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Fui la niña de verde y falda príncipe de Gales, fui la niña del colegio de monjas, de misa, miércoles de ceniza, Navidad y Semana Santa. Fui la niña con flores a María, de Bautismo, Penitencia y de Primera Comunión. Crecí con otras niñas como yo y descubrí que el mundo era otro al tener que elegir ropa distinta todos lo días, abandonando la uniformidad de la vestimenta y de mi día día al finalizar mi formación. Por eso, resulta poco sospecho mi escrutinio sobre las inmensas fallas de una Iglesia que me educó a su imagen y semejanza y que me ha decepcionado haciendo precisamente lo que nos dijeron que era pecado, que no se podía hacer.

El Papa ha anunciado que reabrirá la investigación religiosa del conocido como “caso Gaztelueta” tras enviar una carta de su puño y letra a la familia, después de haber escuchado a la víctima y tener conocimiento, de primera mano, de su testimonio y pruebas aportadas. Un camino realmente largo que empezó allá por 2015 con el cerrojazo y la absolución del profesor acusado de abusos por un alumno en la causa abierta contra él por la Congregación de la Fe.

Un proceso lleno de irregularidades capitaneado por el conocido como el espía de Dios, Silverio Nieto. Un conocido fontanero de las cloacas eclesiásticas, sacerdote y amigo personal del exministro de Interior, Jorge Fernández Díaz y vinculado a la operación Kitchen. Sin posibilidad de defensa según la familia, con manipulación de pruebas, obviando el octavo mandamiento:  no darás falso testimonio ni mentirás. Pecado.

La vía por la justicia ordinaria, sin embargo, acabó con una condena por la Audiencia Provincial de Bizkaia en 2018 de once años de prisión, posteriormente rebajada a dos años por el Tribunal Supremo en 2020.

Reabrir la vía canónica ha supuesto para la familia la posibilidad de obtener una reparación y reconocimiento de la víctima. ¡Qué menos se puede exigir a una institución en la que se deposita una doble confianza! Por un lado, la educación formativa y por otro, la guía moral para el desarrollo de los hijos. Por ello mismo, la traición es doble, de quien dice ampararse y ampararte en el Evangelio y acaba por demostrar que lo más importante es no manchar la inmaculada Institución.

Valgan mentiras, manipulaciones y silencios cómplices porque en definitiva hablamos de poder. Si todo esto no funciona, se llega a negar la propia condición de víctima, a deslegitimarla, desprestigiarla y hundirla en la soledad culpable. Un hoyo, en el que gracias a la denuncia privada y pública del entonces menor y de tantos otros en otros casos, ha conseguido señalar a los auténticos sepulcros blanqueados de esta larga lucha por la verdad, la reparación y la justicia. La Biblia lo dice: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. (Mateo 23: 27-28)".

Me congratula que contra viento y marea esta familia pueda tener el reconocimiento y la reparación que se le negó, pero no dejo de preguntarme en cuántos casos esto no ha sido así

El Opus Dei, al que pertenece el colegio Gaztelueta, ha salido al paso del anuncio del Papa sobre la reactivación de la vía eclesiástica, emitiendo una nota en un intento por desvincularse completamente del proceso. No ha desaprovechado la ocasión para intentar sembrar dudas sobre la credibilidad de la víctima nuevamente, recordando la rebaja de pena que dictaminó el Tribunal Supremo por no considerar probados los hechos mas graves denunciados por el menor. También hacen constar la absolución de su profesor en el proceso abierto por la Congregación de la Fe. Cabe recordar que durante el largo recorrido judicial, la Obra amparó al acusado en un piso de Pamplona, mientras la víctima, entonces y ahora, vuelve a ser revictimizada y dejada sola.

A pesar de su condena firme por abusos en el Supremo, el exmaestro de religión ha reivindicado su inocencia con motivo de la reapertura de la vía canónica.

Cierto es que no podemos echar el mismo peso de la responsabilidad de los sucedido sobre espaldas comunes. Cierto es que algo se ha movido en la Iglesia desde la llegada del Papa Francisco, pero puede que a muchos les llegue tarde.

Supongo que nadie pensará que comunicarse con Bergoglio consiste en tener su número de teléfono en la agenda y llamarle. Supongo que con los hechos relatados podemos ser conscientes de las enormes dificultades y de lo extraordianario que es conseguir abrir de nuevo el caso que básicamente se ha fundamentado en dos cosas que han confluido: la primera, tener los recursos en el amplio sentido de esta palabra y segundo, la voluntad personal del Pontífice para que así sea. Me congratula que contra viento y marea esta familia pueda tener el reconocimiento y la reparación que se le negó, pero no dejo de preguntarme en cuántos casos esto no ha sido así.

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