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Organizamos nuestra vida de manera telemática, convivimos diariamente con la tecnología. Vivimos conectados a dispositivos que nos permiten ponernos al día de los “grandes cambios” de la última media hora; hacemos compras online, organizamos reuniones de trabajo, asistimos en directo al asalto al Capitolio y vemos en tiempo real como mientras una profesora de aerobic daba su clase en Myanmar, los tanques del ejercito pasaban detrás suyo para dar un Golpe de Estado. Esta conectividad nos hace creer que sabemos mucho, cuando realmente estamos entendiendo poco. 

Vivimos en un momento disruptivo y de enorme transformación en la que todas las carpetas están abiertas. Incluso puede ser que nos encontremos ante una sociedad “adormecida” por las limitaciones de la pandemia, y todavía en 'shock' ante la realidad de estar viviendo en tiempo real una transformación histórica que todavía no sabemos donde terminará. Podemos estar asistiendo sin saberlo a un momento en el que se está produciendo más política de la que la sociedad es capaz de digerir. 

Esta conectividad nos hace creer que sabemos mucho, cuando realmente estamos entendiendo poco 

Vivimos en un mundo acelerado, en el que intentamos calmar la incertidumbre buscando respuestas rápidas a problemas complejos; un mundo en el que la actualidad debe ser analizada en el preciso momento en el que se producen los acontecimientos, sin darnos la oportunidad de reposar y analizar los que está pasando. Lo vimos el domingo pasado durante la noche electoral de las elecciones catalanas, cuando analistas y algunos partidos políticos plantearon victorias que no lo eran tanto. El mundo acelerado que exige posicionamientos rápidos simplifica la realidad hasta el punto de no dejarnos oír el mar de fondo que nos explica muchas cosas y que nos permite entender lo que realmente esta pasando. 

La crisis social y económica provocada por la pandemia nos va a situar en situaciones de desigualdad y de conflictividad social muy grandes. Si lo que prima en las negociaciones, tras las elecciones catalanas, es el modelo de respuesta a las diferentes crisis que vamos a tener que afrontar, ERC puede explorar posibles acuerdos más allá del bloque independentista, como es la opción de los partidos de izquierdas. No conviene olvidar que la democracia ofrece recordatorios de que existen otras personas que no piensan, hablan o actúan como nosotros. También es un recordatorio de que, por muy conectados que estemos y por muy informados que nos creamos, hay ocasiones en las que no sabemos tanto.  

 

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