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Una vez más las vacunas, y en especial la de AstraZeneca han sido protagonistas de la semana. El viernes 2 de abril se notificaron 30 nuevos casos de trombosis tras la administración de la vacuna en Reino Unido y otros 5 más en Países Bajos. En total, se han observado más de 200 eventos de trombosis en los más de 34 millones de vacunados y por cierto se han registrado mayoritariamente tras la primera dosis. El Comité de farmacovigilancia de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) confirmó que la relación beneficio-riesgo sigue siendo favorable a continuar con la vacunación, aunque también observó un posible vínculo entre la vacuna y los casos infrecuentes de trombos.

Va a ser difícil superar el descrédito generado en una vacuna que sigue siendo eficaz y segura.

A partir de este momento, las decisiones políticas imperaron por encima de las evidencias científicas y del criterio de la EMA. No se pudo consensuar una decisión única en el entorno europeo, una pauta de administración para la vacuna entre los estados miembros que ayudara a dar confianza y unidad a la ciudadanía. Más bien al contrario, cada país miembro de la Unión Europea está adoptando sus propias decisiones, hasta el punto que Europa es galimatías donde confluyen países que no han puesto restricciones de edad al uso del medicamento, con otros que lo han prohibido en cualquier franja de edad. Va a ser difícil superar el descrédito generado en una vacuna que sigue siendo eficaz y segura.

Nos olvidamos con demasiada frecuencia que estamos inmersos en una pandemia. Todos los días se producen nuevos ingresos hospitalarios, infinidad de pacientes en el mundo se debaten entre vida y muerte en las UCIs y tenemos la triste noticia de registrar fallecidos por COVID19. El principio de precaución es relevante, por supuesto, pero debe estar validado por evidencias científicas, y no puede estar por encima del máximo órgano regulador de los medicamentos en Europa.

Pero analicemos algunos datos brevemente. Un mayor de 60 años tiene 70 veces más probabilidades de ingresar en la UCI por no vacunarse que de sufrir un trombo por el suero de AstraZeneca. La realidad es que la posibilidad de tener una trombosis por pasar la COVID es 1 de cada 6 si se tiene alrededor de 50-60 años. Y con la vacuna de AstraZeneca, la posibilidad es 1 de cada 200.000.

El principio de precaución es relevante, por supuesto, pero debe estar validado por evidencias científicas, y no puede estar por encima del máximo órgano regulador de los medicamentos en Europa.

Todas las evidencias científicas refuerzan el mensaje de que lo más importante es vacunar e incluso hacerlo con una sola dosis. De hecho en Reino Unido no ha habido ni un solo caso de enfermedad grave tras una única dosis de vacuna. Y ya saben el refrán, no hay mal que por bien no venga. Esta nueva coyuntura va a favorecer la vacunación de la población de más 60 años, y lo va a hacer rápidamente. Más de un 90% de las personas fallecidas tenía más de 60 años en España. Si inmunizamos a este colectivo, la mortalidad va a caer en picado. La gravedad de la enfermedad va a cambiar radicalmente y con ello nuestra percepción sobre la enfermedad. Lo fundamental es vacunar a gente mayor de 60 años y grupos de riesgo, con inmunodepresión, como en diálisis y trasplantados, que gracias a dios se va a empezar en próximas fechas. Estoy convencido de que la reducción de la mortalidad asociada a la infección se traducirá en una relajación sustancial de las restricciones, en una mayor movilidad y en una progresiva activación de la economía de cara al verano.

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