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Los partidos políticos ya no tienen el privilegio de la acción política, pero siguen siendo los máximos responsables de dar respuesta a los problemas de la ciudadanía a través del impulso de políticas públicas.

En un contexto de estallido de la emocionalidad, del descrédito de la política formal, de debilidad de las formas tradicionales de comunicación y de eclosión de las redes sociales, las instituciones asisten con preocupación a la evidencia de que ya no tienen el control absoluto de la agenda pública. Los movimientos sociales, los colectivos minoritarios, incluso las empresas, que se han dado cuenta que tienen que ser parte de la respuesta a los retos sociales y económicos que enfrenta la sociedad, parecen tener mayor capacidad de conexión con la ciudadanía, a través de la puesta en escena de estrategias novedosas, imaginativas y disruptivas que consiguen obtener mayor protagonismo en la agenda pública.

 

Los partidos políticos ya no tienen el privilegio de la acción política, pero siguen siendo los máximos responsables de dar respuesta a los problemas de la ciudadanía a través del impulso de políticas públicas

 

Los líderes políticos, ante esta evidencia y para facilitar la cercanía con la ciudadanía, han optado por el camino más sencillo o por el signo que marcan los tiempos: la simplificación de los mensajes que les facilita la comunicación y que contribuye a que las ideas se esgriman en términos más básicos y directos.

Los medios de comunicación, por su parte, más centrados en las estrategias políticas de los partidos que en debatir y reflexionar sobre los problemas que afrontamos las sociedades actuales, se hacen eco de estas nuevas formas de comunicación política, promoviendo un debate público orillado por un marco de tiempo en el que caben pocos temas y donde la complejidad de las políticas públicas tiene poco espacio en las tertulias y en los espacios de opinión.

 

Es el momento de que las políticas públicas ganen espacio en los debates parlamentarios (estatales y autonómicos) y en los medios de comunicación

 

Pero, hay un hecho cierto, que las políticas públicas no tengan un espacio protagonista en la conversación pública, no quiere decir que no se hagan. Esta semana, el que el Gobierno vasco ha presentado la Estrategia Vasca de Empleo 2030 con la que se deberá dar respuesta a la realidad del trabajo del siglo XXI: la desigualdad en el mercado laboral de las mujeres, las dificultades de acceso al empleo de la población joven, la profesionalización del mundo de los cuidados, y el abordaje de las nuevas modalidades de empleo que produce la automatización, las plataformas digitales, o la economía verde, entre otros.

Se trata de una estrategia que contemplará muchas medidas que nos afectarán a todos, a quiénes participan del mercado laboral y a los que se quedarán fuera, a los empleos actuales y a los que están por venir. Por lo tanto, es el momento de que las políticas públicas ganen espacio en los debates parlamentarios (estatales y autonómicos) y en los medios de comunicación. No se trata solo de mejorar la calidad del debate público, si no también, de tener una ciudadanía informada que sea consciente de que la política que emana de las instituciones tiene una enorme capacidad transformadora. Para eso hay que pasar de la política de la confrontación a la política de la deliberación, parece difícil, pero no lo es, solo hay que hacer que las cosas pasen.

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