Pásate al MODO AHORRO

Tener la sensación de que las comisiones parlamentarias de investigación sirven exclusivamente como lanzallamas político, con su consiguiente impacto en titulares periodísticos, habla bastante mal de la función de dichas sesiones. Al menos, del uso poco ajustado al espíritu que emana del artículo 76 de la Constitución como herramienta parlamentaria para determinar la mala gestión política de los gobernantes. 

Y todo esto, a propósito de la reanudación de la comisión sobre el caso Kitchen, donde se investigan las presuntas responsabilidades políticas sobre la trama urdida desde el Ministerio del Interior para espiar y robar documentación que pudiera ser comprometida para el PP al extesorero popular, Luis Bárcenas. Un asunto que investiga la Audiencia Nacional donde el juez ha cerrado la instrucción contra una de las comparecientes estrella, MªDolores de Cospedal, ex -secretaria general del PP, aunque la decisión no es firme al haber sido recurrida. 

9 meses en los que han sido citadas 37 personas, y que se cerraba con la asistencia del ex Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy

 

El uso torticero de las mismas, o las mayorías parlamentarias requeridas son parte del pecado original de lo que se decide investigar y qué no

 

Las conclusiones que han trascendido no han sido ninguna sorpresa porque eran la premisa de salida de cada partido.  Los documentos de los grupos que conforman el Gobierno de coalición y sus socios establecen la responsabilidad política de los dirigentes populares que triangularon desde Génova, Ministerio del Interior y  Dirección Adjunta Operativa de la Policía Nacional la Kitchen y por tanto Rajoy y Cospedal la conocían y la validaron.  Aún así, la comisión fracasa, como tantas otras, al intentar recabar información esencial para el caso mas allá del carril judicial ya abierto.

En las más de treinta comisiones que han tenido lugar en democracia, en la gran mayoría, no se ha conseguido la finalidad que se perseguía. El uso torticero de las mismas, o las mayorías parlamentarias requeridas son parte del pecado original de lo que se decide investigar y qué no. Es creciente así, la desconfianza ciudadana en dichas comisiones que en el mejor de los casos le daría lo mismo sintonizar con el Canal Parlamento o con un Sálvame Deluxe. Aunque el auténtico macht ball es la desconexión de comparecientes y portavoces con la opinión pública.

 

Es creciente así, la desconfianza ciudadana en dichas comisiones que en el mejor de los casos le daría lo mismo sintonizar con el Canal Parlamento o con un Sálvame Deluxe

 

Jornadas y horas de muchos no lo sé, no me consta,  me acojo a mi derecho constitucional a no declarar (absolutamente legítimo), pero sobre todo,  la bronca política, una vez mas, como una extensión de los agrios debates parlamentario a los que asistimos últimamente. Cara a caras ya vividos, la retórica por ser aceite y no agua. Un partido de tenis donde a cada lado de la cancha se sitúa la trinchera política y al otro el juego mediático. Por tanto, es hora de pensar si toca introducir modificaciones al funcionamiento de dichas comisiones de investigación.

La primera, sin duda, pasaría por una catarsis colectiva de sus señorías a revisarse y a revisar sus puestas en escena y la falta de utilidad de las mismas para conocer y depurar las responsabilidades políticas para las que son conformadas las comisiones.

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