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El presidente del Grupo Mondragón, Iñigo Ucín, hizo una declaración el pasado lunes, durante el cónclave anual de la cooperativa, este año más agitado que nunca, para defender que las empresas que amenazan con dejar la corporación, Orona y Ulma, tienen su "espacio natural" en su seno. Esta lógica petición de unidad es un paso valiente para afrontar los problemas del grupo, sí, pero resulta también insuficiente. Porque en su alocución, en la que por cierto no admitió preguntas, se aferró también a que las dos compañías citadas todavía no habían comunicado formalmente su intención de abandonar. 

Se trata de una excusa ciertamente burocrática, porque la ausencia de cualquier comunicación formal no es óbice para admitir que todos los datos conocidos invitan a pensar que Orona y Ulma se marcharán de la cooperativa. Ucín y el resto de dirigentes de Mondragón van a necesitar mucho más que una declaración para convencer a los socios de ambas empresas, que decidirán votando el próximo 16 de diciembre, de la necesidad de que se queden bajo su paraguas y eviten aprender otras aventuras. 

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