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Esta semana acabamos en España con una incidencia que roza los 900 casos por 100.000 habitantes, con más de 34.000 nuevos infectados y más de 500 fallecidos solo en las últimas 24 horas. A día de hoy, uno de cada cinco hospitalizados en España tiene covid-19, lo cual está provocando una enorme tensión en el sistema sanitario, desplazando la asistencia de pacientes con otras enfermedades y retrasando la atención de otros muchos más. Aún y cuando los expertos dicen que tocamos techo de la tercera ola del virus, los datos y consecuencias presentes y futuras son terribles. No hay que olvidar que atendiendo a la letalidad del virus, 10 de cada 1000 infectados fallecerán con covid-19.

Hemos vivido una semana en la que la presencia de la variante inglesa B.1.1.7 en nuestro entorno se ha intensificado. Sanidad calcula que entre el 5 y el 8% de los casos existentes son de esta variante, y espera pueda ser la predominante para finales de febrero o inicios de marzo. Un informe británico sugiere que la variante inglesa podría estar asociada con una mayor mortalidad debido a su gran capacidad de contagio. Además, según una encuesta esta variante provocaría más tos, dolor de garganta, fatiga y dolor muscular que la variante clásica, mientras que la pérdida de olfato perdería relevancia como síntoma. Afortunadamente, según parece los sueros de pacientes que recibieron la vacuna Pfizer, neutralizan las variantes inglesa y sudafricana de una forma similar al coronavirus predominante.

Esta semana ha sido noticia la imposición en algunos países europeos de las mascarillas más filtrantes de forma obligatoria en espacios cerrados donde se produzcan confinamientos. Mascarillas. ¿Es necesario priorizar el uso exclusivo de mascarillas FPP2 (N95/KN95) o quirúrgicas en espacios cerrados como oficinas, supermercados, colegios, universidades, locales de ocio?¿Será una buena estrategia para frenar las nuevas variantes?¿Deberá en tal caso abaratarse su precio para poder extender su uso? Siguiendo con Alemania, hemos sabido recientemente que no autorizará el uso de la vacuna de AstraZeneca en la población de más de 65 años, por falta de datos y de evidencias sólidas en este grupo de edad.

Los últimos siete días han supuesto un soplo de aire fresco en lo que se refiere a nuevos tratamientos frente al coronavirus y la covid-19. Un ensayo clínico en más de 4000 pacientes sugiere que la colchicina, un fármaco barato y accesible empleado para la gota y ahora para enfermedades autoinmunes, reduce el riesgo de hospitalización y/o muerte en pacientes covid-19 no hospitalizados. A falta de validar estos resultados con nuevos ensayos clínicos, la colchicina podría sumarse a la lista de fármacos eficaces frente a la enfermedad y que incluye a la dexametasona, tocilizumab y sarilumab (inhibidores de IL-6) y los anticuerpos monoclonales bamlanivimab y etesevimab (anticuerpos monoclonales).

Por cierto, a título de anécdota informativa, un estudio analítico reciente sugiere que en las redes sociales de muchos países europeos, en especial Twitter, detectaron una preocupación creciente por una neumonía "atípica" semanas antes de iniciarse la pandemia oficialmente. ¿Sería bueno promover en el futuro un sistema de alerta digital ante pandemias y/o otros problemas emergentes?

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