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Joseba Egibar fue elegido presidente del Gipuzko Buru Batzar en 1987, hace ya 45 años, solo dejó el puesto entre 2000 y 2004, por tanto, 41 años dirigiendo el PNV de Gipuzkoa. Además, ha tenido y tiene otras responsabilidades, como la de portavoz de su partido en el Parlamento Vasco desde 1998.

Es, por tanto, un veterano con más años de antigüedad que ninguno de los que lo acompañan o rivalizan con él en la escena política vasca. Y, del mismo modo que él tiene experiencia, los demás tenemos experiencia en él. Por ello sabemos que el PNV lo alienta para que en las ocasiones convenientes diga lo que de verdad piensan los que mandan. En esta ocasión, ha dicho que “el euskera es lo que nos hace vascos”.

Una visión muy limitada de la sociedad que, sin duda, debe de hacerles muy amarga la existencia a quienes así piensan, ya que, para la percepción de Egibar, no son vascos ni la mitad de los que viven en Euskadi. Más aún, mala opinión debe de tener de este Gobierno vasco que, tras cuarenta años de autonomía, sigue advirtiendo que los alumnos vascos acaban sus estudios sin un conocimiento suficiente del euskera. Ese pensamiento tan reduccionista de lo vasco debiera de mirárselo, aunque sólo fuera para no sufrir con las depresivas consecuencias de un cribado tan severo que deja al país tan escuálido de vascos.

La realidad que los nacionalistas como Egibar no desean aceptar es que el País Vasco es un territorio diverso.

Ese afán de reducir la extensión de la identidad a determinados elementos significativos de un colectivo resulta muy empobrecedor. Es semejante a quienes creen que no se puede ser español sin ser católico o sin afición por los toros y el flamenco. Pensar de ese modo tiene que ser doloroso, desalentador, decepcionante. No veo yo que sea un discurso para enardecer a las masas, que en su mayoría se han de sentir excluidas de un sentimiento tan natural como el de sentirse vasco en Euskadi.

La realidad que los nacionalistas como Egibar no desean aceptar es que el País Vasco es un territorio diverso. No de ahora, de siempre, que el euskera es un idioma singular, pero no único ni mayoritario de los vascos, que hablan el español desde que nació ese idioma y se expresan con él hábilmente, como demuestra Egibar cada vez que lo usa.

Además de esta descalificación generalizada de vascos, Egibar ha dicho también que “hay que fortalecer la identidad de nuestro pueblo”. Cosa que me parece muy bien si escogemos aquellos elementos característicos de los vascos que nos han dado prestigio y éxitos económicos y sociales. Sin embargo, la evolución que sigue Euskadi en las últimas décadas, las que el partido de Egibar lleva gobernando, en elementos que han sido un motivo de orgullo para los vascos, no queda muy bien parada.

Son 17.000 vascos diarios los que se ausentan de sus puestos de trabajo, una cifra que va muy en contra de esa identidad propia que sí que se debiera de recuperar, la de la laboriosidad de los vascos

Los datos sobre absentismo laboral colocan a la vasca como la primera comunidad autónoma en ausencias laborales. Con una tasa de absentismo del 7% estamos a la cabeza de España, que tiene una media del 5’5%. Son 17.000 vascos diarios los que se ausentan de sus puestos de trabajo, una cifra que va muy en contra de esa identidad propia que sí que se debiera de recuperar, la de la laboriosidad de los vascos. El Gobierno vasco no puede quedarse al margen de esta situación que habría de revertir si queremos recuperar el espacio perdido en los últimos años. Supongo que este tema es menos electoralista que otros sobre los que sí que se da doctrina.

En una línea semejante, también sorprende la conflictividad laboral vasca. En 2021, hubo en España 487 huelgas, 178 fueron en Euskadi, lo que representa el 37% del total de
huelgas habidas en España. Eso teniendo en cuenta que los trabajadores vascos cuentan con los mejores salarios y las mejores condiciones laborales del país. Y no creo que sea por hacer tantas huelgas, sino porque aún mantenemos un alto grado de productividad y compromiso con el trabajo que ojalá no se pierda en este marasmo de conflictividad.

Hay, por tanto, motivos para apelar a la recuperación de nuestras señas de identidad, pero no para excluir a los vascos, dificultar su acceso a la formación o a la actividad laboral por razones de idioma

El diagnóstico económico y social de Zedarriak, presentado recientemente, advierte de muchas de las variables que sitúan a Euskadi en una posición de debilidad frente a otras
economías de nuestro entorno, precisamente en áreas en las que éramos líderes. Así, señala que “el crecimiento económico medio anual durante los últimos 45 años de la economía vasca ha sido del 1,82%, el cual ha estado por debajo del conjunto de la economía española y también del resto de CCAA de referencia.” A este respecto, indica que la media nacional en este concepto ha sido del 2’39%, siendo la de Madrid el 2’74% y la de Navarra el 2’63%.

Hay, por tanto, motivos para apelar a la recuperación de nuestras señas de identidad, pero no para excluir a los vascos, dificultar su acceso a la formación o a la actividad laboral por razones de idioma, sino para recuperar el pulso de nuestra actividad económica, sobre la que parece que quienes gobiernan Euskadi desde hace tanto tiempo no tuvieran ninguna responsabilidad.

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