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Un año más, fiel a su cita con todos sus inversores, Larry Fink, el CEO de Black Rock, la mayor gestora de fondos de inversión del planeta que mueve unos activos de más de 7 billones de dólares, ha remitido su carta anual en la que pretende centrar el foco en los temas cruciales para que las empresas obtengan una rentabilidad duradera y a largo plazo, y cuando habla de rentabilidad se está refiriendo a la económica. Esta carta es analizada con cuidado por todos los expertos financieros ya que suele adelantar las tendencias del mercado y ayuda a las principales compañías mundiales y al resto de empresas a conocer como se va a mover el capital y poder tener acceso así a más inversiones. Para todo ellos, hay una primera buena noticia, según el señor Fink, que de esto sabe un poco, nunca ha habido tanto dinero disponible para hacer realidad ideas nuevas y ha aumentado la facilidad de acceso al capital de las empresas jóvenes e innovadoras. Eso sí, deja claro que las nuevas fuentes de capital lo que intentan favorecer son las soluciones disruptivas que ayudan a afrontar el cambio de ciclo y de economía para liderar la transición ecológica y energética.

 

Nunca ha habido tanto dinero disponible para hacer realidad ideas nuevas y ha aumentado la facilidad de acceso al capital de las empresas jóvenes e innovadoras

 

Y es que un año más, y van cuatro seguidos, la carta anual de Black Rock pone el foco en la sostenibilidad como eje esencial sobre el que tienen que girar las compañías para construir un futuro a largo plazo, “la mayoría de los grupos de interés (incluidos los inversores) esperan que las compañías contribuyan a la descarbonización de la economía global”. Fink señala que la manera de abordar la transición energética en los próximos años es un elemento clave para la asignación de capitales de sus inversores. Y esto lo dice dos años después de que en esta misma misiva señalara que el riesgo climático es un riesgo de inversión. Ya lo hemos dicho muchas veces en esta sección, pero cada vez es más evidente que las empresas serán sostenibles o simplemente dejarán de existir. De hecho, el volumen de inversiones sostenible asciende exponencialmente cada año superando ya los 4 billones de euros y como dice Larry Fink, “sólo acaba de empezar”.

La evidencia de este cambio en el rumbo de las grandes inversiones que se lleva produciendo en los últimos años a nivel global ha movido a grandes compañías a modificar su estrategia, algunas de una manera más profunda y otras sin acabar de apostar del todo, pero reverdeciendo sus acciones. En Euskadi y en España tenemos ejemplos de las dos, no hay más que ver las declaraciones de sus máximos dirigentes que mezclan la apuesta decidida por la transición energética con algunas tecnologías disruptiva con la defensa de la convivencia de los combustibles fósiles, que siguen siendo su negocio, poniendo como ejemplo la estrategia de países tan contaminantes como China e India. A estas empresas yo les recordaría amablemente esta frase de la carta de Black Rock, “cada empresa y cada sector se transformará en el marco de la transición hacia un modelo neutro en carbono, ¿llevarás el timón o dejarás que lo hagan otros?” 

 

Fink señala que la manera de abordar la transición energética en los próximos años es un elemento clave para la asignación de capitales de sus inversores

 

Larry Fink está convencido, desde su visión como CEO de la mayor gestora de fondos de inversión mundial, que la actual descarbonización de la economía supone la mayor oportunidad de inversión de nuestros días y avisa de que no sólo las empresas pueden quedar rezagadas, sino también las ciudades y los países. ¿Queremos nosotros ser de esas ciudades o de esos territorios rezagados? ¿Hacemos las políticas necesarias para liderar este cambio? Son unas preguntas a las que no son fácil encontrar una respuesta clara, pero en las que todos deberíamos trabajar para que Euskadi no pierda este tren que ya está circulando. Noticias como las pruebas del primer tren que funcionarán con hidrógeno construido por Talgo en Álava son una buena señal y muestran el camino a seguir.

Quizás también deberíamos preguntarnos si contamos en la actualidad o tenemos posibilidad de desarrollar en Euskadi alguno de los próximos 1.000 unicornios (empresas emergentes que han conseguido alcanzar una valoración de 1.000 millones de dólares) que Larry Fink apunta que serán start ups innovadoras y sostenibles que ayuden a la descarbonización. Aunque tenemos iniciativas empresariales muy interesantes enfocadas y centradas en soluciones para una economía baja en carbono, creo que a la industria vasca en general le falta dar una vuelta de tuerca más a esa transición verde. Fink pone de ejemplo en su carta como sector que está viviendo una reconversión importante en este sentido al del automóvil, precisamente un ámbito con mucho peso específico en nuestra economía y su buque insignia, la factoría de Mercedes Benz en Vitoria-Gasteiz, es una muestra de este cambio de 180 grados en su estrategia. Pero el resto de los sectores también tienen que acelerar su transición ecológica y son los gobiernos los que deben marcar la hoja de ruta con una taxonomía coherente que premie y acelere este cambio.

 

Les recordaría amablemente esta frase de la carta de Black Rock: Cada empresa y cada sector se transformará en el marco de la transición hacia un modelo neutro en carbono, ¿llevarás el timón o dejarás que lo hagan otros?

 

No podemos olvidar que esta nueva carta de Black Rock coincide en el tiempo con un informe de la Universidad de Estocolmo que alerta de que ya hemos sobrepasado 5 de los 9 límites del planeta, el último el de los vertidos químicos. No hay tiempo que perder y no nos podemos poner de perfil, ni como empresas, ni como ciudades, ni como territorios, ni como ciudadanos. Sabemos que el reto es complicado, que lo rápido es buscar soluciones fáciles que alarguen el uso de combustibles fósiles, pero también sabemos que eso destruirá nuestro hábitat y quizás algún día sea ya tarde para dar marcha atrás. Seamos disruptivos como sociedad para no quedar rezagados y no dejar que sean otros los que llevan el timón.

 

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