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La pasada semana Gobierno vasco presentaba Basque Green, la hoja de ruta propia de Euskadi para el desarrollo del Green Deal europeo. En palabras de la propia consejera Tapia, “un nuevo modelo económico” que, entre otras cosas, presenta a la industria como motor de esa economía verde y que pretende reducir el paro por debajo del 10% en los próximos años. Lo primero que tengo que decir es ongi etorri, ya lo decía en mi primera colaboración con Crónica Vasca, allá por el mes de enero: es absolutamente necesario hacer una transición ecológica de la economía vasca y, por lo tanto, de su industria. No voy a entrar en si este pacto verde a la vasca debería haber llegado antes, lo importante es que ya está aquí y que cada vez hay menos voces que cuestionan que la economía será verde o no será. Ahora lo que hace falta es que nos lo creamos todos, empezando por el propio Gobierno vasco, siguiendo por el resto de instituciones, empresas y ciudadanía en general. Para lograrlo, y evitar críticas de greenwashing, como las que ya han hecho algunos partidos de la oposición, me van a permitir que aporte algunas claves para su desarrollo y aplicación.

-De las palabras a la acción: Es hora de actuar ya. Vamos con mucho retraso respecto a nuestro entorno europeo. La urgencia climática y también la nueva economía mundial requieren que seamos audaces en la generación de un sistema económico sostenible en Euskadi. Las buenas palabras tienen que ir acompañadas de hechos y sobre todo de presupuestos: los planes sin su consiguiente inversión son papel mojado. También son necesarias políticas fiscales que ayuden al desarrollo de la economía verde, la planificación y la regulación, además de algo que, aún hoy en día, suele menospreciarse: la comunicación y sensibilización de toda la sociedad. Sin una buena comunicación no habrá una buena implicación de los diferentes actores y sin implicación no llegaremos al objetivo deseado.

 

También son necesarias políticas fiscales que ayuden al desarrollo de la economía verde, la planificación y la regulación, además de algo que, aún hoy en día, suele menospreciarse: la comunicación y sensibilización de toda la sociedad

 

-Coordinación: El Basque Green surge directamente del Green Deal lanzado por Europa a finales de 2019 y, probablemente, las características de los fondos de recuperación europeos, que emanan directamente de este pacto, hayan acelerado su creación, pero no podemos olvidar que en Euskadi ya se ha trabajado y se continua haciéndolo en otros pactos verdes desde diferentes instituciones y corremos el riesgo de que, o bien se dupliquen trabajos o bien se hagan de manera paralela, sin aprovechar las numerosísimas sinergias que pueden surgir. En un primer repaso, tenemos iniciativas tan veteranas como el Pacto Verde de empresas del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz (2012,) creado el mismo año de su Green Capital en un intento de impulsar la economía verde en la ciudad. En 2019, Vitoria-Gasteiz lanzó su también su particular Green Deal, con la creación de un consejo asesor de expertos en 2020. También tenemos apuestas similares en los otros dos territorios de la comunidad autónoma: Green Recovery Gipuzkoa, lanzado por su Diputación en 2020 o el reciente Basque Circular Hub, presentado hace 2 meses en Bilbao, de la mano de su Ayuntamiento y el propio Gobierno vasco, entre otros. Además, tampoco podemos olvidar el gran marco común en el que, en mi opinión, se enmarca toda esta nueva economía verde: la Agenda 2030. Euskadi fue la primera comunidad autónoma en 2018 en presentar su Agenda 2030 para avanzar en el cumplimiento de los 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de la ONU. Gobierno vasco, como institución de referencia en el territorio, debería encargarse de que todas estas iniciativas avanzaran juntas. La coordinación entre todas ellas es fundamental y también es importantísimo generar red y lazos con el resto de España y Europa, dónde también se están construyendo pactos muy interesantes como el Grupo español de Crecimiento Verde, del que forma parte una de las principales empresas vascas: Iberdrola.

 

Muchos de los hábitos y de las formas de hacer empresa del pasado deben desterrase de manera definitiva y esto conllevará, inevitablemente, ajustes, algunos más traumáticos que otros

 

-Coherencia: Apostar por un nuevo modelo económico en Euskadi con la sostenibilidad en el centro de su estrategia no es neutro. La transición ecológica pendiente en nuestra economía requiere que las instituciones no se pongan de perfil defendiendo, por ejemplo, modelos energéticos que son incompatibles con esta economía. Muchos de los hábitos y de las formas de hacer empresa del pasado deben desterrase de manera definitiva y esto conllevará, inevitablemente, ajustes, algunos más traumáticos que otros, pero no se puede perder el objetivo final por que el pan para hoy puede ser hambre para mañana. Se requiere visión, innovación y apuesta política para hacer este cambio de modelo económico y evitar las visiones cortoplacistas. Espero que no sea mucho pedir para nuestros políticos que están acostumbrados a hacer planes a 4 años vista.

-Rapidez: Como ya he dicho antes, no somos precisamente pioneros en esta apuesta por la economía verde. Por este motivo, tenemos que acelerar esta transición y tenemos que hacerlo todos juntos. En este sentido, sería interesante lograr un amplio acuerdo y respaldo de toda la sociedad para avanzar. Una de las claves será que esta transición sea justa, ofreciendo alternativas a las personas o empresas que se van a ver afectadas y, sobre todo, siendo capaces de comunicar las increíbles oportunidades que conlleva la implantación de este nuevo modelo económico en Euskadi, que se traducen en la creación de miles de nuevos puestos de trabajo y la generación de más riqueza sin comprometer el futuro de nuestro planeta.

 

La coordinación es fundamental porque este cambio no depende sólo de un departamento, ni tan siquiera de una o varias instituciones o empresas, depende de toda la sociedad

 

¡Basta ya de enfrentar economía y ecología! Y haciendo nuestras las palabras de Arantxa Tapia en la presentación del Basque Green en las que decía que era necesario trabajar “por tierra, mar y aire” para implantar la nueva economía verde, vamos a cogernos un barco y llegar a la capital de Dinamarca, Copenhague, una de las ciudades que más avanzado en este terreno. La Capital Verde de Europa en 2014 aumento su competitividad en un 25% entre 1994 y 2010, en ese mismo período de tiempo fue capaz de reducir sus emisiones en un 40%. ¿Alguien sigue pensando que no se puede descarbonizar nuestra economía? La ciudad nórdica contaba ya en 2012 con una oficina propia para impulsar la economía verde en su municipio. Ese mismo año sus 6 miembros se desplazaron a Vitoria-Gasteiz para conocer de primera mano sus iniciativas. Probablemente, ellos estaban mucho más avanzados, pero su afán de seguir aprendiendo les trajo hasta la capital vasca, una cualidad, la humildad, que sería muy necesaria para todas nuestras instituciones y nosotros mismos. No nos creamos el centro del mundo, seamos humildes, tenemos que aprender y apoyarnos en otros territorios e iniciativas, incluso dentro de Euskadi, donde es muy mejorable todavía la coordinación de políticas entre los 3 territorios. Quizás no estaría mal aprender de Copenhague y darnos cuenta que, para desarrollar una nueva economía verde, hay que crear un organismo que se dedique exclusivamente a ello. La coordinación es fundamental porque este cambio no depende sólo de un departamento, ni tan siquiera de una o varias instituciones o empresas, depende de toda la sociedad.

Copenhague será la primera capital neutra en carbono en 2025, la intención de Gobierno vasco es que Euskadi lo sea en 2050. Tal vez para entonces los bilbaínos pueden bañarse en su puerto como lo hacen desde 2017 los ciudadanos de Copenhague en el suyo.

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