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Parece difícil pensar que el “Lehman chino” vaya a caer. De momento. Sin embargo, han sido constantes los artículos en medios internacionales como Financial Times o Bloomberg alertando de los posibles riesgos que una quiebra del gigante inmobiliario -por ponerle el adjetivo de su actividad principal- chino podría acarrear. Nada que ver con el trato que le ha dado la prensa española al acontecimiento, con titulares como “El colapso de Evergrande: por qué España no debe preocuparse (en exceso) ante el pinchazo del “Lehman chino”.

Creo que no hay que ser ningún especialista en mercados financieros para entender que un estornudo en la otra punta del mundo puede tener un efecto más que significativo en nuestra economía

Creo que no hay que ser ningún especialista en mercados financieros para entender que un estornudo en la otra punta del mundo puede tener un efecto más que significativo en nuestra economía. No hay nada como echar un vistazo a nuestra historia reciente. Por eso, me atrevería a decir que ciertos medios de comunicación españoles muestran demasiado optimismo para tanta incertidumbre. Y es que no hay nada peor en los mercados especulativos, ésos que, aun invisibles, moldean nuestro día a día, que la incertidumbre.

Es por ello que la incertidumbre generada por la posible caída de un gigante como Evergrande y el no saber cómo actuará exactamente el gobierno chino, tiene al mundo en ascuas. China es la segunda economía más grande del mundo y en ella el sector inmobiliario supone alrededor del 15% del PIB. Para poner esta cifra en contexto, tengamos en cuenta que, en el año 2008, justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria en España, el sector de la construcción suponía el 10,1% del PIB. Además, la deuda que acumula el gigante de la construcción chino asciende a US 300,500 millones o, lo que es lo mismo, el 2% del PIB de China.

Y, aunque todo indique que el gobierno chino llevará a cabo un derribo “controlado” de la segunda inmobiliaria más grande de China, es imprescindible preguntarse cómo podrá afectar tanto a la economía china -geopolíticamente hablando, sobre todo a la macroeconómica-, como al resto del mundo. En primer lugar, la guerra geopolítica y económica abierta con Estados Unidos y los efectos de la COVID-19 dejan entrever una posible ralentización en el crecimiento de la segunda economía mundial. Una ralentización que, indudablemente, podría verse aún más golpeada si la caída de Evergrande se descontrolase afectando a múltiples sectores de la economía. Nótese que digo si se descontrolase, ya que se espera que la empresa no sea capaz de cumplir con todas sus obligaciones. Por eso, y en aras a garantizar la paz social, habrá que ver si es capaz de hacer frente a las obligaciones adquiridas con más de un millón y medio de personas que ya han pagado sus viviendas y todavía no han empezado a construirse.

La guerra geopolítica y económica abierta con Estados Unidos y los efectos de la COVID-19 dejan entrever una posible ralentización en el crecimiento de la segunda economía mundial

En segundo lugar, el efecto que pueda tener a nivel internacional. ¿Podría haber un efecto dominó que afecte al resto de las economías mundiales tal y como ocurrió en la crisis del año 2008? La respuesta es tan sencilla de ofrecer como complicada de interpretar: nadie lo sabe. No hay duda de que la caída de Evergrande podría suponer una profunda crisis para el sector inmobiliario -sobre todo chino, donde el precio de la vivienda se ha multiplicado por seis en los quince últimos años, pero no solo-. Asimismo, Evergrande debe dinero a más de 171 bancos locales y a otras 121 entidades financieras, lo que nos hace pensar que, si no cumple con dichas obligaciones, una potencial contracción del mercado crediticio podría ser la antesala para una recesión en la economía mundial. Otra posible crisis financiero-inmobiliaria que muestra, una vez más, que la lucha contra la financiarización inmobiliaria no se circunscribe a una simple lucha por el derecho a que todas las personas dispongan de una vivienda digna, sino que también es fundamental contra el neoliberalismo como forma de organización social.

No hay duda de que la caída de Evergrande podría suponer una profunda crisis para el sector inmobiliario

En definitiva, pese a que el gobierno chino se la juega, todo parece indicar que actualmente tiene las herramientas necesarias -entre ellas 1,13 billones de dólares en títulos de deuda estadounidense, el 17% del total que recae en manos extranjeras- para hacerle frente de forma controlada a uno de sus grandes problemas. Veremos la situación de los demás. Porque China, Siempregrande.

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