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Han pasado poco más de 4 meses desde que se iniciara el proceso de vacunación masivo en España. Un 27 de diciembre del 2020, se procedió a administrar, de forma más bien simbólica, las primeras dosis ante una gran expectativa y atención mediática, dando lugar a los primeros rayos de esperanza entre la ciudadanía. El camino desde entonces no ha sido fácil. Como si se tratara de un guion cinematográfico, ha ocurrido prácticamente de todo: escasez de dosis, problemas de gestión, pautas diferenciales y asimétricas de administración, dudas, efectos adversos, problemas de negociación, etc. Pero también ha habido un común denominador, una enorme voluntad de recibir la o las inyecciones por parte de la sociedad (al menos en nuestro entorno) y un convencimiento casi rotundo de que las vacunas son seguras y altísimamente efectivas.

Creo que debemos ponerlo en contexto y entender la relevancia histórica del hito. Con más de 1000 millones de dosis administradas en el mundo, se puede afirmar que las vacunas son eficaces, incluso frente a la infección asintomática, y también frente a la que se conoce como COVID19 larga o persistente. Todas las vacunas autorizadas, tanto las cuatro aprobadas en territorio europeo, como las de procedencia china y rusa son muy eficaces frente a la enfermedad grave que puede originar el coronavirus, independientemente de la variante de virus de la que se trate. Es ya de sobre conocido que las variantes pueden llegar a ser más trasmisibles e incluso parcialmente resistentes a las vacunas, pues bien, a pesar de ello, las vacunas consiguen reducir de una manera drástica el riesgo de enfermar y necesitar hospitalización. Basta unos pocos ejemplos para ilustrarlo. Las vacunas Sinovac y AstraZeneca están impactando positivamente en la reducción del número de fallecidos en Brasil, un país afectado por la variante P.1. Por su parte, la vacuna Pfizer ha demostrado una eficacia del 90% frente a la variante inglesa (la que nos afecta de forma mayoritaria), del 75% frente a variante sudafricana (B.1.351) y del 97,4% frente a la enfermedad grave de ambas variantes: 97,4%. Un hito sin precedentes.

 

Debemos alzar la mirada del contexto cercano y nacional, para lograr una mejor óptica global. Esta es una emergencia sanitaria de la humanidad, y solo podrá ser controlada del todo si se somete a la humanidad a la mayor gesta de vacunación de la historia

 

La vacunación en España va cogiendo velocidad de crucero y debemos congratularnos por ello. Las comunidades ya han administrado más de 18 millones de dosis de las vacunas de Pfizer, Moderna, AstraZeneca/Oxford y Janssen, y ayer se batió un nuevo récord de vacunación diaria, con de 573.014 inyecciones aplicadas desde el miércoles. Un total de 5,7 millones ya tienen la pauta completa, un 12 % de la población. Además, uno de los primeros retos a los que aludía semanas atrás, la vacunación y protección de los mayores de 60, en los que se concentra el 95% de los fallecidos por COVID19 en nuestro país, es ya casi una realidad.

Pero todavía quedan muchos desafíos para acabar dar por concluida a la pandemia. Debemos alzar la mirada del contexto cercano y nacional, para lograr una mejor óptica global. Esta es una emergencia sanitaria de la humanidad, y solo podrá ser controlada del todo si se somete a la humanidad a la mayor gesta de vacunación de la historia. Un reto que debe iniciarse flexibilizando la producción, suministro y acceso de las vacunas en los territorios menos pudientes o en vías de desarrollo. Al archiconocido programa COVAX, se le suma la intención de muchos países de flexibilizar o incluso promover la exención de la protección de la propiedad intelectual en las vacunas COVID19. El apoyo de Estados Unidos a esta opción abre la discusión mundial, en un camino que no será fácil.

No obstante, como decía la administración americana: “Las circunstancias extraordinarias de la pandemia exigen medidas extraordinarias”.

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