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El espectáculo al que hemos asistido boquiabiertos este fin de semana es propio de esa política hueca, liviana y vacía que emana de los manuales de la alt-right de Steve Bannon. Un Bannon que tampoco ha inventado nada. Ya han existido antes partidos y organizaciones anti-sistema que basan su estrategia política en el empoderamiento de los votantes de derechas ¡fuera complejos! para que carguen sus frustraciones contra los políticos -es decir, la democracia-, los independentistas -que rompen España-, los socialistas y comunistas -que permiten que se rompa España-, los negros, moros, feninazis, maricones y bolleras… entre otros peligrosos colectivos disolventes de la Patria, la Moral y la Religión ¿Viejuno o no?

Estas teorías de la derecha extrema han propiciado una generación de líderes conservadores -con honrosas excepciones- que no se caracterizan por su formación, ni por su preparación. Solo por su discurso lleno de obviedades, más o menos ingeniosas, su mala educación, que a algunos hace gracia, y su poco respeto a la verdad. Todo ello regado de euros, públicos y privados para mantener a unos medios de comunicación – y a sus profesionales- que les justifican lo inimaginable y les sostienen en su vacuidad.

 

El espectáculo al que hemos asistido boquiabiertos este fin de semana es propio de esa política hueca, liviana y vacía que emana de los manuales de la alt-right de Steve Bannon

 

Esto explica que, cuando llega el momento de dirimir un problema interno de liderazgo, actúen de la misma manera que lo hacen contra el adversario político. Entrando a matar, pulsando el botón nuclear, mandando a los sicarios a cortar pescuezos. Manca finezza. Y faltan referentes. Conservadores demócratas, honrados, con experiencia de gestión y de gobierno. Los mayores a los que hay que escuchar de tanto en tanto. 

Personas que les dijeran que todo tiene sus tiempos, que la prisa no es buena consejera, o eso tan ignaciano que aplica aquí la derecha vasca nacionalista:  "En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, más estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación,… Más claro agua.

Ocurre, y hay que decirlo, que la derecha española es heredera de la dictadura y nunca ha conseguido homologarse con una derecha europea conservadora y democrática. La derecha española cambió de franquista a demócrata sin convicción, como Lampedusa, “que todo cambie para que todo siga igual”. Sus privilegios de vencedores y sus maneras de hacer negocios. 

 

Ocurre, y hay que decirlo, que la derecha española es heredera de la dictadura y nunca ha conseguido homologarse con una derecha europea conservadora y democrática

 

Por eso, como toda derecha, cuando los votos no les alcanzan para estar en los gobiernos, se dedican a deslegitimar el sistema o a bloquear las instituciones. Una pulsión golpista que anida en el fondo del alma del votante conservador español. Se empieza insultando a los políticos, son muchos, cobran mucho, trabajan poco y no solucionan nada -¿hay algo más desestabilizador?- y se termina jaleando soluciones muy cercanas al totalitarismo.

Por supuesto, la izquierda ha cometido y comete sus propios errores, pero entre ellos no está la desestabilización del sistema democrático, por mucho que así lo pregonen los medios trumpistas españoles. Al fin y al cabo, lo mismo que la derecha española es heredera del franquismo, la izquierda lo es del antifranquismo, y no les apetece nada volver a algo parecido a aquello. Tiene lógica.

 

Por eso, como toda derecha, cuando los votos no les alcanzan para estar en los gobiernos, se dedican a deslegitimar el sistema o a bloquear las instituciones

 

Sí está en el debe de la izquierda, a mi juicio, la pulsión reciente, derivada del adanismo de algunas, algunos y algunes, de poner muchas veces el carro delante de los bueyes. Así, se plantean debates y se generan leyes que no son comprendidas ni compartidas por la mayoría. La pereza intelectual de algunos dirigentes de izquierdas les impide dedicar tiempo a explicar, compartir y debatir. Prefieren decidirlos, como buenos herederos del despotismo ilustrado o del centralismo democrático.

Pero este artículo va de la derecha española. Una derecha que hoy conforman muchos jóvenes airados, que se creen audaces, pero que solo son ignorantes e intolerantes. Ellos comandan la revuelta. Ocurre que los mismos que les niegan el futuro, les han convencido de que la culpa de su frustración es de las minorías y de los colectivos más precarizados. Y han comprado. 

 

Por supuesto, la izquierda ha cometido y comete sus propios errores, pero entre ellos no está la desestabilización del sistema democrático, por mucho que así lo pregonen los medios trumpistas españoles

 

Como han comprado el derecho que tienen los de siempre, los suyos, a trincar, robar, cobrar indebidamente, etc…. Eso les compensa ¡claro que sí, guapi! de los millones de pisos y de paguitas que la izquierda da todos los meses a los menas violadores, a las mujeres que denuncian agresiones para divorciarse con ventaja, a las bandas latinas, … y al resto de enemigos de España que ya he mencionado en el primer párrafo.

Y claro, cuando funcionas con este esquema mental como alternativa de gobierno, y ya existe otro partido “sin maricomplejines” que te ocupa el espacio, todo lo que hagas en esa longitud de onda solo engordará al otro.  Por eso Abascal está que se parte la caja. Y por eso Ayuso no es la solución. Tampoco Casado.

 

Un partido conservador alineado con la democracia y la constitución, institucional y responsable, es la garantía que permite pactos de estado entre los bloques, gobierne quien gobierne

 

Posiblemente es la hora de la refundación de la derecha española bajo unos parámetros europeos y europeístas. Esa sería la barrera más eficaz contra la derecha extrema. Un partido conservador alineado con la democracia y la constitución, institucional y responsable, es la garantía que permite pactos de estado entre los bloques, gobierne quien gobierne. Ya veremos.

Pero hoy, y está escrito con fuego por una mano invisible en las paredes de Génova: Manel. Tecel, Fares.

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