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Estamos viviendo una mala semana en lo que a la pandemia se refiere. Los datos de incidencia acumulada están en alza, y ya se han superado en Euskadi, los 1000 nuevos infectados diarios, algo que nos recuerda a situaciones vividas en el pasado. La teoría y la experiencia adquirida hasta el momento dictan que es más que previsible, que el continuo ascenso de los infectados de lugar a nuevas hospitalizaciones ya que la pauta de vacunación con dos dosis sigue siendo incompleta para los grupos más vulnerables. Desde hace semanas, vengo haciendo hincapié en la relevancia de proteger inmunológicamente a los colectivos más sensible y de más riesgo ante la covid-19. Las personas de más de 60 años y todas aquellas que tengan comorbilidades relevantes, esto es, grupos de riesgo ante el virus y la enfermedad, como son los inmunodeprimidos, pacientes en diálisis o trasplantados.

Llegado el caso me pregunto como es posible que la incidencia en Euskadi sea de más de 430 y el R0 en 1,18, mientras otras Comunidades Autónomas como Galicia o la Comunidad Valenciana estén por debajo de 100. ¿Qué factores, porque entiendo que serán varios, generan un comportamiento epidemiológico tan discrepante?¿Por qué Euskadi no ha conseguido bajar de 200 casos de incidencia media tras la tercera oleada? Evidentemente será necesario reflexionar y analizar esta situación, ya que una vez más se repite el mismo patrón de ascenso tras un periodo vacacional, y una vez más, iniciamos una nueva oleada peor que Comunidades vecinas.

 

Nos encontramos inmersos en semanas de incertidumbre, con indicadores ascendentes en términos epidemiológicos y un ritmo insuficientes de vacunación. Justo al contrario de lo que deberíamos esperar a estas alturas de la pandemia

 

Otro gran foco de la semana son las vacunas y los efectos adversos asociados a AstraZeneca y potencialmente a la vacuna de Johnson & Johnson. En efecto, los efectos adversos detectados, trombosis de senos venosos cerebrales, en abdomen y trombosis arterial, representan un tipo de trombosis que de no abordarse con tiempo, puede complicarse gravemente. No obstante, la concepción e interpretación de la coyuntura que vivimos, y de la relación beneficio-riesgo en términos de vacunación, sigue siendo ampliamente favorable a la administración de los medicamentos. Es curioso como las agencias evaluadoras de los medicamentos (comités de farmacovigilancia) perciben la relación beneficio-riesgo de forma desigual. Por ejemplo, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) es favorable a la vacunación con AstraZeneca independientemente de la edad del paciente, tras registrarse 222 trombos tras más de 35 millones de dosis administradas. La FDA (agencia americana) ha sugerido la suspensión de la vacuna de Johnson & Johnson tras 6 casos en casi 7 millones de vacunados. Esto es, ha resuelto una decisión más restrictiva con una menor probabilidad de evento adverso. Agencias como la de Reino Unido y Australia han limitado la vacuna anglosueca por debajo de 30 y 50 años respectivamente. ¿A qué se deben tantas discrepancias?¿Por qué no se interpreta la relación beneficio-riesgo de una forma más uniforme? Algunos expertos sugieren que la pausa sugerida por la FDA no solo busca analizar causalidad, si no también entender los signos y síntomas de los efectos adversos de cara a poder prevenirlos en el futuro.

En resumen, nos encontramos inmersos en semanas de incertidumbre, con indicadores ascendentes en términos epidemiológicos y un ritmo insuficientes de vacunación. Justo al contrario de lo que deberíamos esperar a estas alturas de la pandemia. Espero que las semanas venideras cambien radicalmente el panorama actual.

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