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El País Vasco como ejemplo empresarial y en concreto de industrialización, es una idea que venimos compartiendo desde hace décadas como un mantra inamovible que nos situaba, lo hizo durante muchos años, en una posición privilegiada de la que nadie podría descabalgarnos. Tuvimos, sin duda, nuestro momento, lo que nos hizo especialmente atractivos dentro y fuera, para que inversiones importantes recalaran en Euskadi.

Algunos debieron creer que vivir de las rentas iba con nosotros, y que no tenía fecha de caducidad, independientemente de cómo evolucionara el resto. Pues bien, nos encontramos en un momento especialmente complicado, en el que hemos ido perdiendo de forma paulatina y tal vez sutil, el atractivo que tantos buenos resultados nos ha dado, y cuyo brillo ya no se vislumbra por ningún lado.

Cuando antes seamos capaces de reconocerlo, antes reaccionaremos para intentar ponerle solución. Tenemos que admitir sin trapujos que Euskadi ya no tiene el tirón de hace años, y que nos están pasando por delante comunidades como Madrid, por citar un ejemplo, que ha sabido convertirse en un territorio en el que cualquier inversor piensa en estos momentos.

 

Tenemos que admitir sin trapujos que Euskadi ya no tiene el tirón de hace años, y que nos están pasando por delante comunidades como Madrid

 

Lo hemos tenido todo, y todavía nos quedan algunas cosas, pero nos falta el lustre de antaño. Estamos en un momento en el que desde el punto de vista económico, se está dando la tormenta perfecta, en la que o somos capaces de reaccionar, o nos vamos a encontrar en un escenario nada halagüeño.

Por eso hay que intentar recuperar la ventaja de otros momentos, y una vez más hay que ver qué están haciendo los demás, fundamentalmente, qué están haciendo los que están recibiendo inversiones.

Porque, seamos claros, mientras vemos los movimientos en empresas de esas a las que hemos tildado “de gran arraigo vasco” como Iberdola o Euskaltel, por citar sólo dos, ¿hace cuánto tiempo que no se habla aquí de una inversión realmente importante? Hace mucho tiempo, más del que nos podemos permitir, y eso cuando menos, debe ser motivo de reflexión.

 

Antes, cuando éramos atractivos se valoraba nuestro “saber hacer” como un elemento que puntuaba al alza, ahora saber hacer no computa

 

Y ya que ha surgido esto del arraigo, que aquí ha sido sin duda uno de esos hechos diferenciales que algunos nos atribuyen, es cierto que en Euskadi el arraigo, el apego a la tierra ha sido una condición especialmente vinculante para quedarse aquí, y generar riqueza, puestos de trabajo y bienestar en la plaza. ¿Cuánto queda de eso del arraigo? Créanme, en un mundo globalizado donde las grandes decisiones se pueden tomar en cualquier sitio, en un momento de incertidumbre, y en un contexto en el que dependemos ya no de las entidades financieras, también arraigadas, sino de los fondos, esto del arraigo tiene los días contados a no ser que lo trabajemos.

No hay duda de que mayoría de los empresarios “de aquí”,quieren seguir aquí pero hay que ponérselo fácil, y hay que hacerlo utilizando los instrumentos de los que ya disponemos, por ejemplo en materia de política fiscal, ya que nos sacan cantares por el Concierto Económico, usémoslo de la forma más adecuada para favorecer las inversiones.

 

No hay duda de que mayoría de los empresarios “de aquí”,quieren seguir aquí pero hay que ponérselo fácil, y hay que hacerlo utilizando los instrumentos de los que ya disponemos

 

Antes, cuando éramos atractivos se valoraba nuestro “saber hacer” como un elemento que puntuaba al alza, ahora saber hacer no computa, o computa lo justo porque muchos saben hacer e incluso mejor que nosotros, y para más INRI, más barato.

Tenemos un recorrido andado, tenemos un histórico, tenemos la principal materia prima que es el capital humano, recuperemos lo perdido, seamos audaces para que los que antes nos miraban en primera instancia y ahora se han olvidado de nosotros, vuelvan a tenernos en cuenta.

Para eso, como para casi todo, hay que pensar, hay que arriesgar, hay que trabajar, hay que mirarse en otros espejos y sobre todo: HAY QUE QUERER.

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