentido, es muy significativo como la cartera con más peso del ejecutivo autonómico, la de la consejera Arantxa Tapia, ha unido, por fin, desarrollo económico con sostenibilidad. No es casualidad tampoco que el Gobierno vasco fuera uno de los primeros en España en adoptar la Agenda 2030, ni que a finales de este año vayamos a contar, por fin también, con un anteproyecto de la Ley Vasca de Transición Ecológica y Cambio Climático.

No es casualidad que el mayor plan de recuperación para Europa aprobado hasta ahora centre precisamente estas ayudas en la transición ecológica y en una reindustrialización en clave verde. El mensaje desde Bruselas no puede ser más claro para todos, especialmente para las empresas

Las empresas tampoco están siendo ajenas a este cambio, aunque la velocidad de esta transición es muy desigual, tanto por territorios como por sectores. A un servidor le llama poderosamente la atención que el principal exportador vasco, Mercedes Benz, tuviera ya en 2010 la primera furgoneta 100% eléctrica del mercado y que, sin embargo, dejara aparcado ese proyecto para volver a retomar la movilidad eléctrica una década después acuciada por la tozuda realidad del mercado. También creo sinceramente que mi ciudad, Vitoria-Gasteiz, la primera ciudad del sur del continente en convertirse en Capital Verde de Europa en 2012, ha perdido unos años preciosos a la hora de impulsar una economía verde en la ciudad, a pesar de alguna iniciativa muy loable como el Pacto Verde lanzado desde el consistorio vitoriano. En la otra parte de la balanza, me llama poderosamente la atención lo bien que se está trabajando desde Gipuzkoa en algunos sectores como el de la moda, con ejemplos tan punteros a nivel mundial como Ternua, que reutiliza materiales como las redes de pesca para hacer sus creaciones. También desde sus instituciones, una muestra es la creación de Naturklima, la Fundación de Cambio Climático impulsada por la Diputación de Gipuzkoa, un claro ejemplo del papel de liderazgo que pueden jugar las instituciones a la hora de impulsar una economía verde.

La necesaria transición ecológica que tienen que hacer las empresas y también las instituciones vascas no es neutra. Las palabras, las estrategias deben ir acompañada de los hechos. No se puede defender la descarbonización de la economía y empeñarse en seguir ayudando o apostando por combustibles fósiles. No se puede negar la evidencia y taparnos los ojos y los oídos, ya vivimos muy de cerca lo que pasa con esas políticas del “avestruz” que se siguieron, por ejemplo, con las subvenciones al carbón hasta el cierre de todas las explotaciones, años de subvenciones perdidas que se podían haber invertido en una verdadera transición hacia una economía más verde, que como se ha demostrado tiene un elevado potencial de generación de nuevos empleos.

La salida a la crisis de la pandemia es verde y hace falta que los responsables de las asociaciones empresariales y los políticos se lo crean, de verdad, con hechos y no sólo palabras

La grandes compañías multinacionales cada vez lo tienen más claro y la más importante de Euskadi, Iberdrola, hace años que ha dado ese giro de timón necesario, con algunas contradicciones como nos pasa a todos, pero con un objetivo final muy claro ligado a la nueva economía, llamémosla verde, circular o del bien común, que adjetivos no le faltan, pero que se resume en minimizar el impacto de la actividad humana en el planeta para que el cambio climático no sea irreversible. En nuestra comunidad hay también cientos de ejemplos de empresas más pequeñas, no nos olvidemos que más del 90% de nuestro tejido empresarial esta compuesto por Pymes, que se han convertido en referentes de la sostenibilidad. Lo es AB Laboratorios, la firma alavesa que ganó en 2018 el Premio Europeo de Medio Ambiente, o también Eko-Rec, la empresa guipuzcoana especializada en el reciclaje de PET para hacer productos útiles para la industria. Son sólo 2 ejemplos de una tendencia imparable a la que está ayudando iniciativas que vienen trabajando desde hace muchos años por impulsar una industria del medio ambiente en Euskadi como Aclima, el clúster vasco de medio ambiente, o programas de Ihobe como el Basque Ecodesign Center, entre otros.

Aún nos queda mucho camino por recorrer, todavía hay muchas empresas y también instituciones vascas que tienen pendiente esta transición ecológica. El mercado ha cambiado, demanda soluciones para los grandes retos globales a los que se enfrenta la humanidad y el principal, sin duda, es el cambio climático y todas sus consecuencias. Euskadi debe girar aún más el timón de su industria para poner rumbo hacia una economía verde. De este giro de timón va a dependen nuestro futuro. Sin las empresas este giro no es posible pero, a su vez, las que no lo hagan tendrán comprometida su supervivencia. La salida a la crisis de la pandemia es verde y hace falta que los responsables de las asociaciones empresariales y los políticos se lo crean, de verdad, con hechos y no sólo palabras.

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