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Otra. La séptima final perdida en este siglo por el Athletic Club de Bilbao. Y en todas ellas el rendimiento y el factor de competitividad del equipo vizcaíno ha estado al nivel de “mingafrías”, hallazgo lingüístico que debemos a Javier Clemente.

La cuadrilla de “millonarios prematuros”, en palabras de Marcelo Bielsa, se ha llevado por delante, en este tiempo a técnicos tan solventes como el propio Bielsa, Caparrós, Valverde, Garitano o Berizzo. Y ahora van a por Marcelino. Y a por Elizegi. No digo que sea la pretensión de la plantilla, digo que es la lógica consecuencia de sus actos (o resultados).

Este club legendario está empeñado en adueñarse de los apelativos y sentencias que, históricamente, pertenecen a otros. Así, no nos extrañaría que una futura generación de seguidores termine por Pozas gritando ¡Gora Athletic manque pierda!, o que definan a su equipo como el “pupas”. Aunque seguramente serían demandados por béticos y colchoneros por apropiación cultural indebida. “Jugamos como siempre y perdimos como siempre”, parafraseando y falseando al gran Di Stéfano. Afortunadamente todavía les queda la esperanza de entrar en la Superliga esa que se ha inventado Florentino, aunque sea como el Bombero Torero.

 

Este club legendario está empeñado en adueñarse de los apelativos y sentencias que, históricamente, pertenecen a otros. Así, no nos extrañaría que una futura generación de seguidores termine por Pozas gritando ¡Gora Athletic manque pierda!

 

Estas dos finales de Copa eran el seguro de vida que el presidente del Athletic, Aitor Elizegi, manejaba frente al PNV. Hay que tener en cuenta que, en 2018, la candidatura de Elizegi fue lo más parecido que se podía tener a una oferta transversal y no controlada directamente por Sabin Etxea, que se inclinaba por el otro candidato, Alberto Uribe-Etxebarria, apoyado explícitamente por el aparato jeltzale.

Sin embargo, el empresario hostelero bilbaíno supo recabar apoyos en otros partidos y crear la suficiente disidencia en el suyo -él es también del PNV- como para inclinar la balanza por menos de cien votos. Una victoria inesperada que el Bizkai y el Euskadi Buru Batzar, como siempre que pierden, ni olvida ni perdona.

Por eso no fue de extrañar que Koldo Mediavilla, burukide y oráculo nacionalista, escribiera en su homilía, para consumo interno y aviso para navegantes, el pasado 4 de abril “Estoy avergonzado (…) por el comportamiento de centenares (miles diría yo) de imbéciles (…), salieron a las calles de Euskadi (…). Me avergüenzo (…) de una parte (..) de nuestra juventud, que se siente legitimada para hacer lo que quiera (…) Que hijos/as hemos educado? ¿Qué valores les hemos inculcado?”.

 

Igual deberíamos poner de presidente del Athletic a Erkoreka y de consejero de Seguridad al restaurador bilbaíno

 

Tú sabrás Koldo Mediavilla. Al fin y al cabo, lleváis casi cuarenta años al frente de este país. Así que algo tendréis que ver. A ver si la culpa va a ser de Patxi López. En fin, que el oráculo jeltzale no solo no criticó al alcalde de Bilbao, el peneuvista Aburto, o al consejero de Seguridad, el peneuvista Erkoreka, por su imprevisión y/o escaqueo en grado sumo, sino que arremetió contra el presidente del Athletic Club. Cito: “eche de menos, durante los gravísimos incidentes (…), que el presidente del Athletic Club bajara de la nube del Parnaso donde habitualmente vive para reclamar de la chusma (…) que abandonara las calles (…). Él tenía autoridad moral (…). Elizegi eludió tal responsabilidad”. Eso sí que es señalar y pasar factura. Aitor, amigo, el PNV no está contigo.

Aunque habrá que reconocer que si Elizegi fue el culpable de los desmanes de la primera final, inexorables e inevitables como una plaga bíblica, según el portavoz del Gobierno vasco, Bingen Zupiría, también será el responsable de la ausencia de incidentes en la segunda. Igual deberíamos poner de presidente del Athletic a Erkoreka y de consejero de Seguridad al restaurador bilbaíno.

El ruido de la final ha puesto sordina sobre la marcha de otra gran empresa vasca, aunque fuese una empresa temporal, la Eurocopa Bilbao. Una marcha que se ha producido entre la indiferencia institucional y el alivio abertzale y nacionalista: la Eurocopa se ha ido de Bilbao a Sevilla. Y solo nos ha costado millón y medio de euros.

 

Pero claro, que el PNV haga asquitos a España no es nada nuevo. Es oportunista y cíclico

 

La marcha de la empresa vasca Eurocopa Bilbao supone la pérdida de al menos 30 millones de euros, principalmente para la hostelería, hotelería y turismo, según los cálculos más conservadores. Tiramos, además, por la borda, la oportunidad de ofrecer una imagen de marca de Bilbao en Europa gracias a los seis partidos que se iban a retransmitir. Y dejamos una impresión de gente poco seria en los estamentos futbolísticos europeos capaces de traer, por ejemplo, una final europea a la capital de Bizkaia. Y todo esto ha ocurrido porque el Gobierno vasco ha entregado la toalla respecto a la pandemia y porque no le apetecía mucho ver a España jugar el primer partido en San Mamés con público. Con la que está cayendo y con lo que va a arreciar.

Pero claro, que el PNV haga asquitos a España no es nada nuevo. Es oportunista y cíclico. Cuando fallas en la gestión de la pandemia -somos los primeros en contagios, por delante incluso de Madrid-, o Euskaltel deja de ser vasca, o te desparece La Naval de Sestao, o se prevé un otoño caliente en lo social, Tubacex como ejemplo, te queda el comodín del raca-raca. Por eso forzamos una división con el PSE-EE a cuenta del derecho de autodeterminación o confrontamos cada día a cuenta del estado de Alarma. Y por eso Andoni Ortúzar avisa desde La Vanguardia a Pedro Sánchez que el futuro es un eje Ajuria Enea- Generalitat- Moncloa. Y el derecho a decidir, ahora a la escocesa, que es lo que se lleva esta temporada.

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