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Llegaba el Día de la Memoria, 10 de noviembre, elegido por ser la única fecha en el calendario que no hay registro de ningún atentado terrorista. Llegó, de nuevo, con la escenificación de un acto no unitario. Todos los partidos del Parlamento vasco realizaban la ofrenda floran en recuerdo de las víctimas con las ausencias de PP-Ciudadanos y Vox. Once años después del fin del terrorismo la misma foto, incompleta, como si nada hubiera cambiado. En política, como en la vida, es importante saber realizar las lecturas correctas de una sociedad más libre que la de entonces. No es un llamamiento a la renuncia, pero sí es una invocación a que se anteponga un clamor social de unidad ante el dolor de las víctimas y que lo que tengan que decirse, exigirse y debatirse lo sigan haciendo en el foro supremo de la palabra y la democracia.

Este Día de la Memoria llegaba aún con los ecos de la entrevista del ex ministro del Interior, José Barrionuevo. A pecho abierto declaraba: “yo ordené liberar a Segundo Marey”  ni un mínimo de autocrítica, ni medio remordimiento, más bien parece admitir que se hizo lo que se tenía que hacer, con total inmunidad y añadiría que con toda inhumanidad. No es pretensión abordar desde esta tribuna el recorrido judicial que pudiera trascender de sus palabras. No es la vía de los tribunales lo que en mi opinión, y pasado el tiempo, es lo que mayor sarpullido produce, sino el tono, la falta de reconocimiento de que estuvo mal, la condena de aquellos hechos y con todo ello, la revictimización. Se trata más bien de analizar y reflexionar cómo impactan sus palabras, la naturalidad con las que las expone, asumir el dolor causado. Las víctimas del GAL viajan, de nuevo, en el vagón de segunda.

 

Mirar hacia atrás implica reconocer lo que se ha hecho mal, con sus etapas, hasta ser capaces de construir un entente cordial para seguir hacia adelante y no en la línea de las declaraciones de Barrionuevo

 

Los pilares, en los que toda memoria debe sustentarse ante la violación de los derechos humanos; verdad, justicia y reparación, cojean de todas sus patas si ante tales vulneraciones se produce un desequilibrio hacia el trato a las víctimas y el señalamiento de los victimarios. Añadiría que con un plus de gravedad en este caso, ya que fueron fondos públicos del Estado los que financiaron la guerra sucia contra ETA. Mirar hacia atrás implica reconocer lo que se ha hecho mal, con sus etapas, hasta ser capaces de construir un entente cordial para seguir hacia adelante y no en la línea de las declaraciones de Barrionuevo. 

 

Pocos periodistas, opinadores y tertulianos le han dedicado un solo minuto, línea o editorial para señalar lo evidente, que el terrorismo de Estado fue un error

 

Desde Euskadi, una oleada de reacciones condenando el GAL se ha sucedido pública y mediáticamente, toca fibras sensibles. Desde los partidos políticos también, tachando de vergonzosas e inaceptables las palabras del exministro.  Significativo y necesaria la reacción del Secretario General de los socialistas vascos, Eneko Andueza, en su condena y distancia moral de los que supuso la guerra sucia contra ETA desde el Estado. Por contraste, el silencio más allá del Ebro. El Gobierno de España no hacia mención alguna, se limita a hacer suyas las palabras de sus compañeros en Euskadi y la condena del Delegado del Gobierno, Denis Itxaso. El Partido Popular, responsable de los indultos de Vera y Barrionuevo, tras pasar tres meses en prisión, tampoco se ha manifestado al respecto. Silencio.

Pocos periodistas, opinadores y tertulianos le han dedicado un solo minuto, línea o editorial para señalar lo evidente, que el terrorismo de Estado fue un error y que el Estado de derecho se defiende desde la legitimidad democrática y no con la guerra sucia. 

 

Queda pendiente la exigencia de una reflexión ética sobre la guerra sucia y todos sus responsables por parte del Estado

 

¿Por qué no se ha hecho una lectura comprometida y sincera de estos episodios?

Queda pendiente la exigencia de una reflexión ética sobre la guerra sucia y todos sus responsables por parte del Estado. El PSOE mas allá de hacer suyas las palabras del PSE debería ser valiente y posicionarse contra lo manifestado por Barrionuevo justificando las acciones del GAL.  Delegar la respuesta en los representantes en Euskadi es insuficiente.

¿Qué supuso para la democracia y para los derechos humanos? Aún no lo sabemos todo y se podría ir más allá desclasificando toda la documentación que obra en poder del Estado sobre los asesinatos, secuestros y torturas de los GAL, así como, el nombre de todos los responsables, pero la Ley de Secretos Oficiales sigue durmiendo el sueño de los justos. 

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